Leopoldo Abadía: «El plan de reactivación que propone Merkel se entiende viendo el final de 'La casa de papel'»

El profesor que anticipó este cambio, que él llama «cambiazo», publica hoy «Sonriendo bajo la crisis», que invita al optimismo de Gene Kelly bajo el chaparrón. ¿Entienden el fondo que proponen Francia y Alemania a la UE? Abadía lo explica fácilmente

El profesor Leopoldo Abadía, autor de «Sonriendo bajo la crisis», un libro prepandemia que debió esperar a publicarse por la pandemia del covid
El profesor Leopoldo Abadía, autor de «Sonriendo bajo la crisis», un libro prepandemia que debió esperar a publicarse por la pandemia del covid

Del cambio climático a la revolución tecnológica, desde el empoderamiento de la mujer hasta el brexit y la deuda global, de los coletazos de la «crisis ninja» a «la era de las distracciones interesadas» abarca, frontalmente y con humor, «el chaparrón» Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933) en Sonriendo bajo la crisis, que iba a lanzarse cuando el covid nos frenó, y se publica este miércoles. El mundo ha cambiado para siempre, sostiene este autor de referencia en el análisis económico de las crisis. Padre de 12 hijos, abuelo de 49 nietos, Abadía sabe Cómo hacerse mayor sin volverse gruñón, qué son los Abuelos al borde un ataque de nietos o Qué hace una persona como tú en una crisis como esta. Con esta nos referimos a la del 2009, a esa «crisis ninja», como la llamó: «La crisis ninja tuvo claros culpables: unos cuantos señores que trabajaban en unos cuantos bancos y que, golpeados por una fuerte rebaja de intereses de la Reserva Federal Americana, inventaron un producto que se llevó por delante a muchas personas y a muchas entidades financieras del mundo... Para más detalles, recordad a Lehman Brothers».

—Esta crisis no es un cambio, sino un «cambiazo», señala. ¿Cómo lo vio venir?

—Esto era ya un cambiazo antes de la pandemia. En el libro que escribí antes y que acaba de salir me puse a ver los cambios de los últimos años ¡y salían 38! 38 gordísimos. No sé si lo vi venir, salió así.

—¿Cuáles son los más gordos?

—Las redes sociales, la demografía, el empoderamiento de la mujer, el brexit, el relativismo... Cada uno de ellos daba para dos o tres libros. Cuando escribí Sonriendo bajo la crisis dije: «Esto es un cambio de paradigma». Me parecía una cursilada y decidí llamarlo cambiazo.

—Más contundente, no hay duda.

—Y además o te enteras o te quedas en el siglo XV. El otro día me hablaban de un señor que tiene una empresa importante y que ha dicho a su gente: «No os preocupéis por Internet. Es una moda pasajera, desaparecerá». Un señor que piensa así... el que va a desaparecer es él, pero muy rápido.

—La pandemia le pilló con el libro a punto de salir. ¿Aceleró el virus este cambio que vamos a vivir?

—Hubo que repasar el libro, pero, milagrosamente, no hubo que tocar casi nada. El covid ha sido el petardazo del cambiazo. Esto ya estaba cambiando.

—¿Ha tenido algo de positivo, de despertador útil para afrontar lo que vendría igualmente sin covid?

—Sabiendo que se nos han muerto 27.000 personas, me da apuro decir que esta es una crisis positiva. El covid ha traído dos problemas gordos: el sanitario y el económico. Para el económico había dos posibilidades. Una, la de Boris Johnson... Iba a decir, la del impresentable de Boris Johnson, y ya lo he dicho. La postura del que dice: «Aquí no pasa nada, todo sigue igual», pero cogió el coronavirus y, gracias a Dios, se dio cuenta de que igual sí está pasando algo. La otra posibilidad es la nuestra: se para todo, se cierra todo y ¡aguanta! Esto es durísimo desde el punto de vista familiar y económico. Yo suelo ir a desayunar a un bar al lado de mi casa. El bar está cerrado, yo no sé si las camareras cobran, ¿y si no cobran, cobran los colegios donde llevan a sus hijos? En el momento en el que un bar cierra se ha parado la economía. Tenemos que añadir al grave problema sanitario el parón de la economía.

—¿Lleva España mejor la crisis sanitaria, su gestión, que la económica?

—El problema sanitario está salvado porque tenemos unos sanitarios increíbles. Este problema está enfocado gracias a la valía y la responsabilidad de los sanitarios. El económico hay que enfocarlo...

—En su libro dispara a la conciliación familiar por ley. ¿Cómo hacemos ahora para conciliar lo humano con lo económico, para que lo que nos salva la vida no nos mate, finalmente, de hambre?

