Tres crisis, tres


Tres noticias de estos días definen la naturaleza del presente: el 93,5 por ciento de las gallegas menores de 30 años no tienen hijos; la mitad de los jóvenes españoles no cree en Dios y los millennials están dejando de comprar coches. Son circunstancias paralelas que mezcladas y agitadas perfilan las hechuras de este 2019 y avanzan el tipo de sociedad que seremos, un mundo nuevo en el que las cosas ya no serán como solían, ni en las alcobas, ni en las sacristías.

La huelga de maternidad no es más que una consecuencia del descuido con el que se ha abordado la incorporación de la mujer al trabajo. Entre la generación de mi abuela, confinada de forma obligatoria al trabajo doméstico, y la de mi hija, que no hará más que sublimar las reticencias actuales para ser madre, media una, la nuestra, en la que la conciliación se abordó entre la multiplicación física y la culpa. Normal que muchas chicas echen cuentas hoy y no les salgan.

Que los millennials no compren coches es un síntoma de dimensiones revolucionarias. La industria del automóvil ha sido el aceite del capitalismo durante buena parte del siglo XX . Pero en los últimos quince años, el número de permisos de conducir expedidos se ha desplomado un 22 por ciento. Ponerse al volante de un coche ya no es prioritario para los chavales ni aprobar el examen de conducir es ya un ritual de paso a la edad adulta como lo fue para las generaciones anteriores. El futuro tiene el aspecto de una bicicleta y de transportes colectivos competitivos. Aquellas segundas clases del Shanghai que unía Galicia con Barcelona ya solo valen para lubricar la nostalgia y dejar estupefactos a los que hoy navegan en un AVE.

Una natalidad diferente; una movilidad diferente y una espiritualidad diferente. La tercera alteración sociológica que define a los jóvenes de hoy tiene que ver con su relación con Dios. La mitad de ellos no creen en esa figura que para los babyboomers era una asignatura obligatoria, un capítulo inevitable que te inyectaba en vena el Estado. Nosotras llegamos al ateísmo por la vía de la reflexión o de la rebelión pero las indicaciones esenciales del catolicismo nos acompañarán toda la vida. Ahí está la culpa embadurnándolo todo. En cambio, muchos chavales de hoy son laicos de nacimiento, llegan al mundo sin ese pecado original sobre cuya inexplicable existencia nos informaban los curas y las clases de religión. Su espiritualidad se construirá con otras referencias y la Iglesia, esa institución esencialmente humana, irá perdiendo influencia y poder de forma progresiva.

Todo esto sucede mientras nosotros seguimos hablando del CIS de Tezanos.

Por Fernanda Tabarés Directora de Voz Audiovisual

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Tres crisis, tres