Cinco pares de gemelos... ¡en una clase!

INAUDITO En esta clase no hay repetidores. Hay repetidos. En el colegio público Labaca de A Coruña hay diez gemelos en una sola clase de 25 niños de primero de infantil. Un caso único, al que YES suma dos pares de trillizos. ¿Mejor juntos o separados por aulas?


La profesora pensó que veía doble. «Inés y Julia son idénticas. Nos salvamos porque tienen el nombre bordado en el mandilón», asegura Lourdes Teixeira, titular de primero de infantil del colegio público Labaca de A Coruña. Puede decirse que se ha convertido en una docente de récord. «Llevo 30 años de profesión y jamás había coincidido un caso así. Lo hablé con otras colegas y, a lo sumo, alguna me dijo que en una ocasión tuvo dos pares de gemelos en clase. Esto es algo inaudito», confiesa. Inés y Julia Peinado Vázquez son gemelas, al igual que Rodrigo y Simón Paz Amigo. Lucas y Olivia Suárez Márquez, Lucía y Jacobo Martínez Lago, y Gaia y Leo Antolini Nieto son mellizos. De los 25 niños de 3 años del curso, 10 son hermanos. Y van a estar juntos hasta sexto de primaria, porque en este pequeño colegio de 102 años de historia, ubicado en la céntrica calle Juan Flórez, tan solo hay un aula por curso. «Aquí no hay controversia sobre si es mejor que estudien juntos o separados. Hay teorías para todos los gustos. Eso sí, cuando hago dos grupos, por ejemplo, doce para jugar con plastilina y trece para pintar, procuro separarlos», afirma la profesora que, aun así, defiende que hay que fomentar la individualidad de cada niño. «Por ejemplo, es mejor vestirlos diferentes. Si son gemelos no tienen por qué ser iguales», apunta. Los pequeños se encuentran ahora en el clásico período de adaptación. Es su primer año en el cole de mayores. «Estas semanas hasta viene bien. Es una ventaja que vengan con su hermanito, aunque salvo unas, que están todo el día juntas, el resto va cada uno por libre», asegura la profesora.

UNA ZONA SINGULAR

«Falei cos compañeiros da asociación de directores e non coñecen precedentes de cinco pares de irmáns nunha mesma aula», destaca el director, Andrés Soto, que acumula 27 años de profesión. Además, añade otro dato que hace que este caso sea todavía más singular. «Estamos nunha zona moi concreta e reducida a catro rúas no mapa escolar. Non sei se nalgún centro grande doutra cidade podería darse un caso semellante, pero é difícil. Isto é un acontecemento», resalta el máximo responsable del centro educativo coruñés en el que están matriculados 235 alumnos entre los tres cursos de infantil y seis de Primaria.

Tras estar unos minutos en una clase de infantil llegas a la conclusión de que, ganen lo que ganen, los docentes están mal pagados. Lourdes cuenta con el apoyo de Andrea Arantón, profesora en período de prácticas. Les pedimos que nos ayuden para juntar a las cinco parejas de gemelos para la foto. Cuando parece que lo vamos a conseguir, uno se pone a llorar. Cuando se calma, otro se escurre intentando escapar de la sesión. Miran al periodista y al fotógrafo con esa cara tan difícil de describir de los pequeños de infantil. No sabes si les agrada tu presencia o no. Tras las fotos en el interior del aula probamos suerte en la zona exterior. Los otros quince niños juegan en el patio. Aparece la madre de una de las parejas de gemelos para intentar tranquilizar a uno de sus hijos. La cosa va a peor. El pequeño coge una moto de juguete y arranca a la velocidad de Valentino Rossi sin dejar de llorar. Esta es un misión imposible y no la de Tom Cruise.

Decidimos abandonar y dejar que la clase vuelva a la normalidad. Dentro de poco llegarán cinco madres o padres a buscar a niños de dos en dos. En este curso del colegio Labaca los pequeños no son repetidores. Son repetidos.

FRAN Y BELÉN, TRES TRILLIZOS Y UNO MÁS: «En casa son como el perro y el gato, pero fuera se defienden siempre». Van juntos al colegio.

A veces la vida se pone estupenda, rompe previsiones y por poner pone a prueba hasta el refranero: No hay uno sin tres. Les pasó a Fran y a Belén. Tenían a Óscar, el primogénito, fueron a por la niña y ¡zas, llegó Noelia! Eso sí, con dos compis de saco amniótico, Diego y Rubén. Estos tres futboleros son los trillizos de Vilalba, dos gemelos niños y una melliza, tres hijos «únicos» que nacieron a la vez, con minutos de diferencia. «Nosotros felices ?afirma su madre, Belén?. A veces son como el perro y el gato, llegas a la noche reventada, pero es una maravilla verlos crecer juntos. Aprenden a jugar, a cuidarse, a todo... y se pelean por los juguetes y la Play. Yo quiero mucho a mi hermano, ¡y recuerdo que de niños andábamos a zapatillazo limpio!».

