La noticia de la semana ha pasado desapercibida, como suele acontecer con las cosas importantes. El mundo cambia en los titulares a una columna mientras chacharea en las aperturas de página. En una de esas esquinas de la información los periódicos nos contaron lo que consiguieron un grupo de científicos chinos: una camada de 29 ratones viables hijos de dos hembras. El experimento se acometió también con parejas de ratones machos, pero en este caso las crías nacieron con graves deformidades y apenas sobrevivieron un par de días.
La reproducción de mamíferos sin el concurso de varón no es exactamente nueva. Ahí está Dolly, la oveja clonada a partir de una célula adulta, en concreto una célula mamaria de una hembra de la raza Finn Dorset de la que procedía este ejemplar histórico bautizado en honor a Dolly Parton y sus frondosos pechos en lo que constituyó una evidencia de que entre los científicos hay auténticos cachondos.
Dolly y los ratones chinos con dos madres dejan en evidencia que la revolución reproductiva nos ha arrollado a un ritmo imprevisto, sin hacer ruido y sin las sensaciones distópicas que pronosticaba la ciencia ficción de Huxley. Entre la primera píldora anticonceptiva que ingirió una mujer para separar sexo y maternidad y esta camada de ratones sin padre se han atropellado los avances a una velocidad poco reflexionada, quizás porque son las mujeres las que reciben nuevas herramientas en un asunto que condiciona nuestro papel en la sociedad.
La revolución feminista no se entendería sin la revolución reproductiva que nos ha permitido fornicar sin temer un embarazo, planificar nuestra maternidad, interrumpir una gestación no deseada, recibir embriones concebidos in vitro o vitrificar nuestros juveniles óvulos para sortear la infertilidad si la llamada de la maternidad acontece, y acontece a una edad en la que tu fertilidad empieza a apaciguarse.
La propuesta para ellos
Mientras, la gran propuesta para que dos hombres puedan ser padres son estos días los vientres de alquiler, una alternativa que aventura el uso de los úteros de mujeres sin recursos en un sistema fabril que convierte a las gestantes en incubadoras de carne.
Los ratones con dos madres tambalean los principios clásicos de la reproducción y establecen un nuevo paradigma filosófico en el que las cosas han dejado de ser como solían en los milenios anteriores. Qué emocionante vivir en esta época de avances increíbles, con la ciencia estallando a diario las fronteras del conocimiento. Y qué diferente será la vida de nuestras hijas de la que vivieron nuestras abuelas.