Dafne Cataluña, psicóloga: «Los jóvenes, desde los 18 a los 24 años, son los más vulnerables a padecer ansiedad y depresión por el covid»

La fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva maneja los primeros datos de cómo nos ha afectado la pandemia y alerta de que estas enfermedades han aumentado exponencialmente


Redacción / La Voz

Dafne Cataluña es la fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva y por su consulta pasan a diario pacientes que están padeciendo ansiedad o depresión. Cuando la crisis del covid ya dura tantos meses, maneja datos, tanto por su experiencia de campo como por los estudios que se han publicado desde la Universidad Complutense que alertan de que estas enfermedades han aumentado exponencialmente. Para ayudar a quienes están sintiendo fatiga, aislamiento o tristeza, la experta da algunos consejos. 

-¿Como sociedad somos ahora más débiles? Todo el mundo dice que al no haber pasado una guerra somos flojos. ¿Lo que cree así?

-El ser humano en general tiene cierta capacidad de ser resiliente ante las situaciones complejas, independientemente de lo que haya vivido. Y es en estos casos cuando sacamos los mayores aprendizajes, entonces, es también una oportunidad para sacar nuestra mejor versión, y sobre todo para madurar en muchos aspectos. Reflexionar sobre lo que consideramos esencial en nuestra vida. Así que hayamos vivido o no situaciones difíciles, esta va a ser una de las que nos va a permitir retarnos. La experiencia en la vida, es verdad, te aporta una mayor perspectiva.

 -¿Hay estudios concluyentes que reflejen cómo nos ha impactado el covid?

-Sí, sí. De hecho, la pandemia ha hecho que se incremente la ansiedad sobre todo y la depresión en población normal y también en la población sanitaria. En esta, mucho más.

-¿A qué es debido?

-A que están en primera línea: ven y sienten situaciones extremas para la propia vida y la vida de los demás. Eso hace que tengamos momentos muy críticos, con muchas sensaciones de incertidumbre y descontrol que precipitan la ansiedad. De hecho, hay mucho más insomnio en el personal sanitario, tienen mucha dificultad para dormir. Con todo lo que eso conlleva: cuando uno duerme mal eso afecta al estado de ánimo, estamos más negativos, irascibles, menos concentrados y entramos en un círculo vicioso de pesimismo, negatividad y cansancio que hace que nos vayamos peor a la cama.

-¿Qué pautas hay para controlar esa ansiedad desde el punto de vista psicológico?

-Son cosas muy básicas, te doy tres consejos. Lo primero es es identificarla, porque parte de lo que ocurre es que muchas veces no sabemos que es ansiedad y lo achacamos a otra cosa, como cansancio o fatiga. Entonces no le ponemos remedio. Lo primero es preguntarle a un profesional. Después, una vez que está identificado, podemos seguir varias pautas. Una fundamental es mantener las rutinas prepandemia.

 -¿Volver a los tiempos antes del covid?

-Sí, con la pandemia hemos cambiado nuestro estilo de vida. Y hemos olvidado o dejado atrás rutinas que nos hacían sentirnos bien. Por ejemplo, hacer ejercicio. Pues hay que retomar esos hábitos: ir al gimnasio, si íbamos; hacer un deporte colectivo, si lo hacíamos; intentar encontrar una forma creativa de seguir vinculados a esos hábitos que nos incrementaban la vitalidad.

-Pero habrá gente que no pueda, que tenga miedo, o que esté confinada.

-Sí, por eso hablo de creatividad. Si el ejercicio nos sienta bien, generemos espacios para tenerlo en casa en nuestro día a día. No lo desechemos. No prioricemos otras cosas porque hayan cambiado las circunstancias. Hablo del ejercicio, como de la alimentación o los horarios. Con el teletrabajo hemos roto el fin de semana, y es fundamental. La otra pauta tiene que ver con el apoyo social, con la vinculación. Una de las cosas que observo en los pacientes es que necesitan sentirse apoyados por personas significativas. No hay que aislarse, mejor por videoconferencia, si estamos confinados, porque aporta un plus de emoción. Y si podemos mantener relaciones en contacto presencial, mucho mejor. La experiencia cambia.

 -Hay personas que han perdido a familiares. Y ni siquiera los duelos se pueden hacer de manera acompañada. Eso también lleva a un doble aislamiento.

-Por eso decimos que hay buscar alternativas, personas que sean significativas, una o dos personas del círculo para apoyarnos. Si no podemos con todos los familiares, o los amigos, podremos con uno o dos. El efecto es muy similar, lo que buscamos es hablar y compartir ese dolor. Si lo compartimos se hace menos intenso.

-¿Cómo les ha afectado a los jóvenes? ¿Hay algún dato? Los hemos demonizado haciéndoles ver que tienen la culpa de los contagios.

