¿Adónde vamos el domingo por la tarde?

PUEDE SER LA «CAÑA» o el mojito... tú decides. Vence la pereza dominguera, tira de la manta y que no se alargue la siesta en el sofá. Hay vida más allá del sábado y del momento vermú. Mira el horizonte, que no se te haga lunes antes de tiempo

MARÍA GARRIDO A. LÓPEZ PENIDE

Lejos quedaron los domingos que se reducían a una comida en casa de un familiar seguidos de una siesta en el sofá, que también tiene su punto. Pero ahora, el último día de la semana es muchas veces para disfrutar en la calle. Lo saben en Moom 57, local a pie de playa en A Coruña, que desde primera hora de la tarde hasta el anochecer se llena de grupos de amigos que se reúnen frente al mar para respirar buen ambiente.

 El establecimiento cuenta con una carta para saciar el gusto de todos los públicos. Desde batidos y cócteles con o sin alcohol, pasando por los gin-tonics. Todo ello sin perder de vista el Atlántico, porque tienes tarde con aire fresco y con vistas a la torre de Hércules. «Aquí tienes de todo, buenas vistas, buen ambiente y puedes pedirte desde un mojito hasta una copa», comentan un grupo de amigas desde una mesa separada del mar por una cristalera en la que se puede leer «Me gusta La Coruña, me gustas tú».

 Entre cañas y mojitos

Ante la variedad de la carta algunos optan por las clásicas cañas, mientras que otros prefieren un mojito. «Nosotras vamos in crescendo. Cuando llegamos pedimos una caña para entrar en ambiente y después ya nos pasamos a las copas. No es cuestión de llegar a primera hora y pedir ya un copazo», bromean Ana, Ainhoa, y Katy. «Yo soy diseñadora de moda, Ainhoa es una futura DJ y Katy es empresaria, tiene una start up», comenta Ana. Las tres chicas confiesan que acuden a Moom habitualmente, «sobre todo cuando hace sol porque se está genial aquí en la terraza», indican. Además de por las vistas, las mujeres de entre 25 y 32 años de edad, explican que les gusta el local «porque se está muy a gusto, hay buen ambiente, puedes bailar o estar tranquilo tomando algo mientras charlas con tus amigos», explican.

Mientras ellas conversan, un grupo de chicos bailan frente a la cabina del disyóquey. «Nos gusta la música que pinchan, es genial para tomarte una copa y disfrutar del último día del finde. Mañana ya toca trabajar», comentan.

Ya lo saben, si quieren exprimir el domingo, aquí tienen un buen horizonte...

Las ciudades que empiezan pronto la fiesta también se retiran antes. En Santiago ya hubo más lío en las calles, pero históricamente el domingo es una jornada de descanso, y cuando empieza el invierno es difícil encontrar un local mínimamente agitado. El Garoa, estratégicamente ubicado entre el casco histórico y la Alameda, es de los pocos en los que confluyen clientes a lo largo de la tarde, en la terraza si hace bueno y en sus acogedores sofás cuando aprietan el frío o la lluvia. Los hermanos Carlos y Mauro Antelo han dado con la fórmula para convertirse en un referente: «Abrimos siempre». Y es cierto. Desde su apertura, el Garoa apostó por estirar el calendario y abrir prácticamente todos los días del año, menos en Nochebuena y jornadas muy contadas. Esto lo convierte en una opción segura, también los domingos por la tarde, en los que abre sus puertas a partir de las cuatro y hasta el cierre, ya avanzada la madrugada.

Entre los clientes que suelen asomarse por el local, ubicado en la plaza de Rodrigo de Padrón, hay pandillas y hasta familias que buscan estirar una sobremesa iniciada por la zona. Muchos son turistas que llegan recomendados por restaurantes y hoteles, otros son habituales que acaban en sus mesas el paseo dominical, y también es un punto de referencia para profesionales de la hostelería que solo tienen libres las tardes del séptimo día para descansar. Siempre hay música ambiente, pero sin estridencias, y si hay un evento deportivo relevante se puede seguir en las pantallas, aunque tampoco se convierte en el centro de atención. Los sofás son lo más buscado para tomarse un café o para lanzarse a saborear un combinado diferente. Los domingos, aseguran, son el mejor momento para probar algunas de las elaboraciones más sofisticadas a un ritmo diferente al que marcan las noches, que siempre son más movidas.

La gramola, en Pontevedra

Situada en una de las más emblemáticas plazas del casco histórico pontevedrés, la de Méndez Núñez, se ubica la terraza de La Gramola, un entorno que cada domingo por la tarde se llena de parejas, matrimonios con hijos, pandillas de amigos… que disfrutan de unas consumiciones ante la perenne presencia de la escultura erigida en homenaje a Valle-Inclán. Marta González, responsable del local, reconoce que son jornadas en las que se trabaja bien dado que cada vez son más los pontevedreses que optan por «copetear a primera hora de la tarde, justo después de comer, cuando aún no es de noche, además de que también pueden estar con los críos».

Además, no cabe duda de que las altas temperaturas que ha traído el inicio del otoño contribuyen a animar el terraceo, aunque, eso sí, en La Gramola son conscientes de que el buen tiempo tiene los días contados y están preparados para el previsible bajón en las mismas: «Tenemos las estufas, las mantas… Todo preparado». Lo que permanece inmutable año tras año es el hecho de que el gin tonic, y en menor medida la coctelería, sigue siendo el rey de estas sesiones vespertinas. Y si se le pregunta a Marta por su receta favorita, lo tiene claro. «Para mí el ideal es el básico. Corteza de limón, un buen hielo, una ginebra normalita y una tónica».

Acio, en Ourense

El Acio, por si fuera poca la apertura dominical, también abre los lunes. Pero no es esa doble función salvavidas la que lo ha situado entre los mejores de la zona de vinos de Ourense (en la calle Fornos), sino la buena mano de Luz Rosendo en la cocina. Abrió en agosto del 2015 y al año siguiente ya arrasó en los concursos de pinchos. No se bajaron del podio hasta que, por iniciativa propia, decidieron dejar de participar. No solo se imponían en la variable del jurado, sino que también ganaban en la votación popular. Es decir, éxito de crítica y público. Empezó apostando por pinchos muy trabajados y ahora se inclina más por raciones, del bollito de chipirón al bacalao desmigado. Los domingos a mediodía son días de mucha actividad. No llega a la intensidad del sábado por la noche, pero es notable, con amigos de todos los días, «cuya presencia me hace cada día más feliz, algo que hace años, cuando empezábamos, no imaginaba que pudiera ocurrir», dice Luz, siempre pendiente de que la maquinaria funciones y de que la cocina esté a la altura de su ganada fama. A ras de calle, terraza y barra, con el producto a la vista. Escaleras arriba, mesas en plan más formal. O no... Aquí, por cierto, cierran los miércoles.

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