—De la cuestión sanitaria me olvido, porque está en muy buenas manos, que son las de los médicos. Y si hay lío burocrático, y no suficientes mascarillas o respiradores... no sé, ahí ya no me puedo meter. Es tremendo, pero ahí no puedo hacer nada. Habrá que ver si en toda esta escasez de medios hay una falta de previsión o alguien ha metido la mano en la caja. Esto segundo sería aún más grave. Yo no lo admito.

—Las «fake news» son parte del problema. Los generadores de noticias falsas, dice, saben bien cómo hacérnoslas llegar. ¿Es tan difícil saber de quién fiarse?

—Sí, hay que intentar contrastar mínimamente las informaciones, puede ayudar ir a las Noticias de Google como un segundo filtro, aunque tal vez sea insuficiente... En un mundo avanzado la pregunta sería en este caso: ¿Cuántas mascarillas hacen falta? ¿Diez millones? Anda, llama a China y que las manden. Pero si llamo a China al teléfono equivocado, y atiende el que las fabrica mal...

—Señala con ironía que el Gobierno español ha respondido a esta crisis con un «safety car». ¿Cómo valora la respuesta?

—Para mí el primer problema que ha tenido este Gobierno es la falta de credibilidad. A Pedro Duque, por ejemplo, le preguntaron a qué se debía el alto número de muertos en España. Lo que tenía que haber contestado es: «No lo sé». Pero salió con que los mayores, por el nivel de la sanidad española, hemos vivido más que los del resto de Europa. Me encuentro con que este Gobierno está haciendo cestas con malos mimbres humanos, creo.

—¿Hay una falta de cohesión, y en consecuencia de seguridad ante la crisis?

—Sí, en realidad hay dos Gobiernos. Pero yo siempre digo: en España no mandó ni manda Zapatero ni Rajoy ni Sánchez. Manda Angela Merkel. Pero gracias a Dios que estamos en Europa... Yo soy europeísta y muy merkeliano.

—¿Existen dos Europas?

—En Europa hay dos bandos, lo que ellos llaman los frugales: Alemania, Finlandia, Chequia... Y esos otros que, como dicen ellos, «nos gastamos el dinero en vino y mujeres». Así lo dicen ellos, eh. Con los eurobonos está claro: si España pide prestado, avalaría Europa, con lo cual sería más fácil y más barato conseguir dinero. Pero Merkel no quiere por eso del vino y las mujeres. Pero hay una cosa de sentido común, que puede ser: «Oigan, les voy a dar dinero a fondo perdido, pero tendrán que hacer ustedes alguna reforma». Tendrán que ver entonces en qué gastan ese Gobierno y esas autonomías, si hay dos Gobiernos aquí y cuál de ellos manda más...

—Es fácil perderse en conceptos como «fondo de reconstrucción» o «mutualización de la deuda». Alemania y Francia han acordado esta semana un fondo de 500.000 millones para afrontar la crisis. Explíquenos cómo es este tipo de ayuda, ¿de dónde sale el dinero?

—Es muy fácil. ¿Has visto La casa de papel? ¡Ojo, que va el spoiler!: el final es, oficialmente, un atraco a la Fábrica de la Moneda. Realmente, es hacerse con la máquina de hacer dinero y fabricar mil millones, millones totalmente legales, auténticos. Si vas rebañando hay dinero. El Banco Europeo de Inversiones tiene mucho dinero, el MEDE también. Lo que falte... «¡dele a la maquinita y lo tendrá!».

—¿Cuáles serás las consecuencias?

—Lógicamente, inflación, una devaluación del euro... Pero, bueno, ahora lo que necesitamos es que nos saquen del apuro y luego ya veremos.

—¿Esta es sobre todo una crisis humana, económica o de valores?

—Pon todo junto y aciertas. Epidemiológica, por supuesto; financiera, por supuesto. Antes de la pandemia, yo enfocaba, sobre todo, el problema de los valores. El libro Sonriendo bajo la crisis se inspira en esa escena de Gene Kelly bailando bajo la lluvia, con un paraguas que no le sirve para nada pero siempre sonriendo. Luego me enteré de que Gene Kelly tenía 39 grados de fiebre... Los valores de trabajar duro, de ser honrado y de ser competente hay que volver a ponerlos en marcha, porque igual se nos había olvidado alguno de ellos un poquito. El Estado de bienestar no es gratis. El capitalismo es buen sistema, yo no hablaría de capitalismo salvaje, sino del salvaje capitalista que lo hace mal sistema.

—Parece que el mundo abraza el keynesianismo, ¿no?

—Aquí no ha habido keynesianismo. Lo que ha habido es hambre. Y me parece que ha funcionado muy bien el trabajo conjunto, por ejemplo de la sanidad pública y la sanidad privada. Esto lo que muestra es lo que hace gente competente trabajando junta. No es elegir entre la sanidad pública y la privada, la diferencia y el valor están en la gente honrada y competente, sea de la sanidad pública o la privada.

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