Marcha atrás


Manuel Fraga también tenía una idea fija sobre el condón. Habló de él al menos en dos ocasiones con tanta claridad que fijó un estándar teórico que por lo visto sigue vigente. En 1989 amaneció un martes en Vigo dispuesto a merendarse al tripartito de Laxe. Sabido es que lo consiguió. Aquellos días, la Xunta fomentaba el uso del preservativo mientras una generación caía tiroteada por el sida. En la campaña de la Consellería de Sanidade aparecía un condón con pinta de haber sido usado y la frase «así da gusto», una indicación de salud pública que conectó con la Galicia más lógica y que escandalizó a la más conservadora. Frente a un tripartito crepuscular, Fraga calentó al coso antes de dar la vuelta al ruedo. «La campaña es una mierda y una vergüenza», proclamó aquel día sin pizca de remordimiento. «Esos instrumentos son una barrera para el placer y una telaraña para el contagio, por razones científicas y de decencia». Su teoría se podía haber entendido como una intolerable revisión del conocimiento y la fe, una claudicación de la separación de Iglesia y Estado pero todos para los que fue presidente callaron y otorgaron.

No fue la última vez que Fraga teorizó sobre el condón. En el año 2005, ya paseado y hundido el Prestige y con indicios ciertos de un fin de era, Fraga insistió en su teima. Su intercesión fue por la ortodoxia de aquella Iglesia, después de que Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, amagase con aceptar el preservativo «en un contexto de prevención integral del sida». Aquel Vaticano censuró con estruendo al iluso Camino y encontró en Manuel Fraga un apóstol sin grietas. «Yo, desde luego, que toda mi vida, como es sabido, he dicho las verdades sin condón, pienso morirme sin ponerme ninguno». De nuevo el presidente enredaba su persona con el canon, aunque en la práctica resultase imposible evitar la imagen que proponía: él profiriendo cosas y un preservativo actuando de bozal.

Algo de aquella aversión al condón ha debido de quedarse en las estructuras de la Xunta, tantos años gobernada por el PP. Como si una costra rancia se resistiese a desaparecer. Solo ese poso acre explicaría que una institución de salud pública como el Sergas pretendiese recomendar la marcha atrás para no preñar y el método Ogino como garantía de contracepción. La propuesta contraría a todos los profesionales que desde que Fraga presumía de vivir sin condón han educado a los ciudadanos para que tengan una sexualidad responsable y gozosa. Una sexualidad en la que los hombres usan condón por los mismos motivos por los que no los usaba Fraga: por razones científicas y de decencia. Sexo seguro, placentero y, por favor, sin marcha atrás. El sexo que se merece una sociedad moderna a la que, en general, no le gustan los coitus interruptus.

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