Pidieron una abuela... ¡y ya la tienen!

ABUELA HAY MÁS QUE UNA Mari Carmen conoció la historia de Samira y Lukaz en YES y no se pudo resistir. Ellos buscaban un referente y ella sintió la llamada. Después de cinco meses, comparten momentos de complicidad, confidencias y mucha diversión

Pidieron una abuela, ¡y ya la tienen! La familia de Samira y Lukaz se sumó a la iniciativa de Quiero un Abuelo, la plataforma que conecta a mayores y pequeños sin lazos de sangre. Ellos contaron su historia en YES y de ahí surgió su relación con Mari Carmen

Hace cinco meses, el sábado 27 de enero del 2018, Mari Carmen se disponía a leer con calma la revista YES. Un ritual para ella que ese día le produjo un sobresalto, pero de los buenos. Uno de los relatos le dio en lo más hondo del corazón. Era la historia de la familia de María, una coruñesa que pedía un abuelo para sus pequeños Lukaz y Samira. Por diferentes circunstancias, sus niños no pueden tener cerca este referente, así que cuando descubrió la plataforma Quiero un Abuelo, no lo dudó y se apuntó.

Mientras, Mari Carmen en su casa se enamoraba de la carita de Sami, pero también de la historia que transmitía su madre. María contaba la importancia que había tenido su abuela en su infancia y todos los valores que le inculcó. Mari Carmen, ávida lectora, cogió el teléfono para hablar como fuese con La Voz de Galicia. Quería ser la abuela de Lukaz y Samira. «Cuando nos pusisteis en contacto, enseguida me transmitió que estaba deseando conocerlos y comprobar si los niños la querían como abuela», explica Leticia, la mente de quierounabuelo.es. Así se fraguó la mágica relación entre esta mujer de casi 80 años y los pequeños Samira y Lukaz, de siete y cinco. «Cuando nos conocimos todo fue natural. Fuimos a tomar un chocolate y me sorprendieron, porque me habían dicho que al principio era difícil empatizar. Sin embargo, enseguida se sentaron a mi lado como si me conociesen», explica Mari Carmen, que nos recibe en su casa de Bergondo, donde está pasando la tarde con sus nuevos «nietos». Allí comprobamos cómo los niños la llaman con naturalidad «abuelita Mari Carmen». Y es que ese jardín es el festival de la diversión. «La segunda vez que nos vimos, Lukaz me llamó abuela de forma natural. Y me preguntó por qué no iba a su casa. A mí mi abuela también me inculcó grandes valores. Tengo casi 80 años y no lo olvido. Estos niños me dan alegría, cariño y amor. Todo de forma desinteresada», explica Mari Carmen sin olvidar un detalle: «Oye, que yo tengo nietos: de 34, 30 y 10 años y son maravillosos. Ahora Samira y Lukaz me dan aún más ganas de seguir viviendo».

Los pequeños se hacen en poco tiempo con la casa de Mari Carmen. Tanto que nos saludan desde el balcón o deciden dar decenas de volteretas por su cuidado césped. Ella no lo duda. Si los niños se tiran en el campo, ella también. Lukaz, en su salsa, nos explica. «La abuelita Mari Carmen es muy buena. Peina a las muñecas conmigo», dice con sonrisa pilla. Mari Carmen no se queda atrás. «Él es mi jefe de peluquería y yo su empleada. Vamos a hacer una exposición de nuestros trabajos». La nueva abuela juega del mismo modo con Samira y también la aconseja. «Cuando tiene algún disgusto propio de la edad le digo que uno solo tiene una vida, que hay que sonreír y que mañana será otro día». La madre, María, observa satisfecha la escena. Asegura que no les impuso nada a los niños. Que Mari Carmen es un terremoto y que los pequeños están encantados. Leticia, como intermediaria, ha sido testigo de estos últimos cinco meses de relación. «Es mágico. Tienen una gran complicidad y todo ha surgido poco a poco, así que es perfecto. Desde que se publicó el reportaje, muchas familias se han unido a Quiero un Abuelo, pero tengo que decir que aún nos faltan abuelos, sobre todo en las capitales de provincia». Y es que a los mayores gallegos les cuesta unirse a un proyecto que encaja perfectamente con la realidad demográfica de Galicia. «Pueden inscribirse padres y mayores. Les ponemos en contacto y, si hay conexión, todo fluye de forma natural. Ellos establecen la relación que quieren tener. El fin es que los niños tengan ese referente y que los mayores vuelvan a contagiarse de la ilusión y que disfruten de algo mágico como están haciendo Lukaz, Samira y Mari Carmen», explica Leticia.

Mientras charlamos, niños y abuela hacen de las suyas. «Son unos chavales maravillosos y pronto, en vacaciones, tendremos más tiempo. ¡Yo ya le he dicho a todo mi entorno que se apunte! Hay que aprovechar la vida», dice Mari Carmen.

Así es como Mari Carmen conoció a Lukaz y a Samira y como poco a poco se ha ido fraguando el cariño. «Ellos no paran de hacerle dibujos y hablan mucho de ella. Qué más se puede pedir», apunta Leticia.

Yo quiero un abuelo

Gladys Vázquez
Yo quiero un abuelo Una granadina afincada en Narón pone en marcha una plataforma para unir a pequeños y mayores sin lazos familiares. María busca para sus niños una figura que tiene muy lejos de casa

UNA FIGURA IMPRESCINDIBLE. Samira y Lukaz no piden mucho: quieren un mayor cerca que les acompañe en su día a día, en sus juegos y en su educación. Lo están buscando a través de una plataforma en Internet.

Más que moverse, Samira revolotea. Tiene 7 años. Sus ojos desprenden curiosidad al ojear los libros de Moito Conto, una de sus pasiones. Es extrovertida, pero marca las distancias típicas de su edad cuando se le presenta un desconocido. «Lukaz no puede venir. Está malo», susurra preocupada. Se refiere a su hermano, de 4 años. ¿Qué te parecería tener un nuevo abuelo o abuela?, le preguntamos. «Bien», dice sonriente mientras mira cómplice a su madre. Y es que esta es una de las familias que se han unido en Galicia al proyecto de Quiero un Abuelo. Una plataforma que une a esas personas que no tienen ese referente cerca o a mayores que buscan tener la compañía de los más pequeños. María y su marido Mariusz descubrieron el proyecto en la red y sintieron que encajaban. «Los abuelos paternos viven en Polonia y mi madre en Dumbría. Mis niños no pueden estar con ellos a diario así que, cuando descubrí esta plataforma pensé ‘es lo que necesito para mis hijos’», explica. La siguiente pregunta es inevitable: ¿por qué introducir a un desconocido en la familia? «Yo confío en la gente. Los valores que transmiten los abuelos son fundamentales. En este mundo tan rápido, la pausa de un abuelo es muy importante. En Galicia hay muchas personas solas. Necesitan compañía. Y los mayores tienen lo más bonito: ¡su tiempo!», comenta esta madre de 38 años que creció con su abuela materna como referente. «Esa figura no la puede suplir nadie. Me acompañó toda la infancia y adolescencia y quiero algo así para Lukaz y Samira».

Seguir leyendo

Votación
7 votos
Comentarios

Pidieron una abuela... ¡y ya la tienen!