Pidieron una abuela... ¡y ya la tienen!

YES

Gladys Vázquez / Jorge García

ABUELA HAY MÁS QUE UNA Mari Carmen conoció la historia de Samira y Lukaz en YES y no se pudo resistir. Ellos buscaban un referente y ella sintió la llamada. Después de cinco meses, comparten momentos de complicidad, confidencias y mucha diversión

02 jun 2018 . Actualizado a las 18:06 h.

Hace cinco meses, el sábado 27 de enero del 2018, Mari Carmen se disponía a leer con calma la revista YES. Un ritual para ella que ese día le produjo un sobresalto, pero de los buenos. Uno de los relatos le dio en lo más hondo del corazón. Era la historia de la familia de María, una coruñesa que pedía un abuelo para sus pequeños Lukaz y Samira. Por diferentes circunstancias, sus niños no pueden tener cerca este referente, así que cuando descubrió la plataforma Quiero un Abuelo, no lo dudó y se apuntó.

Mientras, Mari Carmen en su casa se enamoraba de la carita de Sami, pero también de la historia que transmitía su madre. María contaba la importancia que había tenido su abuela en su infancia y todos los valores que le inculcó. Mari Carmen, ávida lectora, cogió el teléfono para hablar como fuese con La Voz de Galicia. Quería ser la abuela de Lukaz y Samira. «Cuando nos pusisteis en contacto, enseguida me transmitió que estaba deseando conocerlos y comprobar si los niños la querían como abuela», explica Leticia, la mente de quierounabuelo.es. Así se fraguó la mágica relación entre esta mujer de casi 80 años y los pequeños Samira y Lukaz, de siete y cinco. «Cuando nos conocimos todo fue natural. Fuimos a tomar un chocolate y me sorprendieron, porque me habían dicho que al principio era difícil empatizar. Sin embargo, enseguida se sentaron a mi lado como si me conociesen», explica Mari Carmen, que nos recibe en su casa de Bergondo, donde está pasando la tarde con sus nuevos «nietos». Allí comprobamos cómo los niños la llaman con naturalidad «abuelita Mari Carmen». Y es que ese jardín es el festival de la diversión. «La segunda vez que nos vimos, Lukaz me llamó abuela de forma natural. Y me preguntó por qué no iba a su casa. A mí mi abuela también me inculcó grandes valores. Tengo casi 80 años y no lo olvido. Estos niños me dan alegría, cariño y amor. Todo de forma desinteresada», explica Mari Carmen sin olvidar un detalle: «Oye, que yo tengo nietos: de 34, 30 y 10 años y son maravillosos. Ahora Samira y Lukaz me dan aún más ganas de seguir viviendo».

Los pequeños se hacen en poco tiempo con la casa de Mari Carmen. Tanto que nos saludan desde el balcón o deciden dar decenas de volteretas por su cuidado césped. Ella no lo duda. Si los niños se tiran en el campo, ella también. Lukaz, en su salsa, nos explica. «La abuelita Mari Carmen es muy buena. Peina a las muñecas conmigo», dice con sonrisa pilla. Mari Carmen no se queda atrás. «Él es mi jefe de peluquería y yo su empleada. Vamos a hacer una exposición de nuestros trabajos». La nueva abuela juega del mismo modo con Samira y también la aconseja. «Cuando tiene algún disgusto propio de la edad le digo que uno solo tiene una vida, que hay que sonreír y que mañana será otro día». La madre, María, observa satisfecha la escena. Asegura que no les impuso nada a los niños. Que Mari Carmen es un terremoto y que los pequeños están encantados. Leticia, como intermediaria, ha sido testigo de estos últimos cinco meses de relación. «Es mágico. Tienen una gran complicidad y todo ha surgido poco a poco, así que es perfecto. Desde que se publicó el reportaje, muchas familias se han unido a Quiero un Abuelo, pero tengo que decir que aún nos faltan abuelos, sobre todo en las capitales de provincia». Y es que a los mayores gallegos les cuesta unirse a un proyecto que encaja perfectamente con la realidad demográfica de Galicia. «Pueden inscribirse padres y mayores. Les ponemos en contacto y, si hay conexión, todo fluye de forma natural. Ellos establecen la relación que quieren tener. El fin es que los niños tengan ese referente y que los mayores vuelvan a contagiarse de la ilusión y que disfruten de algo mágico como están haciendo Lukaz, Samira y Mari Carmen», explica Leticia.

Mientras charlamos, niños y abuela hacen de las suyas. «Son unos chavales maravillosos y pronto, en vacaciones, tendremos más tiempo. ¡Yo ya le he dicho a todo mi entorno que se apunte! Hay que aprovechar la vida», dice Mari Carmen.

Así es como Mari Carmen conoció a Lukaz y a Samira y como poco a poco se ha ido fraguando el cariño. «Ellos no paran de hacerle dibujos y hablan mucho de ella. Qué más se puede pedir», apunta Leticia.