Así se monta la fiesta del verano

UNA VELADA ÚNICA Y MÁGICA Es lo que todo el mundo quiere cuando asiste a una fiesta y lo que consiguen cada año en Finca Montesqueiro con la noche M. Si tienes dudas de cómo hacer un fiestón, ellos te las aclaran en un periquete.

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Preparar una fiesta es sencillo, todos hemos levantado de la nada algo improvisado y salido del paso, pero la cosa se complica cuando queremos montar un fiestón, o directamente el fiestón del año. Por ejemplo, el que cada verano organizan en Finca Montesqueiro, situada en Oleiros, A Coruña. La «noche M» es un auténtico espectáculo, al que asisten más de 300 personas, en el que gastronomía y diversión van de la mano en una velada llena de sorpresas.

Hace una semana, el jardín de los Arces se volvió a iluminar con diferentes ambientes de velas colgantes y flotantes, luces indirectas de color morado que resaltaron aún más los árboles que dan nombre a este espacio exterior.

Los invitados se llevaron la primera sorpresa nada más llegar. No les quedó otra que ponerse collares de flores, gafas, gorros, -todo muy hawaiano- si querían disfrutar del melón mojito. Mientras se preguntaban cuál sería la siguiente sorpresa de la noche, disfrutaron de la cena en el jardín a ritmo de house. Un cocktail, elaborado por el equipo de cocina de la Finca, que consistió en una selección de aperitivos fríos y calientes. Mientras degustaban el menú, un mago se paseó entre los invitados dejándoles con la boca abierta. Y entre bocado y bocado... ¡Ta chán! Se apagó la luz, y aparecieron los cocineros, que a la vista de todos, elaboraron sobre una mesa de seis metros el postre estrella de este año: babá (dulce tradicional francés) al ron con helado de nata. De nuevo el listón queda en lo más alto de cara al 2018, si es que no lo estaba ya después de realizar en otra ocasión una flashmob al tiempo que se preparaba un gin tonic.

Llegó el momento de ir al lío, al salón Enredos o a la terraza de los Helechos donde había un photomaton y donde resultó imposible tener los pies quietos con la música en directo del grupo Versionettes, que interpretaron una selección de rock de los 80 y 90. El único movimiento permitido: el paseo a la barra para coger un gin tonic elaborado por cocteleros acrobáticos. Y el más difícil todavía: terminar la velada con la sensación de haber acudido a una gran fiesta, que es la especialidad de Montesqueiro, que se dedica a la organización de eventos profesionales y sociales.

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