«Queridos vecinos, dejen de tocarme las narices»

Casi da para un género literario. Son los carteles que cuelgan algunos vecinos para llamar la atención a los compañeros de edificio. Ruidos sexuales, falta de limpieza, robos.... Hay quejas por casi todo


Ay, qué sería de nosotros sin nuestros adorables vecinos. Es cierto que no los hemos elegido. Nos han tocado en suerte o desgracia. Pero son como son. Y hay que quererlos así. O, al menos, intentar no odiarlos mucho y disimular en el descansillo o en el ascensor. Cierto que algunos nos lo ponen muy difícil para no decirles cuatro cosas cada vez que nos cruzamos con ellos. Pero es mejor callarse. Para las reprimendas ya están los mensajes de toda la vida en la pared o el espejo del elevador. Siempre es mejor un cartel que decir las cosas a la cara y montar un pifostio que ni en La que se avecina. Pero, ojo, que para poder dejar notas también hay que tener arte y descaro. Y qué decir de los que las responden.

Pero vamos al lío. No sé muy bien por qué. Pero si hay algo que molesta especialmente al vecindario son los ruidos sexuales. Yo creo que es que hay mucha hambre por el mundo y es más fácil tratar de prohibir al de al lado que buscarte algo que llevarte a la boca. Y no soy el único que lo piensa, si no miren este intercambio de mensajes en este edificio.

«A la vecina agraciada sexualmente se le solicita, por favor, disminuir su actividad nocturna o realizarla de una forma menos ruidosa durante los días de semana. Así, de esa forma, algunos que debemos madrugar podemos descansar». Y, claro, la vecina respondió: «A la vecina desgraciada sexualmente que puso el cartel: Si quiere, le dejo el número del chongo que me visita, así le hace compañía esas noches que no puede descansar. Atentamente, la vecina agraciada sexualmente». Este otro, al que también le molestaba el exceso de alegría al otro lado del tabique fue más allá y dejó entrever que mucho ruido, pero pocas nueces. Que el chico era breve. «Para los amantes de esta madrugada: Nadie os prohíbe las relaciones íntimas, pero un poco de respeto por el descanso de los vecinos. A las 3 Am no son horas de estar gritando, gimiendo, ni riendo a ese volumen. Afortunadamente, no me da tiempo de llamar a la policía por la brevedad del acto, pero el volumen es lo suficientemente alto como para despertar en medio de la noche. Ya van varios meses así. Hay otros vecinos que practican la misma actividad pero de forma más discreta. Aprendan a convivir en una comunidad de vecinos. Gracias». Dos cosas. Si el acto es tan breve, no sé por qué protesta, tampoco molestarán tanto. Y, en segundo lugar, ¿el autor de la nota lleva un registro de la actividad sexual de todo el edificio? ¿Cómo sabe que otros practican la misma actividad sin hacer tanto ruido?

O TODOS, O NINGUNO

Yo, qué quieren que les diga. Me parece mucho más elegante y sincero el siguiente cartelito. «A los vecinos que estaban la madrugada del viernes haciendo el amor salvajemente, les rogamos que nos inviten; porque aquí o follamos todos o matamos al puto. Atentamente, tus vecinas desesperadas (que lo oyen todo)».

Claro que si haces ruido mientras tienes sexo, procura, al menos, que sea con tu pareja. Más que nada para que no te pillen en un renuncio. «Vecino infiel, tenía que decir que me da igual que de noche salgas de casa y te tires a tu amante en el coche, aunque sea aparcado en la calle. La próxima vez que pase, aparte de tapar las ventanillas y poner un parasol delante, acuérdate de cerrar la cortinilla del techo de cristal, que desde el 2.º piso se ve de puta madre». Palomitas y a disfrutar.

Y para cerrar el tema íntimo, un fuerte abrazo a este pobre sanitario que vaya papeleta se encontró al llegar a casa un día por la mañana.

«Queridos vecinos del 4.º A. Me alegro mucho de saber que estáis en plena forma, pero tampoco hace falta que lo demostréis todas las noches, como ha ocurrido estos últimos cinco días. Que los demás madrugamos. Que una cosa es jadear y otra los alaridos que pegáis. Muchas gracias».

