Martina Klein: «Yo no me voy a pelear con chicas que tienen 20 años»

Inquieta y valiente, Martina Klein se ha lanzado a diseñar y ha creado una firma de decoración que apuesta por una Navidad sin excesos. La modelo confiesa que tiene muchas esperanzas en un proyecto que combina con su trabajo en el mundo de la moda


Es una mujer de retos. Lo demostró en el Club del chiste, donde la pudimos ver al lado de humoristas como el gallego David Amor. También se arriesgó cuando escribió una serie de novelas infantiles, y ahora lo hace en su nuevo proyecto, la firma de decoración Lo de Manuela. Un trabajo que combina con la moda, porque a sus 43 años Martina Klein (Buenos Aires, 1976) continúa luciendo un físico envidiable. Prueba de ello son sus fotos como imagen de una marca de baño. «Lo hice con un punto de reivindicación de que la mujer a partir de los 40, y de la talla 40, está superbién y no se ve tanto», comenta la modelo, que concilia su vida laboral con una familia compuesta por tres adolescentes y una niña de tres años.

 -Modelo, presentadora, empresaria… ¿Cómo te defines tú?

-Sin la parte peyorativa, me considero una metomentodo. Soy un alma curiosa y por suerte tengo entrada en los sitios que me interesan. Quizá me lo he ganado, ya que durante años he estado mirando y aprendiendo. Lo hago siempre con esa actitud de ‘dejadme pasar, que quiero aprender y aportar’.

-¿Qué te llevó a crear Lo de Manuela?

-Pues un poco la misma actitud. Después, remontándonos con el psicoanalista, mis padres son arquitectos y decoradores, entonces me viene de familia. Ja, ja, ja. Por otro lado, cuando de pequeños nos preguntan qué quieres ser de mayor yo nunca lo tuve claro, pero siempre sentí que era algo que tenía que ver con las artes, la música, los colores, las texturas… Siempre me veía en la playa con unos cojines tirados en el suelo. De repente, durante el embarazo una socia me cuenta una historia y le vi sentido a esa imagen. Y ahí estamos, tirando del hilo.

-El nombre es por una mujer que se ha pasado la vida viajando. ¿Qué más tiene la marca de Manuela?

-Le debemos parte de lo que nos hace diferentes. No solo somos una empresa textil de alta gama en cuanto a calidad, sino que somos el fruto de una mujer que se ha pasado la vida viajando. Interpretamos sus viajes, sus sentimientos y los convertimos en colecciones. Si quieres solo un cojín, tendrás solo un cojín, pero si quieres ver el alma podrás ver la historia que hay tras ellos.

-En esta colección viajáis en el Oriente Express. Estambul, Londres, París. ¿Son ciudades que te han marcado?

-Las colecciones las creamos a partir de los viajes de Manuela, en algunos sitios yo sí he estado y a otros viajo a través de ella. En este caso, lógicamente no he viajado en el Oriente Exprés, pero al conocer las ciudades podemos jugar mucho más. Son tres lugares que aportan sutilezas distintas y que tienen que ver mucho con el día de hoy.

-Ahora que estamos cerca de la Navidad, ¿cuál es tu apuesta?

-Hemos creado unas fiestas con brillos apagados, con platas y nada de rojos. Es muy elegante y muy íntima. Ahora empieza la batalla de quién da más, y nosotros creemos que no es necesario tanto exceso. La Navidad puede ser maravillosa sin volvernos locos. Nuestra propuesta de árbol es uno pequeño del que cuelgan tres o cuatro bolas artesanales. Es un adorno que es una joya. Estamos orientados a un cliente que valora los objetos. Por ejemplo, para una mesa de Navidad si tienes un mantel maravilloso con un bordado, ya estaría. Apostamos por volver a valorar las cosas que tenemos y por un consumo sostenible.

-¿Te gustan estas fiestas?

- Bueno, voy encontrándole su punto. Me ponen triste por un lado, pero por otro lado me subo también a la euforia por mis hijos. Tener niños ayuda.

-¿Lo más difícil de emprender?

-Ha costado, ahora estamos en un punto más dulce porque nos están conociendo y los esfuerzos van dando resultados. Ahora das y recibes, que te digan que la marca gusta es muy bonito. Incluso me escriben y me dicen: ‘Ah, eres la de Lo de Manuela’. La marca ha superado al personaje.

