Memento mori


Sostiene Sánchez tras regresar de Bruselas que el acuerdo para afrontar la crisis del corona llegó después de cinco días extenuantes. Se regodea en la esdrújula con ese exhibicionismo tropical que tan bien practican los políticos, la profesión más inmodesta del mundo y que mejor adiestra los cesarismos.

Empalma Sánchez con una tradición muy asentada entre quienes gestionan lo público, convencidos muchos de que sus minutos son de unos quilates diferentes a los del resto de los mortales. Esta predisposición tan irritante podría ser solo una contrariedad estética, como una capa frondosa que tapara las vergüenzas egoístas de aquellos cuya complexión cambia en cuanto otean un micrófono que los sigue. Pero el problema es que en esa convicción de que son algo más que mortales a los que los demás debemos rendir alabanzas residen algunos de los excesos malolientes de nuestra democracia.

Se creyeron de otra pasta los Pujol, una familia definida ahora como organización criminal dirigida por una madre abadesa y un prior que cacharreaba con el 4% con un cuajo inaudito en el que nadie reparó hasta que habían volado unos cuantos millones del país que querían refundar.

Y también se entendió de otra naturaleza Juan Carlos I, convertido él mismo ahora en un enorme elefante rosa para la institución que representa su hijo.

Admitimos el cansancio que conlleva la política, la gestión del fuego enemigo y del interno, las frustraciones, el vértigo, la presión de la historia en el cogote, la responsabilidad. Pero presumir de agotamiento es un ejercicio de exhibicionismo que podrían ahorrarse.

Sánchez fue el miércoles un general romano desfilando por Roma y sin un siervo a su espalda que le fuese recordando que, como todos, él también morirá. «Respice post te! Hominem te esse memento!» (¡Mira tras de ti! Recuerda que eres un hombre). En la gestión del éxito se reconoce la verdadera naturaleza de las personas.

El presente está atiborrado de políticos que desoyen ese «memento mori» tan higiénico. A algunos, como Boris Johnson con su decisión inicial de no considerar al covid un enemigo, casi les cuesta la vida.

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