Danilo Casertano: «Lo más difícil va a ser cambiar la mentalidad de muchos profesores»

Maestro de calle y cofundador de las Escuelas Bosque de Italia, Casertano asesora al Gobierno de su país para la vuelta a las aulas: «Hay que empezar a dar clase fuera de clase. Y cambiar el 'vigilo y ordeno' por la responsabilidad»

Danilo Casertano, asesor del Gobierno italiano para la vuelta a las aulas en el país
Danilo Casertano, asesor del Gobierno italiano para la vuelta a las aulas en el país

La vida de los niños debe cambiar, «desenvolverse en un ecosistema natural rico, diverso, pero la naturaleza nos da miedo, porque tiene cosas incontrolables, como son los virus», señala Danilo Casertano, maestro y cofundador de la Asociación Manes, de la que parten las Escuelas del Bosque y la Escuela del Mar. Padre de cinco hijos, asesora hoy al Gobierno italiano para una vuelta a las aulas de otra manera, más saludable y segura. Hablamos con él de la mano de EDNA (Asociación de Educación en la Naturaleza) y Amadahi, una de las escuelas al aire libre de Galicia que trabajan desde el respeto a la naturaleza y al niño. «Ahora se está valorando en Italia la posibilidad de transformar la ciudad en una especie de selva urbana que busque el equilibrio entre naturaleza y arquitectura», revela Casertano, que ve necesario «un cambio de paradigma que favorezca la economía de las relaciones, un modelo económico más basado en el acceder que en el poseer. El conocimiento no se posee, se accede a él, y es la riqueza más grande en este momento», afirma.

-¿Cómo hacemos para abrir las aulas al mundo real o para meter la naturaleza en los colegios?

-El Gobierno italiano está pensando justo en esto. La situación es muy diferente si hablamos de niños pequeños o de niños mayores. También es muy diferente en función de si estamos en una ciudad o en una zona de campo. Hay que valorar el número de contagios, el riesgo, en unos lugares y otros. La situación del sur de Italia es muy diferente a la del norte, donde estuvo el epicentro de la epidemia. Distingo el virus como una posibilidad de cambiar el sistema educativo, y es algo el Gobierno italiano está valorando ahora así, como una oportunidad de cambio.

-¿Se retoma la actividad escolar?

-Aún no. Estos días el Gobierno nos comunicará de qué manera se pueden reanudar las actividades para los niños, y seguramente se abrirán centros de verano; me refiero a centros que no son escuelas, sino lugares donde los niños y adolescentes suelen ir en verano para hacer actividades al aire libre. Ahora se están buscando aliados en el sector terciario para un cambio que el Gobierno no podría hacer solo.

-¿Supondrá la vuelta a las aulas con seguridad un cambio radical con el modelo que tenemos hoy funcionando en países como Italia o España?

-Yo noto una fuerte voluntad de cambio en este sentido. Hay que ver, sobre todo, de qué manera se puede estar dando clase fuera de la clase.

-¿Se trataría de combinar el tiempo en el interior del aula con otra parte de la jornada escolar fuera?

-Sí, y de incluir en esa forma de aprender la colaboración de expertos externos, fuera de las escuelas. Entrenadores deportivos, guías turísticos, profesionales de museos y otros centros culturales. Por un lado estarían los maestros y por otro lo que llamamos aquí maestri di strada, ‘maestros de calle’.

-¿Se trata de llevar la lengua, las matemáticas, a la vida real, de encontrarlas en la naturaleza, en las calles?

-Claro, y de recuperar lo que se había ido perdiendo. La idea es menos manuales y más experiencia real, vivencias directas, más encuentro entre personas de distintas generaciones.

-¿Cómo deberían cambiar los centros convencionales para adaptarse y poder abrazar en la práctica esta filosofía?

-Lo primero que habrá que cambiar son los baños, la entrada del colegio y áreas cerradas de trabajo, porque son esas donde el virus nos expone a un mayor riesgo de contagio. Después debería cambiar la mentalidad de los profesores habituados a ver la clase como algo fijo, rígido. Hay que hacer más pequeños grupos. Ahora, la ratio media en Italia está en torno a un profesor por 28 o 30 alumnos. No puede mantenerse, ya no funcionaba antes del covid. Pero lo que veo más difícil es cambiar la mentalidad de los profesores que ven la clase, el horario y la manera de aprender como algo fijo.

