El árbitro que lo está pitando

ES EL MÁS JOVEN DE PRIMERA Tiene 26 años, mide 1,90, y en su debut en la máxima categoría todos los ojos apuntaron hacia él; pero no solo por su físico espectacular: míster Los Yébenes 2010 le señaló un injusto penalti al Dépor. Javier Alberola no pasa desapercibido.

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Al contrario de lo que se podía leer en sus labios -«no lo tengo claro, no lo tengo claro», le susurraba por el pinganillo a su asistente- poco después de señalar ese discutible penalti en el área del Deportivo durante su partido contra el Levante, la parroquia (así, en femenino) sí que lo tiene claro: Javier Alberola Rojas (Ciudad Real, 1991) es el árbitro que lo está pitando en Primera División. En los tuits que se mandan los aficionados durante los partidos pueden leerse cosas como: «La segunda parte seguramente se va a retrasar porque el árbitro está haciendo unas series en el gimnasio». Su físico llama tanto la atención como su juventud.

Él le echa desparpajo y, como diría un cineasta, la cámara lo quiere. Unos morritos por aquí para mostrar su disgusto con un jugador, un guiño de ojos por allá en plan colegueo con otro... A ver quién se atreve a a sacarle a él la tarjeta roja, por mucho que un medio llegase a calificar su debut como «un arbitraje de pesadilla». El día en que le toque lidiar con el Real Madrid de Cristiano Ronaldo -y sobre todo con el tupé del portugués- habrá sobredosis de egos sobre el césped. Y es que pocos han llegado a la máxima categoría con su edad... y con su planta. La que, entre otras virtudes, le dio el triunfo hace un tiempo en un concurso de belleza en Los Yébenes. El Guapo del 2010 fue el título con el que se fotografió, aún no tan musculado cuando ya hacía sus pinitos como árbitro, una ocupación a la que se dedica desde los catorce años, porque le cogió gusto al asunto después de que le ofreciesen dirigir un partido amistoso que él iba a ver desde la grada. Desde entonces hasta ahora, una carrera meteórica lo precede: solo ha estado dos años en Segunda antes de plantarse en la máxima categoría española.

SEIS COMIDAS AL DÍA

Y habría que tirar de hemeroteca, pero parece difícil que otro árbitro de la Liga, donde abundan los currículos de pequeño empresario o trabajador de sector bancario, haya sido profesor de Grado Infantil, que es a lo que Javier quiere dedicarse cuando apruebe las tres asignaturas que le faltan y el fútbol se lo permita. De momento, necesidad no tiene: un arbitro de Primera División cobra 10.000 euros brutos al mes y otros 3.500 por cada partido que dirige. Atrás han quedado los tiempos -perdón García de Loza, perdón Guruceta Muro: a veces se generaliza demasiado y vosotros fuisteis unos auténticos adelantados a vuestro tiempo- de las calvas, los bigotones y las barrigas incipientes de los trencillas, que dieron con aquella coletilla del «trote cochinero» acuñada por el periodista radiofónico José María García. Javier Alberola reconoce que dedica tres horas al día a su preparación física y hace nada menos que seis comidas en cada jornada, empezando por un desayuno casi de madrugada antes de comenzar su primera sesión de entrenamiento. Tiene muy claro que el aspecto físico es muy importante en un árbitro profesional, pero que todavía lo es más la fortaleza psicológica. «Esa -advierte Javier- hay que prepararla las 24 horas del día». Porque enfrentarse a la presión que ejercen los futbolistas durante un partido no es sencillo, como puede comprobarse cada fin de semana. Y menos cuando, año arriba, año abajo, los jugadores son chavales de tu quinta y unos resabiados.

A ELLOS POR SU NOMBRE

En su debut en Primera División los micrófonos a pie de campo recogieron con total fidelidad la costumbre que Javier Alberola tiene de llamar a los jugadores por su nombre (¡saca de una vez, Rubén!, ¡Morales, coj... siempre igual!). Cuenta Esteban, veterano portero del Oviedo, que durante un partido del equipo asturiano con el Cádiz, el colegiado le reclamaba su atención dirigiéndose a él a él por su nombre, así que le preguntó si le conocía. Alberola Rojas (!!glups!!) le relató de carrerilla toda su trayectoria deportiva. Al final, ambos celebraron la anécdota con una carcajada.

Un árbitro de primera.

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