Quique Peinado: «Llevo con esta pinta desde los 19»

Su madre ya no sabe cómo pedirle que se corte el pelo, pero Quique no piensa cambiar. El colaborador de «Zapeando» defiende la televisión con humor, porque prefiere no tomarse las cosas muy a pecho, aunque él sea de corazón blandito.

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Viene del periodismo deportivo, pero ahora se salta sus titulares porque no entra en el juego que, dice, han creado en la información deportiva. Hace años a Quique Peinado (Madrid, 1979) la vida le dio un vuelco y le colocó en la radio y la televisión haciendo guiones, y desde Zapeando, como copresentador. Allí rajan sobre la tele, un medio sobre el que «los periodistas rajan mucho, hasta que les llaman y pierden el culo por ir» porque también «se pueden hacer cosas buenas», dice. Para él, lo mejor que ha hecho con creces es el recién estrenado Radio Gaga, en #0 de Movistar. Junto a Manuel Burque, Quique Peinado ha iniciado este proyecto a bordo de una caravana para escuchar las historias extremas de personajes al margen y al límite a través de una emisora de radio local destinada a enfermos mentales, inmigrantes de un centro de acogida o enfermos medulares, entre otros colectivos. Un formato que viene con éxito asegurado.

­-¿Alguna vez habías viajado en caravana?

-No, pero siempre me ha parecido una forma muy guay de viajar, y eso que yo mido 1,90, no soy muy de cámping y no tengo carné de conducir. No me atrae conducir, no tengo ni idea del mundo de los coches y no me da pereza coger el transporte público. Hoy día sigo yendo a trabajar en metro y me viene muy bien porque puedo ir leyendo ahora que no tengo tiempo.

­-¿Qué tienes tú de aventurero?

­-Pues nada. Yo soy muy conservador en cuanto a mis hábitos personales y en casi todo lo demás. No soy de hacer turismo con mochila. Soy muy cómodo y me gusta el hotel y el viaje cerrado desde el principio.

­-¿Y qué tal ha sido estar en la caravana de Radio Gaga?

­-Bien, bien, bien. Y va a ayudar a la gente a ver a los demás de otra manera. La mejor experiencia de toda mi vida, sin ninguna duda. Ha sido como un caramelito y nunca pensé que me lo darían a mí. Me llamó la cadena #0 para proponérmelo sin conocerme personalmente y, aunque yo personalmente creía que sí lo podía hacer y por eso ha quedado muy bien, me impresionó su ojo de cazatalentos y que vieran que yo pudiera hacerlo.

­-¿Con qué colectivo has empatizado más?

­-Con el de salud mental. Te pone delante de esta realidad que yo no conocía y hacia la que quizás tenía prejuicios con otra visión. El listón de la enfermedad mental es muy fino y creo que si lo bajaran un poco entraríamos muchos ahí, y otros no estarán tan lejos. El formato ha apostado por los colectivos al margen y ha acertado, cuando todo el mundo cree que cuando aparece la discapacidad en la televisión la gente cambia de canal.

­-A tu compañero, el gallego Manuel Burque, se le saltó el llanto al contemplar el producto del programa. ¿Y tú eres de corazón blandito?

­-Sí, soy empático y sobre todo desde que he sido padre.

­-¿Como guionista tienes una colección de diálogos archivados en tu memoria?

­-No, no soy nada freak. Tengo cómicos preferidos como tiene todo el mundo, pero soy autodidacta porque no estudié guion, sino Periodismo. Pero me siento muy a gusto como guionista, es lo que más me gusta, además de la radio, y espero que ambas facetas sean el sustento de mi vejez, porque el trabajo en la tele es un grato accidente. Es muy gratificante. Todo lo que me han ofrecido en televisión ha estado muy bien, y trabajar con Globomedia es una garantía porque además la tele está muy bien pagada, nada que ver con otros medios.

­-¿Un guionista se queda alguna vez sin palabras?

­-Pues sí, pero cuando no estás de humor. En el directo hay siempre una adrenalina que te hace más fácil salir a flote que si solo tuvieras que sentarte a escribir, ya que es algo más íntimo y no tiene ese componente adrenalina.