-En la tendencia a reducir las cosas al blanco y negro, las escuelas que plantean un aprendizaje más natural, son vistas como sospechosas de rechazar la tecnología. ¿Puede ayudar la tecnología en el nuevo modelo?

-Claro que la tecnología ayuda. Obviamente con los niños pequeños es más difícil. Con los niños mayores sí puede ser muy útil.

-¿Cuál es la mayor diferencia?

-El niño pequeño es físico, cuerpo en movimiento, que lo que necesita es sobre todo el contacto, la relación con los demás. La tecnología que transforma el libro en pdf o la de la pizarra digital no es lo que ayuda. Pero, en cambio, piensa que ahora estamos hablando cuatro personas desde cuatro lugares distintos, y es posible gracias a la tecnología, que nos comunica superando los límites del espacio. Si grabas esta conversación que estamos manteniendo ahora y la mandamos a otra persona, también estamos superando los límites del tiempo. ¡Esto es justo lo que necesitamos ahora: superar los límites del espacio y el tiempo! La maestra de los niños de la Escuela del Mar puede haber hecho una clase en Galicia el año pasado que estamos siguiendo ahora. Estas son grandes posibilidades para la conexión, para la comunicación de las personas.

-¿Tenemos profesores preparados?

-Pocos, pocos... Es necesario un cambio grande, en general, de mentalidad. Hay que buscar ayuda, la guía, en maestros que ya están entrenados en esto, acostumbrados al cambio que necesitamos, para superar esa rigidez de mentalidad de otros profesores. Nuestra intención ahora mismo con el Gobierno en Italia es proponer en algunas regiones, en algunas ciudades, un número pequeño de escuelas experimentales. Se está planteando primero a la Universidad para después ir extendiéndolo al resto. La idea es empezar ya con grupos de escolares.

-¿Estudiarán los niños mates, geografía, inglés o lengua de manera distinta, quizá de forma menos compartimentada, con conexión entre las diferentes materias?

-Sí, y esto ya se hace. En Italia ya existen colegios que siguen una didáctica diferente, lo que ocurre es que no se conocen. Lo que vamos a hacer, primero, es contar que esto funciona, que existe. La comunicación es importante. -¿Qué les aporta a los niños crecer y aprender al aire libre?

-Lo primero, la salud. Son niños más sanos. Lo segundo, tienen una mayor capacidad de relación y de equipo con otros. Son más curiosos y más atentos, tienen una mayor capacidad de concentración y de atención más prolongada. Son más creativos y activos por iniciativa propia. No se trata de memorizar y vomitar datos, sino de conocer y comprender lo que se estudia. Los educadores tienen que confiar, también, más en los niños, confianza tanto en su capacidad física como mental. Es un trabajo que por otra parte implica a los padres, que deben confiar en ese trabajo con los niños, y no ver al profesor como un guardia ni los colegios como el lugar donde estacionar a sus hijos. Ahora la escuela es ‘ordeno y controlo’, y debe pasar a potenciar la responsabilidad y la libertad. Esta es una responsabilidad de cambio que implica a toda la sociedad, que debe volcarse en cambiar la ciudad para hacerla más segura y acogedora para los chavales. Si no hay una parque al lado de la escuela, hay que construirlo, porque es una necesidad importante de los niños.

-¿Necesitan los niños más tiempo en familia? ¿Debemos convivir más niños y adultos, compartir, salir de este esquema de estar en el mismo sitio pero cada uno en su burbuja, a sus cosas? Hoy vivimos segregados por edades, por sexo, por profesiones, por intereses...

-Exactamente. Dividir es simple, cada uno en su cuarto, con lo suyo, con su móvil, pero esto es algo que, a la vez que nos da opciones como individuos, nos resta convivencia real, riqueza. Nos va a costar cambiarlo... Parece que la solución que da el Gobierno al covid pasa por separarnos, por aislarnos, por que la solución al miedo pase por comprar la comida por el móvil.

-¿Es decir, la solución al problema es también el problema?

-Ahí tienes la paradoja de la tecnología, que puede ser la oportunidad más grande y a la vez el robo más grande.

-¿Debemos aún cambiar el concepto que tenemos sobre qué es un niño?

-El adulto debe cambiar, sobre todo, el «ordeno y castigo» por el respeto a la responsabilidad del niño como persona.

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