Somos corregrinos y vamos a más

A SANTIAGO EN ZAPATILLAS Los runners han tomado el Camino por relevos. En bici, con niños y con calma también se gana la mitad del cielo, pero hay quien asegura que lo mejor es partir solo, para irse acompañando sobre la marcha; lo dice quien hizo todas las rutas a Santiago. ¿Se hace Camino al correr?

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¿Pies listos? Pues andando, que es una de las formas de ganarse la indulgencia tras hacer el Camino. La bici y el caballo son otros medios para llegar a Compostela y obtener el perdón de las penas. Se consigue tras recorrer a pie los últimos 100 kilómetros antes de Santiago -200 si se va a caballo o en bicicleta-. El Camino también se puede hacer a la carrera. «A Santiago voy ligerito y por relevos» podrían cantar dos de los atletas que este verano se sumaron al running en equipos de Roncesvalles a Compostela. Ramiro y Diego, a los que unió el Camino, participaron en junio alentados por su empresa en la primera Carrera del Peregrino, que apadrinó el Comité Olímpico Español con una meta: aliar deporte olímpico y espíritu peregrino.

En vez de las botas, ellos se echaron al Camino en zapatillas. Fueron dos de los integrantes de uno de los cuatro equipos (de diez personas) que hicieron la carrera. «Como era la primera vez que se hacía no había nada, no teníamos referencias. Piensas que no vas a congeniar con los demás, pero las expectativas se multiplican en unos días. El resultado final fue conocer a 40 deportistas, ¡a 40 personas increíbles! Surgió una amistad, y eso es lo mejor del Camino. Cada uno hacía sus kilómetros, entre 15 y 22 al día [había deportistas de todos los niveles], pero comíamos y cenábamos todos juntos», relata Ramiro. Cada atleta dedicaba unas dos horas diarias a correr y daba el relevo al que le seguía en el tramo de ruta.

A POR LOS 300

«Ahora no disfrutan del Camino como antes», advierte José Antonio Martínez, que lo hizo diez veces desde el 93 y dice que las mochilas ahora están en los albergues ya al mediodía, «desde la una». «Cuando yo empecé, podíamos llegar a las siete de la tarde», afirma. Pero corriendo también hay tiempo para conocer los pueblos y ciudades de la ruta, cuentan Diego y Ramiro.

Hay muchos motivos para hacer el Camino, desde el empape cultural hasta el desahogo (dicen que «todo peregrino llora al menos una vez en el Camino») o ganar la compostela. «A nosotros no nos la dieron», por un desajuste con los requisitos, dicen los «corregrinos». En la meta les dieron un bastón... que ¡bienvenido! Porque lo peor del running de Roncesvalles a Santiago es «la acumulación de kilómetros». Bueno... y la despedida. «El año que viene dicen que seremos 300», afirman. Yo me pregunto... ¿irá Gerard Butler en plan guerrero?

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«Este ano ímolo facer coas bicis por terceira vez»

Son padre e hijo y les une el destino: Santiago. Este será el tercer año que se echarán en bici a la ruta más antigua de Europa. «Temos a compostela e imos ter a muxiana e a fisterrana!», dice Suso, que en la foto posa con su hijo Abel, de 12 años, en el castillo templario de Ponferrada. «A primeira vez foi no 2015. A miña muller, Belén, queríao facer andando, pero eu a pé non me vexo... Ela fíxoo andando desde O Cebreiro e eu en bicicleta con Abel», cuenta. Al hijo no le fue difícil convencerlo: «Aprendeu a andar xa sen rodíns, con 2 anos chamaba a atención...».

Suso y Abel son buenos compañeros de Camino, donde pedalean una media de 30 kilómetros al día y el oficio del padre, fotógrafo, les permite inmortalizar la aventura peregrina que arrancó hace dos veranos, cuando hicieron Ponferrada-Compostela. El Camino Portugués fue el segundo elegido. Este septiembre harán, dentro de dos días, Santiago-Fisterra-Muxía-Santiago para estar como nuevos en la vuelta al cole.

FOTOS, VÍDEOS Y DRONES

«A nós gústanos ir parando. Facer fotos, vídeos... e o ano pasado gravounos un amigo cun dron». Suelen dormir en hostales y planifican su ruta con la app Wikiloc. El hijo pide toda la calma del mundo en el arranque del día (el momento desayuno con niños pide colacao y mucha paciencia). ¿El momento más duro en ruta? «Nós imos coa bici polo Camiño puro, non por estrada. Facemos o Camiño-Camiño. Foi duro subir o Monte da Bruxa [antes de chegar a Tui], é difícil a pé, imposible coa bici ao lombo!», cuenta Suso. El año pasado en Portugal hicieron 50 kilómetros a 42 grados. «Houbo un momento en que dixen: ‘Mellor deixalo’. Pero Abel foi o que tirou, ás veces el é o guía: ‘Papá, hai que seguir, veña, temos que chegar ao sitio de durmir’». Arrancaron y llegaron. «Se o fas en bici hai que ir sinalizado, con roupa rechamante e unha boa luz traseira», iluminan.

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«Yo he hecho todos los Caminos»

Llevar unas botas usadas. Es lo primero que recomienda la voz de la experiencia del Camino de Santiago. Lo segundo, entrenamiento. Lo tercero, planificar la ruta con reservas de alojamiento. Él es José Antonio Martínez, autor del crucigrama más grande del mundo ( «en su momento... tenía 25.000 cuadraditos») y merece entrar en el Guinness por los kilómetros que suman sus peregrinos pies. «5.000 en total», calcula José Antonio. «Cada Camino es una historia», asegura. Y no inspirado por Machado, sino tras hacer a pie todos los caminos que llevan a Santiago. Diez veces lo llegó a hacer -una con coche de apoyo y de casa en casa rural-, y dejó para la última el bocado más duro, el Primitivo. Puestos a elegir uno para empezar, él recomienda el Camino Francés. «Por el arte que ves. Y tiene albergues cada diez o quince kilómetros. Pero el Camino del Norte, por la costa, también es majo», dice. El cielo ganado tienen sus pies, que empezaron a caminar a Santiago en 1993 (la primera vez fue desde Sarria). En el 99 repitió aventura desde Roncesvalles. «Engancha muchísimo. Yo caminaba todo el día. Es como una droga», afirma. En la Vía de la Plata llegó a echarse a la espalda 50 kilómetros diarios y tiene mención de honor para el tramo del Inglés que une A Coruña con Santiago: «Fue uno de los lugares con más peregrinos en la Edad Media».

Lo mejor del Camino, apunta, es parar, conocer los pueblos, hablar con la gente. ¿Y la partida? «Mejor solo. A mí me gusta caminar y evadirme. Si vas con alguien, es difícil. Una vez fui con un amigo de La Solana y dije que no volvía. Siempre que llegábamos a un pueblo, ¡quería jugar a las cartas!», cuenta. ¿Un buen compañero?, una mochila no muy grande para no quedarse en el Camino.

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