Veinticuatro años

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

YES

13 may 2017 . Actualizado a las 05:05 h.

A estas alturas poco más se puede escribir ya de Emmanuel Macron. Y no hablo de la victoria de este líder súbito que emergió sobre los rescoldos del socialismo y el miedo a la ultraderecha. Ni siquiera me refiero al peliagudo debate en el que se ha sumido Francia, obligada a elegir entre un banquero y una fascista. El asunto tiene entidad suficiente pero consideremos ahora el otro asunto. El gran tema. La historia que ha atravesado la exitosa peripecia política del nuevo presidente de Francia.

24 años. Los comentados 24 años. Los analizados 24 años. Los ventilados 24 años que separan a Macron de su mujer. O a su mujer de Macron.

¿Cuál es la esencia de la noticia? ¿Por qué un medio de comunicación elige un relato frente a los millones que conforman la realidad? ¿Por qué esas dos décadas han competido en los periódicos con el extraordinario momento político que vive Europa, lleno de incertidumbres? ¿Qué encierra ese espacio temporal para que siga siendo carne de titular?

Reconozcamos primero que los dormitorios de los políticos franceses han estado siempre muy animados.

François Miterrand mantuvo una vida doble que el país confirmó en su sepelio, cuando al fin apareció la joven Mazarine, nacida en 1974 de la relación secreta que el socialista mantuvo con Anne Pingeot al margen de su matrimonio con Danielle. «Prefiere huevos escaldados porque le permiten olvidar la obligación de una suprema de pescado frita a la mantequilla blanca», describió Mazarine en Boca cosida, las memorias que ventilaron los detalles de una paternidad clandestina que no fue oficial hasta el mismo día del entierro.

«Tengo una sexualidad más ruda que la de la mayoría de los hombres», llegó a admitir Dominique Strauss Kahn. El expresidente del FMI, uno de los políticos más dotados de Francia, disculpaba hace unos años de esta forma su intolerable brutalidad sexual cuando su carrera saltó por los aires entre orgías y acusaciones de violación.

Nicolas Sarkozy entró en el Elíseo de la mano de Cecilia Attias y salió acompañado de Carla Bruni. Su boda exprés con la exmodelo y cantante autorizó a los franceses a meterse en la habitación del presidente, un territorio hasta entonces respetado por la opinión pública.

Y bajo aquella apariencia plácida, François Hollande convirtió su presidencia en un serial amoroso con tres protagonistas: Ségolène Royal, Valérie Trierweiler y Julie Gayet, a la que visitaba a escondidas protegido por un casco de moto que quedará como el retrato oficial de su liderazgo fallido.

Emmanuel Macron aporta también novedades íntimas, pero en su caso el relato está concentrado en los 24 años que lo separan de su mujer. 24 extraordinarios años que se han convertido en noticia y que el propio Macron ha utilizado para construirse un perfil político. Que esas dos décadas hayan tenido semejante potencia editorial, que el mundo comente asombrado la circunstancia es un indicio descarnado de todas las asignaturas que seguimos sin aprobar.