Mi mamá fabrica estos juegos de mesa

¿Te has preguntado alguna vez quién fabrica los juegos de tus hijos? Los de Brazolinda los hace Irimia Fernández, una compostelana con muchas ideas en la cabeza y una gran iniciativa. Sus productos son gallegos, hechos en madera y artesanos. Y sobre todo muy divertidos


Cuando era pequeña, a Irimia Fernández Álvarez le gustaban mucho los juegos de mesa. Pero se hizo mayor y fue madre, y cuando quiso seguir disfrutando de ellos y compartir su afición con sus hijos, no encontró ninguno que realmente le apasionara. Así que decidió fabricarlos ella misma. Lo que empezó siendo una forma de entretenimiento, terminó convirtiéndose en su modo de vida. Dejó su trabajo de geógrafa en la Xunta y se puso manos a la obra. Así nació Brazolinda.

Irimia reconoce que, desde que eran pequeños, su hermano y ella siempre inventaron diferentes formas de divertirse. Ahora, esta compostelana ha convertido su pasión por los juegos de mesa en su forma de vida y ha creado con sus propias manos un total de 14 juegos, cada uno con una temática diferente y pensado especialmente para diversas edades y gustos. Todos están hechos en madera, dibujados a mano, escritos en gallego y presentados en cajas que también son de madera y decoradas con sus propios dibujos, menos algunos que cuentan con ilustraciones que hace su hermano, diseñador gráfico.

SUS TRES CATADORES

Y es que en Brazolinda todo queda en familia: sus tres hijos son los primeros catadores del producto final. «A ellos les gusta mucho participar y ver que su opinión cuenta», indica. Tienen la suerte de tener una madre que fabrica juguetes. También se les tiene en cuenta a la hora de crear un nuevo producto y, por eso, cada uno es muy especial para ellos. Los juegos de Brazolinda se venden en su página web y en tiendas seleccionadas de varias ciudades gallegas. También reciben pedidos desde centros educativos y participan en ferias. La última, Culturgal, celebrada en Pontevedra hace varias semanas.

Irimia reconoce que muchas veces no da a basto, apenas termina un producto y ya se ha vendido. Pero la producción artesanal no permite trabajar a más velocidad y, de momento, no se plantea contratar a nadie que aporte más manos de obra: «Los materiales son muy costosos, no podría permitírmelo», reconoce. Aún así, ya son más de una docena los juegos diferentes que ha creado; y de cada uno, un buen número de unidades. Desde unos peces de colores que hay que emparejar hasta unos mosaicos que se deshacen en piezas de puzle, pasando por unos barcos piratas que hay que cargar haciendo equilibrios o un tablero que traslada a los jugadores por una selva en la que vivirán muchas aventuras.

PARA TODAS LAS EDADES

«Los hago pensando en una edad determinada, pero muchos de ellos son también buenos para gente mayor que quiere mantener despierta la mente», explica ella. Y, en efecto, en los talleres no solo se divierten los niños: Brazolinda también sorprende a madres, padres y abuelos. Los hay más sencillos y otros más complicados, pero no hay ninguno que se parezca a otro. O arrecife es un entretenido tablero para reunir bancos de peces que ayudan a los niños a repasar las tablas de multiplicar de una manera divertida; en O espello los participantes tienen que agudizar el ingenio para comunicarse lo mejor posible y lograr hacer el mismo dibujo sin mirar el del otro. Verbolario emplea técnicas visuales para mejorar cuestiones relacionadas tanto con la vista como con la comprensión lectora y la concentración. Y O xardín das cores ayuda a los más pequeños a reconocer formas y colores mientras se entretienen.

La competencia hoy en día es grande, pero sin duda estos productos tienen un gran valor añadido. El cariño que les pone Irimia y el sello gallego los hace únicos.

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