«Le pusimos Grecia porque nos conocimos allí»


Esta historia comienza cuando Ana Valín era muy pequeña y a su padre le gustaba transformar en originales cuentos infantiles las leyendas de la mitología griega que hablaban de Hércules, la Medusa... Estos relatos calaron tanto en ella que no solo se hizo escritora para contar sus propias historias, sino que «siempre tuve claro que cuando tuviera vacaciones y dinero para pagarlas me iría a conocer Grecia, porque no es un lugar para visitar en solo cinco días». Su deseo por fin se cumplió en el año 2008, cuando hizo las maletas, «cogí mi libretita para escribir, que es lo único que necesito, y me fui sola de viaje».

La otra parte de esta historia está protagonizada por el canario Israel Jiménez. A su abuela le tocó un viaje para recorrer el mundo, pero como la mujer tenía problemas de movilidad, se lo regaló a sus hijos y nietos. En una excursión organizada para conocer Atenas Ana e Israel se subieron en el mismo autobús, y allí surgió el amor. «Él dice que fue un flechazo, y yo lo defino como amor a primera palabra, porque yo no me enamoro de lo que veo, sino de lo que oigo y me cuentan. Desde aquel día ya no nos separamos», recuerda Ana Valín.

Desde el primer día

Fue la misma noche en la que se conocieron cuando decidieron el nombre que le pondrían a su hija. «Estábamos cenando y hablando de nuestro futuro y la gente nos preguntaba cuánto tiempo llevábamos juntos, porque parecía que éramos novios de toda la vida. Ese día ya decidimos que le pondríamos Grecia porque nos conocimos allí».

De regreso a España, Israel se vino a Galicia para seguir con sus estudios de Bellas Artes, mientras que Ana sumaba a su carrera de Periodismo la de Magisterio. Ocho años después de subir a aquel bus veían cumplido uno de sus sueños en forma de embarazo. «Yo ya la llamaba Grecia desde el principio, sin saber ni siquiera si era una niña, así que cuando hicimos la primera ecografía ya no nos sorprendió que nos dijeran que habíamos acertado. Lo cierto es que ni habíamos pensado otro nombre por si era niño, lo teníamos muy claro».

Ahora que la pequeña de sus ojos ha crecido, ya están pensando en darle un hermanito o hermanita a Grecia: «Aunque esta vez dejaremos que el nombre lo elija ella, que le hace ilusión».

«La llamé África por mi padre»

Caterina Devesa

Lleva África en la sangre. Su padre es de Senegal y ella es mitad africana y mitad gallega. Tanto que lleva tatuado en su brazo izquierdo el mapa de África con la Torre de Hércules. Awa Pulleiro Coulibaly y su marido, Breogán Blanco González, son padres de una niña de 18 meses y, como no podía ser de otra forma, en su nombre su madre plasmó su amor por el continente africano.

«Tenía clarísimo que cuando tuviera una hija la llamaría África por mis raíces por parte de padre. Quería que la niña tuviera un nombre significativo de su continente, y él encantado, claro», explica Awa. «En el caso de que hubiera sido niño le habríamos puesto un nombre gallego. Ahora hay muchas niñas que se llaman África, también India o Asia, que también me gusta, pero quería que tuviera un significado», dice.

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