La maldición de la belleza


Expone en Madrid la Fundación Mapfre el trabajo del fotógrafo Nicholas Nixon (Detroit, 1947), que en el año 74 empezó a retratar a su mujer y a sus tres hermanas y que no ha dejado de hacerlo desde entonces. Son estampas en blanco y negro de cuatro personas que van envejeciendo sobre el papel y que se han convertido en una representación del paso del tiempo y de la fugacidad de la belleza. En los 42 retratos de la serie Las hermanas Brown, Nixon ha tratado de reproducir sin variaciones las condiciones en las que tomó aquella primera instantánea con su mujer Bebe y sus hermanas Heater, Mimi y Laurie exhibiendo una juventud gloriosa y esa belleza pacífica que concede el bienestar. Todas las fotos son en blanco y negro, tiradas con una cámara de placas de 8 ? 10 pulgadas, con trípode, iluminación natural y la misma composición. Una puesta en escena deliberadamente controlada, rígida y estática que sirve para que de forma mágica contemplemos algo que a diario se nos escapa: el ruido que hacemos al envejecer y la velocidad extrema a la que avanza el tiempo. Pero es que además Bebe y sus hermanas son mujeres y son hermosas, con lo que el experimento incorpora elementos adicionales que explican por qué estas fotografías son tan hipnóticas. Nixon estuvo en Madrid estos días y en una de las entrevistas recordó un encuentro con una mujer joven y bella que merodeaba los 40 y que acudió a él atormentada por la gestión que enseguida tendría que hacer de la superación de su esplendor físico. El fotógrafo interpretó que la muchacha llevaba cuarenta años atrapada por su atractivo y que su evaporación la liberaría, como si la belleza fuera un regalo que las mujeres tuviesen la obligación de pagar o un corsé del que conviene desprenderse cuanto antes.

Se estrena también estos días la película Nico,1988, un recorrido por los últimos y deprimentes meses de vida de la cantante y modelo alemana Christa Päffgen, para la historia musa inspiradora de la Velvet, y para algunos españoles de los setenta, la rubia de los anuncios de Terry. El mito de Nico lo apuntalan su participación en el primer disco de la Velvet Underground (en contra del criterio de Lou Reed y por imposición de Warhol), su presencia en La Dolce Vita, sus relaciones con Jackson Browne, Jim Morrison, Brian Jones o Bob Dylan y su maternidad fruto de un affaire con Alain Delon, que nunca reconoció a la criatura. Nico murió consumida por su adicción a la heroína y con su apabullante presencia diezmada, y es precisamente cuando la mirada ajena ya se había retirado de su rostro cuando confiesa: «No era feliz cuando era guapa».

Resulta desconcertante la cantidad de mujeres hermosas que han percibido ese don como una contrariedad. Isabella Rossellini, actriz e imagen de Lancôme durante dos décadas, confesaba al llegar a los cincuenta: «La belleza es una maldición y a mí solo me ha causado dolor» y Hedy Lamarr, ingeniera, superdotada y actriz, catalogada como «la mujer más bella de la historia del cine», concluyó: «Cualquier chica puede ser glamurosa; solo debe quedarse quieta y parecer estúpida». Lamarr inventó un sistema de comunicación que es el embrión del WiFi.

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