-Como generación aún no sabremos cómo les afectará, pero es muy interesante ver esos estudios longitudinales donde de aquí a diez o quince años veremos esa relación. Pero de lo que hay datos de estudios de la Universidad Complutense es que los jóvenes de 18 a 24 años se han visto afectados psicológicamente más que los mayores de 50 años. Cuanto más jóvenes en la edad adulta somos más nos afecta si lo medimos desde la ansiedad y la depresión de la pandemia. Por eso hay que estar atentos a las personas más jóvenes, porque ellas no han tenido esas habilidades psicológicas tan desarrolladas para gestionar. Sin embargo, en los niños más pequeños la adaptación ha sido más sencilla de lo que se esperaba. En los adolescentes todavía no hay datos.

-Eso tiene sentido: en la medida que avanzamos en nuestra edad tenemos otras estrategias.

-Sí, y disminuye la intensidad emocional con la que vivimos las cosas. A medida que nos hacemos mayores la alegría y la tristeza la vivimos de manera más neutral, no nos vamos a los extremos. Mientras que un niño si tiene un juguete, por ejemplo, que le encanta muestra muchísimo entusiasmo. Eso es difícil verlo en una persona mayor.

 -¿El bajón de entusiasmo tiene algo de positivo?

-Todo tiene doble lectura. Por una parte, nos permite vivir las cosas con menor intensidad, que tiene un desgaste energético muy grande. Por eso los adolescentes lo pasan tan mal, y por otra te pierdes la intensidad de vivir las cosas buenas.

 -¿Qué es lo que más le ha sorprendido de cómo hemos reaccionado al covid?

-Me han alertado dos cosas. Una en positivo: ha sacado lo mejor de nosotros y nos ha permitido evolucionar como sociedad, en lo que tiene que ver con el consumo, los vínculos personales, priorizar la familia y la salud, aspectos que antes en nuestro tiempo no le dedicábamos tanto espacio. Y luego, nos alerta a los profesionales que las cifras nos indican que la ansiedad y la depresión están mucho más presentes de lo que nos imaginábamos. Al principio fue la ansiedad y ahora está siendo la depresión. Tenemos que prepararnos para la que viene. Los datos para el 2020 van a ser mucho más elevados de lo que alertaba la OMS. Van a hacer falta muchos recursos, por parte de diferentes contextos, para dar soporte a las personas que estén en esa situación.

-¿Cómo distinguimos la depresión? ¿Cuál es el síntoma más significativo?

-Hay una reacción de estrés agudo en el momento que puede durar unos días o una semana. Pero en el momento en que estamos más de un mes sintiendo esas consecuencias: la tristeza, la falta de energía, de pocas ganas de hacer las cosas, falta de concentración, que cuesta dormir, o duermo demasiado, entonces, ya se requiere una evaluación.

 -¿Es posible estar deprimido y mostrarse alegre por fuera?

-Sí, una cosa es cómo te sientes internamente y otra tu comportamiento, tus conductas con respecto al mundo. Y a veces hay una incoherencia, entre lo que estoy pensando y sintiendo, que puede ser más pesimista, y las conductas que ofrezco a mi entorno para que no lo noten. Ahí además hay mucho más gasto energético, ese esfuerzo es tremendo. Lo observo mucho en padres y madres de familia, que cuidan de los hijos y no quieren que se les note. Otras veces la depresión es imposible enmascararla.

 -Cuando hay ese esfuerzo, ¿tardamos más en curarnos?

-La dificultad ahí está en que aguantamos mucho tiempo. Y cuanto más lo dejamos, es como si abandonamos una lesión de la pierna. Si la dejas más tiempo, peor va a ser la lesión. A nivel físico lo vemos rápido, si nos pasa, por ejemplo, en una rodilla. Sin embargo, a nivel mental lo dejamos incluso años. Y el cuadro, claro, se agrava y es más difícil intervenir sobre él. Pero eso no quiere decir que no sea efectivo.

 -La gente tiene miedo a la palabra depresión, pero cuanto antes se identifique es mejor.

-Por supuesto. En cuanto alguien note que está bajo de energía y que eso le interfiere en su día a día, o que no le apetece relacionarse con los demás, es motivo suficiente para pedir ayuda.

 -¿Cómo podemos ver esos síntomas en adolescentes? ¿Cómo podemos ayudarlos?

-Cuando observemos que el funcionamiento cotidiano ha cambiado, o su ámbito académico (relación con los amigos, familiares…) es cuando deberíamos recomendar que acudiesen al psicólogo. Una de las herramientas más poderosas que tienen los padres y las madres es la comunicación empática. Sentarse con todo el tiempo del mundo a hablar con ellos es fundamental, no con el objetivo de educarlos o de conseguir que actúen de una determinada forma, sino con el objetivo de promover que se sientan comprendidos. Eso facilitará que se abran, confíen y cuenten cómo se sienten.

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