Elena Ballesteros: «Mi divorcio fue una etapa difícil que gestioné lo mejor que supe»

Es reflexiva y cero nostálgica. Recarga pilas jugando al golf con su marido y haciendo submarinismo. La descubrimos en «Periodistas» y se acaba de estrenar en el teatro con «Perfectos desconocidos». «Solo miro atrás para no repetir errores», dice.


Elena Ballesteros (Madrid, 1981) irradia energía positiva y esa calma de los que han pasado por una etapa de turbulencias ya superada. «Me siento bien conmigo misma. Comparto mi vida con alguien extraordinario y eso me hace muy feliz. Estoy en equilibrio». Cercana y sonriente, la actriz es como esa amiga a la que siempre puedes llamar para recibir un buen consejo: «Me gusta ponerme a prueba, porque es la mejor forma de descubrir mis fortalezas y debilidades, de conocerme mejor». Inquieta y siempre con ganas de aprender, reconoce que su último reto ha sido estrenarse en el teatro con Perfectos desconocidos: «Vivimos pendientes de los móviles y nos roban la felicidad», confiesa.

-Te hemos visto sobre las tablas en «Perfectos desconocidos».

-Sí. Ha sido mi estreno en el teatro y ha sido una experiencia estupenda, porque el vínculo que se crea durante esas casi dos horas con el público es increíble.

Además, a nivel interpretativo te hace estar fresco y te pone las pilas quieras o no. Tenía muchas ganas de hacer teatro y me lo habían propuesto tiempo atrás, pero no me sentía preparada. Sin embargo, cuando surgió esta oportunidad, vi que había llegado mi momento, no me lo pensé dos veces y me tiré de cabeza.

-Eso suena a que te atraen los retos. ¿Necesitas salir de tu zona de confort?

-Sí, me encantan los retos, y de hecho los necesito. Me gusta ponerme a prueba porque es la mejor forma de descubrir mis fortalezas y debilidades, de conocerme mejor. Además, no hay nada mejor para aprender que asumir un nuevo reto. Al principio es intenso y te sientes inseguro, pero después el subidón que te da a nivel emocional por haberlo logrado es alucinante. Como dice el refrán: ‘El que no arriesga, no gana’.

-¿Cómo ha sido meterse en la piel de Violeta, tu personaje?

-Sobre todo muy divertido. Violeta es la última que ha llegado al grupo de amigos y es muy ingenua, bastante inocente, confía en todo el mundo, habla siempre desde el corazón y eso hace que no entienda la mentira. Al principio me costó comprenderla, porque la veía muy tontorrona y con los días he ido descubriendo que yo también soy bastante ingenua, que la gente me la ha colado a veces por mi excesiva confianza en los demás. Y precisamente, darme cuenta de mi ingenuidad e inocencia no me ha gustado mucho. Es algo que tengo que trabajar.

-¿Para ti todo el mundo es bueno hasta que te demuestren lo contrario?

-Pues sí. No me gusta ir mirando a la gente de reojo y con el cuchillo en la boca como si estuviéramos en la selva. Tiendo a fijarme en el lado bueno. Es cierto que tengo que aprender a no ser tan ingenua, porque todos podemos equivocarnos y hacer daño. Y las heridas dejan cicatrices.

-¿Eres muy exigente?

-Soy muy exigente conmigo misma, porque me entrego mucho y también con los demás. Y claro, suele ser bastante frustrante y decepcionante, porque con los años me he dado cuenta de que casi nunca se cumplen las expectativas que uno imagina. Una cosa suele ser la película que nos montamos en la cabeza y otra muy diferente la realidad. Así es que ahora procuro atenerme al presente, y me entrego sin esperar nada a cambio. Y si viene algo inesperado, pues ¡qué bien! A disfrutarlo.

-¿Con quién has dicho eso de: ‘Es un perfecto desconocido’?

-Conmigo misma. Ante alguna situación difícil, he descubierto que no sabía que sería capaz de reaccionar con tanta entereza y coraje. Me siento orgullosa de mi fortaleza para salir adelante en momentos complicados, soy de las que me crezco. En este último tiempo me he reconciliando conmigo misma y estoy aprendiendo a quererme más y mejor.