Después de ocho horas en el hospital, y casi sin ganas de otra cosa más que de acostarse a descansar, aún le quedaron fuerzas para responder: «Querido anónimo. Soy el vecino del 4.º A. Disculpa por el ruido realizado por mi esposa durante las últimas noches en las que yo tuve guardia y no estaba en casa».

E igual que no es prudente elevar la cornamenta de tu pareja en tu propio domicilio, menos lo es robarle a tus vecinos. «Por favor, por las buenas, ruego que la ropa tendida robada que la ponga en su sitio porque sabemos quiénes sois o iré a vuestro piso con la policía. 24 horas tenéis, que se me ha cambiado la orina de color». A pesar del cambio de color de la orina, que debe de ser algo así como cuando el increíble Hulk se volvía verde, este mensaje aún no mostraba excesiva ira. La gerencia de este otro inmueble no fue tan políticamente correcta: «Estimado señor choro (hasta ahí íbamos bien). Si vuelves a llevarte la escalera o cualquier otro producto, ten cuidado, porque esta vez no te quedará un solo huesito sano. Te alimentarás con una cañita el resto de tu vida. Junta para tu silla de ruedas». Mucho diminutivo sí. Pero vete ahorrando, que creo que te van a partir las piernas.

Porque mira que le gusta a la gente romper huesos cuando se siente atacada: «La próxima vez que te coja tocando la moto, te parto los dos brazos». No uno. Los dos. Aunque la verdad es que hay alguno que, como decía aquel locutor de la Radio Galega: «Xa sei que peghar non se lle pode peghar, pero mereser as meresía». Miren este raterillo a ver si no las merecía: «Estimado quien sea que se robó mi paquete de Amazon: Puedo entender tu necesidad de 30 rollos de papel higiénico porque eres una mierda. Disfrútalos. Tu amigable vecino». Los hay más sutiles: «Por favor, si algún vecino, equivocadamente, se ha llevado un edredón del terrado, que lo devuelva al 4.º».

Al que quizá no le dé tiempo de devolver lo robado, ni siquiera a leer el mensaje, es al que se agenció una sandía adulterada. Eso sí, su vecino, lo avisó amablemente: «Si te robaste la sandía que estaba al lado de la casa 7, ¡llama al centro toxicológico urgentemente! Era mi proyecto de biología, así que la sandía estaba llena de excrementos de una rata que repleté de esteroides».

FALTA DE HIGIENE

Y después de los ruidosos y los ladrones, la clasificación de indeseables deja sitio para los sucios y malolientes. Para ellos también hay mensajes: «Para la gente que no se lava y que deja un olor horrible en el ascensor. Feliz Navidad», recoge la nota, que va acompañada de una pastilla de jabón. Alguno amenaza incluso con señalar: «Tenemos pruebas de quién se hace pis en el ascensor y anteriormente en las jardineras. La próxima vez se publicará el nombre y la fotografía del causante». Cuidadín, cuidadín.

Pero no todo el mundo es tan desagradable. También hay vecinos, pocos, pero los hay, que son para comérselos. «Hola, soy el inquilino del 3.º. Me quería disculpar por todo el ruido ocasionado esta pasada noche. Me vi obligado a llamar a un cerrajero y tuvo que usar un taladro para que pudiera entrar en casa. Espero acepten mis disculpas, pero sé que a veces no es suficiente, así que abajo he dejado unos vales para usar esta semana. Coja uno si aún está molesto y llame a mi timbre bien tarde esta noche. Páselo por debajo de la puerta y así sabré que otra cuenta está saldada. Pedir disculpas piso por piso me parecía molestar doblemente. P.D.: No hagáis más vales por vuestra cuenta cuando se vayan acabando. Jeje». O este otro que hasta regala chocolatinas: «¡Buenos días, vecinos! Les ofrecemos nuestras más sinceras disculpas por taladrar paredes hasta muy tarde. Gracias por su paciencia. Estos dulces son para ustedes. ¡Que tengan un buen día!».

Pero, sin duda, si hay uno al que nadie le puede decir nada y que muchos firmaríamos, sería el siguiente: «Ya que en la actualidad todo el mundo en esta comunidad hace lo que le da la gana, desde el día de hoy, paso de dicha comunidad».

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