«A Galicia la llevo en todo, y desde que soy padre más»

Acaba de embarcarse en un crucero rumbo a «Yucatán», en una comedia que descubre su otra cara. Ganador de tres Goyas, Luís Tosar tiene su gracia. Y un hijo de 3 años que al que no deja de hablarle gallego, «para que teña un pouco de memoria».


Nació un día 13 y su color es el del drama, el género que le vio crecer en pantalla desde su debut en Mareas vivas hace veinte años, cuando impartía justicia con calma en Portozás. «Mi color favorito probablemente es el negro. Suelo ir de negro. Me gustan mucho las cosas negras. No sé qué significará eso... pero es así. Es un color muy presente en mi vida», revela Luís Tosar (Cospeito, 1971), que acaba de embarcarse en una comedia en la piel de un estafador, «un rompepelotas profesional», cuenta. Una de las mejores noticias que pueden darte en un lunes sin sol es que vas a hablar con Luís Tosar. (La peor, que tienes 10 minutos).

-El estreno de «Yucatán» nos descubre a un Tosar irreconocible a primera vista. Nos hemos acostumbrado a verte en thriller y drama, pero tienes tu vis cómica...

-Hay drama, thriller, comedia, pero las líneas son muy finas... En Yucatán tiramos hacia ese lado de la comedia, aunque no es tampoco una comedia de chistes. Es una película que tiene ingredientes de thriller y emocionales, algo que a Daniel Monzón se le da muy bien. Deja que la gente navegue por aguas diferentes. Es un recreo para el espectador. Ahí estamos un montón de actores, algunos más especializados en comedia, otros menos, pero todos al servicio de un guion que es casi una pieza de relojería suiza. Hay una trama de enredo con una estafa de por medio y subtramas que se van sucediendo en un espacio peculiar, que es un crucero, que ya de por sí tiene una especie de ecosistema particular.

-¿Un guiño a «Vacaciones en el mar» o tira a «Algo supuestamente divertido que nunca más volveré a hacer», en plan golpe al turismo de cruceros?

-Jajaja... A ver, la de crucero es un tipo de vacación que uno tiene que estar dispuesto a afrontar. Son muchos días de encierro con la misma gente. Y en nuestro caso, que empezamos a rodar en Recife, en Brasil, por el Atlántico no tienes mucha movilidad. Estás como en un cascarón, ¡y no puedes salir de ahí! Entonces, más te vale que tengas ciertas dotes de convivencia, si no la cosa se puede complicar.

-En este viaje te hemos visto hasta bailando, y no solo.

-Hay muchos ingredientes musicales. La peli tiene una banda sonora muy poderosa, con unos cuantos números musicales, que vienen de la mano de ese mundo que se recrea en los cruceros, con todo un cuerpo de música y de baile, por cierto real. Un equipo increíble de gente. En el caso de mi personaje, Lucas, es un rompepelotas profesional que hace su numerito personal pero básicamente para desequilibrar a Rodrigo de la Serna (Clayderman), que fueron amigos y que están claramente enfrentados a lo largo de la historia.

-El lema es «olvídate de todo y disfruta». De eso se trata...

-Sí, pero de fondo hay una reflexión sobre el mundo de hoy. En torno al mundo de los últimos años, con todos los desastres financieros que se han ido sucediendo.

-¿Sientes que el dinero puede llegar a ser una maldición?

-En muchos casos sí. ¡También puede ser una bendición, eh! A veces te cae un dinero del cielo, te soluciona la vida y menos mal... Pero, por desgracia, el dinero provoca cosas impensables. Fíjate, por ejemplo, en las herencias, cómo pueden complicarse las cosas con la familia, con hermanos... Y eso te invita a pensar sobre la condición humana, sobre cómo podemos llegar a ser ante un pedacito de papel.

-Entonces no eres de los que sueñan con que les toca una lluvia de millones en la lotería, ¿no?

? ¡Nononono! Yo, en principio, prefiero ganar mi dinero a base de trabajo y de esfuerzo. Es importante que uno sepa con qué juega. Pero estas cosas que caen así del cielo... no sé. Mejor algo más asequible para que uno lo sepa manejar. Evidentemente casi todo el mundo sueña con poder hacer un superviaje en un momento dado... pero creo que ese tipo de cosas suelen traer otras detrás.

