«Compartir la custodia fue lo mejor para el niño»

Ruptura de pareja, no de familia es el lema de un programa pionero en mediación. La custodia compartida no tiene por qué ser un campo de batalla. No lo es para Chusa e Iván, que nos cuentan cómo han logrado llevar el divorcio sin que se borre la sonrisa de su hijo


¿Qué es lo mejor para el niño? Es la pregunta que hay que hacerse ante una ruptura de pareja si hay hijos. «Y tener en cuenta que lo que más impacto causa en ellos no es la separación en sí, sino la gestión de la separación por parte de los padres», apunta la psicóloga Maruxa Fernández, miembro del equipo de Ruptura de Parella, non de Familia, un servicio de apoyo para mediar en casos de separación en Galicia. Aquí, la Asociación de Pais e Nais Separados lleva 25 años peleando por la coparentalidad. Uno de sus brazo es el Safim, servicio especializado en apoyo familiar para que los problemas de la pareja no tengan consecuencias negativas sobre los menores y sobre los adultos. «El rencor es uno de los factores que complican el proceso, que puede provocar ansiedad, estrés, depresión, conductas regresivas o un bajón en el rendimiento escolar de los niños. Para gestionar bien un divorcio, hay que poner voluntad y echarle cabeza, entender que un niño no puede estar bien si no lo están sus padres, apelar a lo racional en las decisiones y evitar a los abogados pirómanos, esos que en lugar de sofocar incendios los agrandan», afirma la psicóloga.

Carles ha sido siempre la prioridad para Chusa e Iván cuando tomaron la decisión de separarse. El bienestar de su hijo, la brújula para que su ruptura no fuese una ruptura de familia. La suya es una experiencia de siete años de custodia compartida. Viven en Valencia, que aprobó en el 2011 su propia ley de custodia compartida, que derogó el Constitucional en el 2016. «Cuando nos separamos, yo no quería la custodia compartida, pero Iván sí. Era reacia, pero tras siete años de custodia compartida, me parece que es la mejor opción para nuestro hijo», cuenta Chusa. Iván tenía claro desde el principio que quería ejercer como padre, no como visitador. «En una sociedad que apuesta por la paridad y la igualdad, lo lógico es la custodia compartida, al menos de salida. Hasta hace unos años, lo habitual era la custodia monoparental para la madre. El hombre a lo máximo que puede aspirar, en general, es a la custodia compartida, y lo mínimo a lo que aspira a la madre es a la custodia compartida. Se trata de llegar a un punto medio. Al final, la educación es del padre y de la madre. El hijo es de los dos. Sea compartida o no la custodia, la educación va a venir de las dos partes. Lo que también tendría que haber es una corresponsabilidad en casa anterior a la separación», plantea Iván.

COOPERAR, NO CONFRONTAR

Si hay voluntad de entendimiento y flexibilidad entre los padres, no hay violencia ni desatención, y existe un plan de coparentabilidad, la custodia compartida se presenta, a priori, «como o modelo socialmente adecuado, o que permite un reparto máis equitativo da responsabilidade dos fillos», sostiene Abel Lamas, vicepresidente de la Asociación Galega de Pais e Nais Separados, abierta a la consulta y apoyo de las familias de Galicia.

«Cada vez hai máis procesos de separación e divorcio, e cada vez a sociedade é máis consciente da necesidade de compartir a custodia dos fillos, de organizarse de forma cooperativa. Por que vai levar un só sobre os ombros esa responsabilidade cando o outro quere exercer a paternidade?», dice Lamas. «A paternidade é unha responsabilidade intransferible», subraya.

¿Es la mejor opción para los hijos? «Es una decisión personal, que depende de cada caso, de cada familia, pero si los dos progenitores se responsabilizan de los hijos dentro de la pareja, deberían hacerlo igual cuando se rompe. La tendencia es la coparentalidad positiva. Lo primero que hay que hacer en caso de ruptura no es llamar a un abogado, sino saber que existen servicios de mediación», responde Maruxa Fernández. «De la misma manera que hay un cursillo prematrimonial, debería haber una formación en separaciones», apunta la psicóloga.

A Chusa e Iván les costó un tiempo. «El primer año es duro. Quien diga que es maravilloso miente», dice ella. «Ahora no es que seamos mejores amigos, pero hay flexibilidad». Se separaron cuando Carles tenía 4 años y les dieron la custodia semanal, con el miércoles para el otro progenitor. A Iván la empresa le permitió entrar un poco más tarde para poder llevar a su hijo al colegio y recogerlo. «Empecé a hacer turno intensivo de 9.30 a 16.30. Si no lo haces, tienes que tirar siempre de abuelos o de una tercera persona», explica Iván. Con el tiempo, Carles les pidió eliminar lo de los miércoles, quería la semana entera o con mamá o con papá, por no romper el hábito.

Al médico de Carles van los tres juntos, la información del colegio la comparten el uno con el otro, «para que Carles lo lleve bien». «No puedes pensar en tu beneficio ni en jorobar al otro, sino siempre en él, en el niño. Ellos no tienen la culpa de los problemas de los adultos», recalca Chusa. «Nosotros no discutimos por el reparto de los días ni de las vacaciones. Hay que respetar a la otra parte», aseguran. «El niño va a tener a su papá y a su mamá siempre. Y compartir su vida con los dos es lo mejor», dice Chusa. Lo primero que nos recomienda esta familia es un mediador, «porque te ayuda a ver cosas que no ves -advierte Iván-. Pensar que no siempre tenemos la razón posiblemente nos ayuda a abrir la mente».

«Tener un semana entera con mamá y otra con papá está bien. Por ahora...», dice con humor Carles, que hoy tiene 12 años, y es desde que nació el rey del corazón de sus padres.

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