Las gallegas se suben a la cabeza de las inglesas

LOS SOMBREROS DE ASCOT Plumas, flores, redecillas, paja teñida y sobre todo la perfección en los detalles ha hecho que en la carrera del mejor estilo dos diseñadoras gallegas se hayan coronado en esta cita «royal».

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A Teresa Gómez podría decirse que literalmente el éxito se le ha subido a la cabeza. Y bien alto. Tanto que si le preguntas cómo se siente responde clarito: «Estoy en una nube». Y es que Teresa ha visto el cielo abierto desde que sus creaciones, sus sombreros, se han lucido en esa pasarela real que son las carreras de Ascot. Allí Galicia se ha coronado con unos diseños increíbles como los que Teresa realiza desde Santiago.

«Todo comenzó porque una familiar iba a ir a Ascot y me hizo un encargo, pero como pasa en estas cosas, un hilo tiró de otro y al final me vi haciendo varios para un grupo de chicas, algunas inglesas, que también son las que salen en la foto [se refiere a las de esta página, abajo a la derecha]». Para ella esta es una oportunidad de dar visibilidad a una pasión que siente desde bien pequeña, porque como ella misma cuenta, en su casa siempre ha habido sombreros, aunque es solo desde hace un par de años cuando realmente Teresa se ha enfocado a confeccionarlos a mano, desde el inicio, como una auténtica artesana. «La vida me recolocó y decidí que quería aprender a hacerlos, todavía no me dedico exclusivamente a ello, pero he ido perfeccionando gracias a la ayuda de dos profesionales como la copa de un pino. Una es Biliana Borissova, una auténtica artista -cuenta Teresa- que me enseñó en Madrid cómo tenía que empezar a confeccionarlos, desde las hormas de madera hasta los últimos detalles. La otra es Viviana Araújo, que desde Galicia ofrece todos sus conocimientos a quienes quieran desarrollar este oficio».

Teresa, desde su firma Misha Millinery, atiende cualquier tipo de petición, aunque ella cree que un buen sombrero, un diseño elegante, no debe estar sobrecargado ni ser excesivamente exagerado. Y lo dice ella que triunfa en Ascot. «Yo me fijo en que sea una pieza bien hecha, muy bien rematada, con unos acabados perfectos», apunta. Ni qué decir tiene que Teresa se define como una persona detallista, mañosa, que siempre ha tenido paciencia y que tal vez en esas cualidades, solo tal vez, esté la clave del éxito cuando se hace un trabajo como el suyo. Las prisas no son buenas si queremos volar alto. Y en ese poco a poco, con mucha práctica, Teresa ha conseguido encantar a las inglesas.

KATE MIDDLETON

¿Te imaginas a Kate Middleton con un diseño tuyo?, le pregunto. «Uf, sería lo más, porque para mí ella es una de las mujeres que luce mejor los sombreros y los tocados. Es difícil que le quede uno mal, tiene una elegancia innata para llevarlos, me gusta muchísimo su estilo porque con estos complementos es muy fácil caer en la exageración y ella jamás lo hace. Ahora también te digo, para cualquier diseñadora no hay mejor cosa que que te encargue la reina de Inglaterra», dice. Por el momento disfruta con ver cómo sus diversas creaciones han corrido veloces también en el boca a boca, en una carrera imparable sobre todo en esta temporada de primavera-verano, con tantas comuniones y bodas. ¿Y un sombrero de estos, es muy caro? «Los hago desde más o menos 60 euros a 125, que puede costar uno como el de la pluma enorme que llevó una de la chicas en Ascot», señala. Con todo, hay que contabilizar las horas de trabajo para hacernos una idea más o menos de lo que cuesta realmente un sombrero como estos.

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«Haciendo todo a mano, desde el comienzo hasta ponerle la última pluma o flor, pueden ser 3 o 4 días», apunta Teresa, que hace hincapié en ese perfeccionismo del que hace gala. «Soy lenta», bromea, antes de indicar que su gusto tira a los tocados de la década de los cuarenta, los gorros de los años veinte, y siempre el sombrero con ala pequeña. Eso mucho antes que el pamelón, que también los hace, claro. Este año se ha lanzado más a ellos porque ha tenido varios pedidos de ese estilo, sobre todo de paja teñida, en color rosa palo, que triunfa.

Habrá que hacerse uno para sentirse como una reina.

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SONSOLES CORREDOIRA, DISEÑADORA

¡Qué bonito sombrero! Más bien: «It´s a lovely hat!». Eso gritó de forma espontánea un inglés que se encontraba en Ascot cuando vio la pamela que Sonsoles Corredoira había montado para una de sus clientas. Seguramente al caballero británico le sorprendió la flor elegida por la invitada española para adornar su tocado, un imprescindible en esta cita ecuestre por excelencia. No es para menos, porque las hortensias no abundan en tierras inglesas. Con una pamela de 50 centímetros de base, «que es la medida perfecta», Sonsoles se puso manos a la obra. «Yo quería hacer algo escandaloso, tampoco un campo de fútbol ni ninguna excentricidad, pero igual sí un poco más de caña, pero ella quería algo más sencillo, y fue lo que hicimos», comenta la diseñadora de complementos. A mediados de mayo, una clienta que prefiere guardar su anonimato, se puso en contacto con ella nada más recibir la invitación para tan selecto evento. «Ella tenía claro que quería algo con hortensias, para llevar de algún modo un toque gallego, y entre las dos fuimos elaborando el diseño», explica. Como ya tenía elegido el vestuario, la elección de los colores fue más sencilla, porque con esa referencia solo había que buscar el tono que mejor encajara. Finalmente sobre una base negra eligieron flores en una gama de tonos naturales. Done! Que diría el espontáneo. «Es que a veces no hay que meter nada más. La sencillez es el toque perfecto. Nos quedó un tocado muy gallego, que en Londres no se ve mucho, y era como llevar un símbolo de aquí». De A Coruña a Londres, y de Londres a A Coruña, previo paso por el hipódromo claro, y el sombrero intacto. «Iba como un recién nacido en el avión», comenta entre risas Sonsoles.

Antes de ir al grano, estuvo poniéndose al día de los intríngulis que rodean este evento tan exclusivo. Porque ojo con saltarse el estricto protocolo. Aquí según día y palco que te toquen hay que ir de una manera o de otra, es decir pamela o tocado. Y no hay más que hablar. «Ella iba el día más importante, al palco más importante, por lo que solo podía ir con pamela», matiza. Lo bueno es que más allá del formato en la decoración no se meten, de ahí que se lleve tanto el free style, que a veces es para llevarse las manos a la cabeza. «Sí, se ven los dos extremos: las excentricidades y los muy básicos que rozan lo ñoño. El mío no era ni una cosa ni la otra», explica la propietaria de la tienda-taller Sonsolescorredoira, que se encuentra en el Callejón de Atocha Baja en A Coruña, al principio de Orillamar. Sobra decir que durante el tiempo que dura el evento no está permitido quitarse nada de la cabeza, que esto no es una boda en A Coruña, así que mejor buscar algo que no moleste demasiado, aunque chocar en estos ambientes es inevitable. «Es todo un espectáculo, yo estaría en mi salsa», dice Sonsoles.

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