­-¿Hay que ser muy sarcástico o irónico para ser guionista o más crítico de lo habitual?

­-Yo creo que sí. Llámalo sarcasmo o cinismo, una palabra que parece negativa. Pero tener una visión cínica de la vida ayuda mucho, y yo la tengo. Reivindico el cinismo, por eso con los compañeros con los que he tenido mejor relación ha sido con los guionistas, porque muchos son como yo.

­-¿De qué pasas olímpicamente?

­-De casi todo, a parte de los temas sociales y la política, me tomo todo con mucha distancia. Es más factible para hacer humor si das dos pasos hacia atrás que tomarte las cosas muy a pecho. En general voy bastante a lo mío y no soy la persona más sociable del mundo.

­-¿Y cuál es el titular que sueles pasarte de largo?

­-Cada vez más, los de deportes y ¡mira que me gustan! Pero hemos llegado a un punto en la información deportiva que ni al más fanático le puede llegar a interesar lo que quieren que nos interese, que tiene que ver más con las vísceras de la gente y sus sentimientos, y yo en eso no participo.

­-Noticias como las de «Pool Fictions» en «Zapeando», como «avalancha en Primark para conseguir la tacita Chip», ¿demuestran lo frikis que nos estamos haciendo?

­-Es posible, porque me resulta muy complicado entender por qué pasan fenómenos locales como estos que ahora con la viralidad de las redes sociales se multiplican por millones. No sé si tiene que ver con el afán por poseer cosas. Y, aunque no me parezca el apocalipsis, no es un buen camino. Hace tiempo leí el libro La clave del éxito, de Malcolm Gladwell, que hablaba de esto, pero sigo sin terminar de entenderlo.

­-¿No te ha dicho tu madre todavía eso de: ‘Podías salir un poco más peinado para honrar a tu apellido’?

­-Mi madre no me dice solo eso, sino que me corte el pelo también. Es una petición histórica, como que me quite la barba. Me dice que parezco Jesucristo o el Che Guevara. Cuando la voy a ver, me arreglo la barba para que no me dé la brasa.

­-¿Qué vas a hacer cuando se pase la moda de los gafapasta y las barbas?

­-Yo llevo la misma moda desde hace veinte años. Llevo con esta pinta desde los 19, el mismo flequillo de indie de los 90, y todo igual.

­-¿Qué piensas de los animales televisivos, los que se tragan todo?

­-La tele, tomándola con distancia, es muy divertida. Yo me lo he pasado muy bien viendo Gandía Shore y viendo un montón de cosas más así y dándoles la vuelta, de las cuales he escrito. El esnobismo con la televisión es solo esnobismo. Los periodistas rajan mucho de la tele hasta que les llaman y pierden el culo por ir. No hay que rajar de la tele, porque es un medio y se pueden hacer cosas buenas y tampoco hay que ir del típico periodista que cada cosa que hace salva el planeta.

­-¿Y qué piensas de los que reproducen gran parte de los diálogos que escribís?

­-Somos muy influyentes y en EE. UU. esa influencia la pagan. Aquí no. Pero yo tengo la suerte de trabajar para Globomedia, la empresa más respetada y creada por guionistas.

­-¿Cuál es el zasca más grande que te han endosado en la pantalla a parte del de Chenoa, que te llamó rancio?

­-No hay ninguno en consonancia con aquel, pero dentro del programa se percibe todo de otra manera. Es un personaje y como tal lo tomamos todos.

­-¿Qué es lo que más te gusta de los colaboradores de «Zapeando»: Cristina Pedroche, Anna Simón, Miki, Frank..?

­-De Miki Nadal su inteligencia y lo que conoce de la tele. Lo sabe todo. De Cristina Pedroche me gusta su verdad. Es muy de verdad, aunque haga muy bien de tonta, y por eso la compran. De Anna Simón soy super fan porque tiene una vis cómica alucinante. Es una payasa, un papel en el que se siente muy a gusto y además es muy divertida. La adoro y me la llevaría a todos los programas. Ana Morgade es la mejor cómica de España, descomunal. Y luego Frank Blanco es el presentador perfecto para este programa. He aprendido mucho de él y es del que más sigo aprendiendo.

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