-Te invito a saltar atrás, a finales de los años noventa, a esa vila mariñeira en la que te conocimos muchos gallegos, Portozás. Antes de «Celos», «Flores de otro mundo», «Los lunes al sol», «Te doy mis ojos», «Celda 211» o «Cien años de perdón», estuvo «Mareas vivas», esa serie que batió récords de audiencia en Galicia. ¿Qué queda de aquel Tosar, de aquel juez tan riquiño que enamoraba a un pueblo y se enamoraba de Isabel Blanco?

-Mucho. Queda mucho. Yo estaba en plena efervescencia profesional. Empezaba en Mareas vivas, era el año 98, y estaba al tiempo rodando Flores de otro mundo con Icíar Bollaín, que fue la película anterior a Te doy mis ojos. Llevaba años trabajando sobre todo en teatro, y haciendo algunas cosillas de televisión. Fue el momento de efervescencia. Lo recuerdo como un momento muy bonito, muy especial, porque empezaron a salir las cosas bien después de llevar mis años luchando. Mareas vivas fue un bum, un fenómeno televisivo en su momento, un poco revolucionario; yo jamás había hecho televisión antes. Con ese equipo, además, sigo coincidiendo en pelis... Con el rodaje de Quien a hierro mata en Coruña [donde se mete en la piel de un enfermero de Cambados] coincidimos gente de Mareas. Es bonito saber que perdura, que muchos seguimos todavía en el negocio.

-Has vuelto a rodar en Galicia también con Dani de la Torre, en otro de los estrenos en que podremos verte este otoño, «La sombra de la ley». ¿Te veremos de poli en los años 20?

-Sí, de entrada es un policía, pero es un papel un poco extraño, porque se va descubriendo a lo largo de la historia qué es realmente este hombre... Es una peli de gánsteres (El resto lo reservamos, de momento).

-Un diálogo para marcar: «Yo no me fío de los hombres que no tienen ideales», le dice ella a él. Y él (tú) responde: «Y de los que los tienen tampoco». ¿Pecamos de desconfiados?

-Bueno... a veces nos fiamos mucho, y, en fin, hay que tener cuidado.

-Galicia está en tu ADN, en tu carrera, y en el corazón de una denuncia visible en tu discurso al recoger el Goya al mejor actor en el 2003. Imborrable el rastro de esas palabras: «A ese señor bajito quiero decirle que si quiere petróleo no tiene que ir a Irak: solo tiene que venir a Galicia y recogerlo», fue tu dardo a Aznar. ¿Qué significa Galicia para ti? ¿La sigues llevando contigo allá donde vas?

-A Galicia la llevo en todo. Y además, ahora que soy padre, desde hace muy poquito, hace menos de tres años, con mi hijo más. Puede parecer misión imposible viviendo en Madrid, que mi hijo llegue a hablar gallego, pero tengo la esperanza de que al menos pueda entenderlo bien. Yo hablo con él permanentemente en gallego. Y él chapurrea algunas palabras... a ver, probablemente él acabe hablando castellano, ¡y además madrileño!, pero, mira, que polo menos teña un pouco de memoria [risas].

-Hace unos años te entrevistamos en YES ante el estreno de «El desconocido» y de tu paternidad. Y nos confiaste: «Con la paternidad la naturaleza me dijo: ‘Colega, no lo controlas todo’». A León le vimos, como quien dice, nacer, y hoy le «oímos» hablar. ¿Cuál es su palabra favorita? A palabra galega que máis lle gusta ao teu fillo?

-De momento, can! É que lle gusta moito ver La patrulla canina...

-¿Has dicho tú eso de: «Tengo tendencia al aburrimiento, por eso soy actor»?

-Sí, lo del aburrimiento debo haberlo dicho yo, porque creo que la magia de este oficio está en ir cambiando continuamente de vida, de tercio. Te da la oportunidad de acceder a mundos que son a veces muy privados y muy profesionales y que, de alguna manera, te estarían vetados si te dedicases a otra cosa; son muchas cosas que tú luego vas a intentar mostrar en las películas...

-Hemos leído que fue gracias a las monjas y las chicas que descubriste el teatro...

-Sí, es verdad, cuando era pequeñito, yo andaba metido en las Marianas Vicencianas. Fue antes de entrar en el instituto, en el cole. Había muchas actividades, de teatro, de música... Nosotros estábamos allí un grupo de chavales, íbamos a un colegio masculino, y la única oportunidad de compartir tardes con chicas pues era esa de las Marianas Vicencianas...

-«Te doy mis ojos» nos reveló que el miedo es de color violeta. ¿Por qué color apuestas? ¿Cuál es tu favorito?

-Mi color favorito probablemente sea el negro. Me gustan mucho las cosas negras. No sé qué significará eso... Pero es un color muy presente en mi vida.

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