Vivir entre hermanos es una escuela para la vida, dicen. Óscar ?a sus 13 años a la cabeza del dream team de este hogar?; Noelia, Diego y Rubén (9 años) tienen la escuela en casa, no porque su madre sea profesora («En casa no hay manual», advierte ella), sino por lo pedagógica que es en sí la experiencia diaria. «Cada uno tiene su personalidad. Y no aplicas con los tres la misma educación, porque lo que vale para uno no te vale para otro. Los valores familiares sí son los mismos, pero no actúas igual. Según responde cada uno, actúas tú», cuenta Belén. Lo ideal, dice esta mujer que lo vale por tres, es que cada uno tenga su espacio. «Pero, a ver, ¿dónde lo busco yo?», plantea quien admite que tres se salen de dos manos, que con trillizos lo importante es lo importante («que estén sanos»), se relativizan muchas cosas y se hacen otras que con un único hijo ni se te ocurre hacer. Necesidad obliga... y a veces acaba siendo un placer.

A clase van juntos desde que pusieron en el cole el primer pie: «No siempre tienes opción. En nuestro caso no la hubo, había dos aulas y no iba a separar a uno de los otros dos... Pero separarlos puede irles bien». Ellos no lo habrían descartado, «porque Noelia al principio controlaba mucho a sus hermanos, tenía esa responsabilidad, y separarlos puede funcionar» si hay una relación de dependencia.

GEMELOS PERO ÚNICOS

La niña fue la primera en nacer, «la más pequeña ¡que hoy es la más grande!». Única. «No da el brazo a torcer. Ella es completamente diferente. Los gemelos no son idénticos, pero mucha gente no los distingue. ¡De bebés ni yo podía! A cada uno le ponía una pulserita de un color...», cuenta Belén. Únicos también Diego y Rubén. Así los pintan quienes les conocen bien: «Rubén es un bulebule que se preocupa por todo. Diego es quizá el más cariñoso, y el más suyo con la ropa. A él no le vale cualquier cosa, si su anorak es el negro y el de Rubén el azul... no se lo vayas a cambiar». ¿Lo mejor de tener trillizos? «Sobre todo, los momentos pequeñitos. Un beso, un abrazo... o estar medio dormida en el sofá y verlos por el rabillo del ojo, cómo uno les dice a los otros: ‘Ssshhh, ¡no despiertes a mamá!’. Es mucho trabajo, pero vale la pena».

TRES TRILLIZOS EN TRES EN TRES CLASES

En A Coruña hay otros trillizos muy conocidos, tanto que los vamos a dejar descansar un poco del anonimato de la foto, pero son también nuestros claros protagonistas. Seguro que se los han cruzado alguna vez por la calle, ahora han cumplido los 4 años, y como sucede en el caso anterior, también llegaron por sorpresa... calculada. Sus padres, Begoña y César, habían programado todo para que su primer hijo, Javier, tuviera una hermanita, justo cuando él había cumplido los dos años, pero tan calculada estuvo la operación matemática que se multiplicó por tres. Y en lugar de ver todo de color de rosa, la habitación, mejor dicho, toda la casa se inundó de azul. Esos cuatro chicarrones hoy van al cole, y los pequeños -los trillizos-, que ahora cursan el segundo año de infantil, se han escolarizado en clases separadas. «Es lo que nos recomendó el colegio, dado que teníamos la opción porque en cada curso hay tres clases -indica Begoña-. A nosotros nos pareció bien, pero siempre nos dieron la posibilidad de que los tres fueran juntos». «Pese a estar muy unidos, nuestros hijos son también muy independientes, y lo llevan muy bien. Sin embargo, lo que jamás hubiéramos hecho si llega a haber dos clases es repartirlos, o los tres juntos o los tres separados», apunta. Claro que tres en tres clases (además del mayor) supone reunirse con cuatro tutores distintos, tener compañeros distintos, padres de los amiguitos distintos, grupos de WhatsApp distintos... ¿Y los cumpleaños? ¿Son distintos? «¡No te imaginas el caos que tengo en mi móvil ?bromea Begoña?, creo que ahora mismo puedo tener diez grupos funcionando solo de ellos (entre el fútbol, sus fiestas...), pero lo de los cumples lo han entendido muy bien: cada uno va solo al de los compañeros de clase y procuro hacerlo, aunque eso suponga más manos atendiendo su agenda, porque entre llevarlos y traerlos de tanta fiesta a cada uno es una locura». Lo dice ella, que este año para que soplasen los tres esa gran vela de los 4 -(nacieron el 8 de marzo, día de la mujer) ¡qué mujer esta!- tuvo también que multiplicar por tres a los amiguitos de cada curso: tres por 25 ¡75 niños invitados!

Begoña lo lleva todo afortunadamente con mucha tranquilidad, con toda la paciencia y no se complica nada el día a día. «¿Programar algo más?», se ríe sin dar más respuesta. Le llega con las sorpresas.

«Es mejor separarlos para que se enfrenten a las cosas por sí mismos»

Noelia Silvosa

El experto se moja y da respuesta al eterno dilema. Lo más importante, dice, es que cada niño desarrolle su propia personalidad. «Los escudos hay que romperlos, porque la dinámica de la vida siempre es nueva», asegura.

Sacarlos de su zona de confort y obligarlos a adaptarse al grupo son dos de las claves por las que José Manuel Suárez Sandomingo, presidente de la Asociación de Pedagogos de Galicia, considera que lo mejor es que cada hermano vaya en su propia clase. Solo así, asegura, los niños aprenden a no cobijarse «en lo que ya conocen, en lo que ya hicieron y en lo que el otro le puede ayudar» por mucho que los padres suelan preferir juntarlos «por intereses propios». La polémica está servida.

-La pregunta del millón. ¿Mejor juntos o separados?

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