-Tienes una niña pequeña, ¿cómo fue ser madre a los 40?

-Por un lado mucho mejor, con menos histeria, porque ya sabes de qué va y que si no duermes en dos años no pasa nada. Ja, ja, ja. Le quitas hierro a un montón de cosas y te diviertes más. Érika tiene mas carácter que los tres anteriores, es como que tiene lo peor de cada uno [se ríe]. Es una niña que va a cumplir tres años, pero se siente adolescente. Como los gatos que se sienten perros.

-Usas Instagram para tu negocio, ¿es un buen escaparate?

-Sí, es el mayor escaparate que hay, me guste más o menos. Cuidamos mucho nuestra imagen, que los textos sean diferentes y que las fotos no sean en lugares comunes. Queremos ofrecer una experiencia distinta.

-Has dicho que ese espacio es más amable que Twitter, ¿has sufrido a los haters?

-Por suerte, pocos. Toco madera para que siga así, porque el nivel de odio de las redes es brutal.

-¿Te preocupa el uso de las redes por parte tus hijos?

- Me preocupa porque tengo tres adolescentes. Creo que la solución no pasa por prohibirles tener móvil ni redes, porque ya es tarde, pero si el Estado no les protege, lo tengo que hacer yo. Hay un exceso de información, de violencia… de tantas cosas. Entonces, lo que hacemos es hablar con ellos, pasamos momentos incómodos viendo películas por encima de su edad, porque las van a ver igual y así les ayudas a entenderlas. Que sepan que pueden hablar de todo y que cuando tengan un problema nos lo pueden decir.

-De Instagram han surgido las «influencers», que han tomado un espacio que era de las modelos. ¿Qué te parece?

-Lo miro con asombro. Veo cómo ha cambiado el cuento, no solo por estas mujeres que no tienen nada que ver con lo que eran las modelos. Porque no hay cástings, no salen del mismo sitio del que veníamos nosotras. Ellas crean su propio contenido y se han convertido en sus propias revistas. Yo tengo mis oportunidades de poder trabajar de lo mío y que dure lo que dure, no me voy a pelear con chicas que tienen 20 años. Yo ya conseguí todo lo que pude con su edad.

-¿Es difícil para una modelo trabajar con tu edad?

-Sí, yo llevo ya muchos años y me he hecho un nombre. Además, me adapto un poco a distintos palos, pero en general lo nuestro se está acabando. Esa generación de modelos que te sabías sus nombres ya no pasa.

-Confesaste que volver a posar con 42 años en bikini fue duro.

-Lo hice con la certeza de que estaba con buenos profesionales y que todos íbamos en la misma dirección, que es que el cuerpo se viera bonito. Después, lo hice con un punto de reivindicación para darle visibilidad a que no todas las mujeres llevan la 36, pero sin irme a lo de las curvies porque tampoco estamos ahí. Hay que darle normalidad a la 36 y a la 44, pero también a lo del medio. Cada una lleva su talla y no pasa nada. La mujer a partir de los 40 años, y también de esa talla, está superbién y no se ve tanto.

-Comentaste que la moda te robó tu normalidad, ¿te arrepientes de algo?

-No puedo hablar de arrepentimiento porque ha sido mi vida. He viajado, he aprendido idiomas… Me llevo alimentando de esto desde los 16 años y sigo trabajando. Si no hubiera entrado en la moda, no sé que hubiera sido de mí. Seguro que me lo hubiera pasado mejor, pero no sé si ahora estaría diseñando textil. Puede ser. De lo único que me arrepiento es de haber sufrido más de lo que tocaba porque siempre he sido muy responsable.

-¿Qué sueño te queda por cumplir?

-No soy persona de muchas metas, a lo mejor eso es un problema. De momento quiero ver que Lo de Manuela se hace grande. Con las novelas infantiles me llevé un poco el chasco, pero con esto tengo la sensación de que puede ser.

-Has dicho que te gustaría casarte.

-Estoy superbién así. Mi pareja [Álex Corretja] vio ese titular y me dijo: ‘¿De verdad?’. Porque sabe que ahora mismo no me metería en ese tinglado. Los dos tenemos proyectos, tres adolescentes y una niña de tres años en casa. Pero algún día sí que me gustaría y eso es lo que comenté, pero no es algo que me quite el sueño.

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