Mi profesión es única 

Ana Abelenda, Tania Taboada, Yolanda García

YES

OSCAR CELA

¿Y ESTO DÓNDE SE APRENDE?Despegador de chicles, inspector de toboganes, catador de helados, médico de muñecas, arquitecta de emociones o restauradora de cabezudos. Sí, existen. YES le pone cara a ese oficio especial.

19 dic 2015 . Actualizado a las 20:26 h.

Hay trabajos que son un sueño... y no porque nos den ganas de dormir. Son algo especial y casi único en el mundo. Que se lo digan si no a un probador de colchones. No, no es un cuento para dormir, sino un oficio remunerado. Imaginad que os pagan por catar helados. A eso se dedica Alison Gray, maestra heladera de Häagen-Dazs. De partida, parece un oficio más apetecible que el de catador de comida para perros, ¿no?, por más que algunos presuman de un olfato de sabueso. Entre los trabajos más singulares del mundo seguimos otras pistas, como la de un inspector de parques infantiles y un despegador de chicles con espátula. ¿Y esto, no es de pega? Pues no, hasta tiene un máster y página web, además de un puesto en Buckin-gum Palace, rebautizado así tras la sabrosa oferta de trabajo de la reina Isabel de Inglaterra, decidida a librar sus antigüedades palaciegas de la goma más pegajosa y desconsiderada con el prójimo. 

Afortunadamente, casi todo tiene arreglo. Eso demuestran las manos de dos profesionales como el médico de muñecas Juan Bolívar y la restauradora de cabezudos Marga Portomeñe. Con 18 años, Marga (Lugo, 1968) ya disfrutaba pisando escenarios y danzando entre bambalinas, porque lo suyo siempre fue el teatro. Un buen día leyó en el periódico que estaba abierto el plazo de inscripción para un curso de títeres y monicreques. Ella se apuntó y al año siguiente, aprovechando que se impartía otra vez, volvió a inscribirse. 

En total fueron unas mil horas adquiriendo conocimientos del mundo del teatro de la mano de un maestro, Kukas. Los cursos le sirvieron para obtener el título de artesana y ganarse la vida haciendo lo que más le gusta: hacer máscaras y restaurar cabezudos, un empleo único en Galicia. Marga está encantada con lo que hace. Se gana la vida realizando un trabajo que le apasiona: «Es algo muy creativo y nunca me aburro». Confiesa que a ella lo que más le gusta es modelar porque «es aquí donde se encuentra la creatividad. Lo que menos, hacer copias».

DOCTOR DE NANCYS

BENITO ORDOÑEZ

Para oficios que curan, el de Juan Bolívar, el tercero de una generación entregada a la causa de hacer felices a los niños... o a sus padres y abuelos: «Hace poco vino a verme una mujer de unos 40 años, que quería soldarle el cuerpo a una Nancy para regalársela a su hija?, cuenta Juan. Él da vida a seres rotos ?que podrían ir al cubo de la basura». Es médico de muñecos en un sanatorio de Madrid (un clásico de la calle Preciados) que ha cerrado sus puertas provisionalmente, pero sigue operando allí donde puede, porque hay quienes le siguen llamando para poner a los suyos en sus manos. Sus pacientes son Nancys, «las de toda la vida». También atiende a muñecas de porcelana o de cartón piedra, que acusan la humedad o han perdido el pelo. Se le resisten los Nenucos y las Barbies («muy difíciles de curar»), pero no la Mariquita Pérez, una de sus pacientes, «esa muñeca de calidad que podía en tiempos costar un sueldo». De un muñeco pueden depender nuestros sentimientos. «El vínculo con algunos es muy especial. En una ocasión tuvimos que ir ?curando? a una muñeca por partes, un poco cada día, porque la niña era incapaz de dormir sin ella», revela este médico especialista en ilusiones.

De ilusiones también se vive, dicen. Pero hay que ir más allá y hacerlas realidad, sugiere Rut Nieves, autora del libro Cree en ti. Descubre el poder de transformar tu vida. Apenas superado el jet lag de un seminario en Florida, relata su experiencia como arquitecta de emociones. «Hay que aprender a aceptarlas para no sentir un dolor incurable. Es necesario expresar la tristeza, por ejemplo, para que esa emoción se agote y pueda dar paso a la alegría», una clave. Lo que necesitas es amor, dice esta constructora de sueños. El rey de los sentimientos es la clave de un éxito duradero: «El amor a ti mismo».

INSPECTORES DE COLUMPIOS

MARCOS MÍGUEZ

Los que más queremos están bajo la lupa de otro curioso oficio, inspector de parques infantiles: para este profesional «la prioridad es la seguridad de los niños», recalcan en TÜV Rheinland, con delegación en Santiago, donde nos atiende Almudena Bouza. Para desempeñar este trabajo es necesaria «una certificación como empresa acreditada y el respaldo de una experiencia personal», explica desde la sede en Madrid Alfonso Iglesias. El inspector actúa en origen y en destino. ¿Probando columpios y toboganes? «Evidentemente», dice Iglesias. Usa para ello unas herramientas «muy curiosas»: maniquíes con el tamaño de una cabeza de niño o una maqueta de su mano, -para evitar atrapamientos-. No parece un juego... «¡Para nada!» Jugar seguro es cosa seria.

UNA PROFESIONAL DE LA OSTRA

XAIME RAMALLAL

 ¡Ostras!... ¿y esto cómo se abre? Quien sabe manejarlas, mimarlas, convencerlas es Nuria Núñez (Salamanca, 1963): «El truco es no ponerse nervioso. Ni hacer el burro. Hay que proteger la mano izquierda porque la ostra corta mucho. En el caso de la nuestra, la gigas, rugosa y cóncava, se abre por el lateral, no por el culo o vértice. Con el pico mirando hacia ti, de lo que se trata es de cortar el músculo entre concha y concha. Cuando lo haces, se abre sola. La técnica es muy sencilla». Lo será, pero mejor que lo haga un profesional... no vayamos a tener un disgusto. En su web (http://www.acueo.es/) tiene colgado un vídeo tutorial. Hoy se organizan hasta campeonatos. Su récord fue abrir 1.200 y «¡a oscuras! Era en Gijón, actuaba un DJ y no nos pusieron foco». «Pero podemos llegar a 500 en dos horas», añade, aunque su hermano, con el que están poniendo en marcha el cátering Ostraemus en Madrid, «abre rápido y bien». Llevará en los genes la vocación para este oficio único.