-Siete amigos que quedan a cenar y juegan a poner sus móviles en la mesa para compartir sus llamadas y mensajes. Delicado, como mínimo.

-Desde luego. Así sucede en la función, que comienzan a desvelarse detalles íntimos que desconocían y que tienen consecuencias graves entre las parejas y los amigos. Vivimos pendientes de los móviles y nos roban la felicidad. Concretamente, los teléfonos se han convertido en un arma de doble filo, porque en ellos guardamos parte de nuestra vida cotidiana y estamos expuestos. Yo procuro utilizarlo con coherencia, aunque al final todos lo usamos más de lo que somos conscientes.

-Te recordamos por tu trabajo en televisión, sobre todo en «Periodistas».

-¡Claro! Guardo muy buenos recuerdos, fue mi gran oportunidad como actriz. Empecé con 16 años y todo el equipo, Coronado, maravilloso, Álex Angulo, que era la bondad hecha persona, Belén Rueda, María Pujalte, con la que aprendí mucho de la vida y del oficio; me trataban con un amor y un cariño increíbles. Me tenían entre algodones, porque yo era una niña, y eso lo agradecí mucho. Siempre me ayudaban. Lo recuerdo con todo el amor del mundo porque me dio mucho, de ahí me salieron otros proyectos. Fue una etapa maravillosa.

-También has hecho cine. Quizá tu trabajo más recordado ahí es «La habitación de Fermat» con Federico Luppi.

-Sí. Fue un trabajo súper claustrofóbico, en el sentido de que rodamos cronológicamente y cada día aparecíamos en el set con la misma ropa, un poco más estropeada, y en un decorado que cada vez era más pequeño. Gestionar esa angustia, que venía bien para la película, fue complicado. Hubo un día que me dio un ataque de ansiedad. Aprendí mucho del gran Luppi, que ya no está entre nosotros.

-¿Satisfecha con tu trayectoria?

-Mucho. Fíjate, no soy consciente de todo lo que he ido haciendo hasta que en las entrevistas me refrescáis la memoria. He hecho mucha televisión, con la que he ido creciendo como actriz, pero también he rodado con Peter O´ Toole y con Luppi, he hecho varios papeles protagonistas. Pasito a pasito, he ido haciendo mi camino y me siento muy orgullosa de mi recorrido.

-¿Hacia dónde van tus pasos ahora?

-El teatro me ha fascinado y me gustaría repetir, pero también me tira mucho el audiovisual, porque me siento muy cómoda y se están realizando proyectos de gran calidad en las nuevas plataformas. Me apetece volver a la televisión con un personaje apasionante.

-Hagamos magia. Si pudieras, ¿qué cambiarías de tu vida?

-¡Uf! Otra vez no. Ya le he dado la vuelta porque en el pasado cometí errores, pero ahora me quedo como estoy. Me siento bien conmigo misma. Estoy en equilibrio y eso me hace sentirme a gusto. Soy la protagonista de mi vida, comparto mi vida con alguien excepcional y me siento muy afortunada por ello. Cada día doy las gracias, porque ahora me gusta el camino que he emprendido.

-¿Y te gusta mirar atrás?

-Nada. No soy nostálgica. Quizás, miro para atrás para paliar errores y no repetirlos en el futuro gestionando las situaciones complicadas de un modo mejor. Soy más de futuro, y de agarrar el presente y vivirlo a tope, no de pasado.

-Siempre discreta con tu vida privada, tu divorcio de Dani Mateo fue noticia.

-Bueno, siempre he sido muy reservada con mi intimidad y no me gustó, evidentemente, pero estas cosas pasan. No fui la primera ni la última. Fue una etapa difícil, que gestioné lo mejor que supe y eso ya es pasado. Mi vida hoy es estupenda.

-¿Con qué disfrutas?

-La naturaleza me encanta, jugar al golf con mi marido, hacer submarinismo, la lectura y ver series. Soy fan de Juego de tronos y de Big Little Lies. Me fascina la interpretación de estas maravillosas actrices.

-¿Con qué te quedas de ti misma?

-Con la capacidad que tengo de ver lo positivo en las situaciones difíciles. Sufro y lo paso mal, pero me gusta el aprendizaje que uno realiza al gestionarlo emocionalmente. Creo que tengo mucho poder transformador y eso es enriquecedor.

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