Las golosinas son cosa...¡de mayores!

Juan Capeáns, Lucía Rey

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XOÁN A. SOLER

CHUCHES PARA TODOS Peta Zetas, ositos, nubes, regalices... ¿nostalgia? Entonces serás de los pocos adultos que no ceden a la tentación

03 may 2015 . Actualizado a las 21:18 h.

Son un premio o una fiesta para los pequeños, y una dulce tentación para los mayores a la que seguir cediendo de por vida. Las golosinas tienen una historia tan larga como los caramelos, que se generalizaron en los bolsillos de la gente a mediados del siglo XIX. Las tiendas especializadas con venta al peso aparecieron en las ciudades españolas en los años 80, cuando se popularizaron las nubes, los Peta Zetas, los ositos, las gominolas, los regalices rojos y negros, las pipas de calabaza, los conguitos... Pronto la imaginación de los fabricantes echó a volar: dulces con forma de botella de cola, huevos fritos, corazones con sabor a melocotón, ladrillos... hasta las variadas brochetas con todo tipo de sabores, de creación más reciente. Suso Varela, propietario de la tienda Pecados de Compostela, tiene un panorama privilegiado de la evolución de las gominolas.

Su padre era el propietario de Exclusivas Varela y reparte dulces por Galicia a diestro y siniestro desde los años 40. En el 2009 abrió un pequeño local que deslumbra incluso a los turistas del casco histórico. Con su bagaje, vio claro desde el principio que quería enfocar el negocio a los adultos. Y lo ha conseguido: por el estrecho y colorido túnel de Pecados entran niños, claro que sí, pero papá y mamá también se sirven lo suyo, aunque el contenido es diferente: «Los gusanitos son los favoritos de los más pequeños; los jovencitos se van a los chocolates; los adultos prefieren los frutos secos; y los veteranos le dan al caramelo sin azúcar», radiografía Varela. Esos son los clásicos, pero en la tienda hay de todo: regaliz finlandés, golosinas saladas «y muchas cosas pensadas para personas que tienen problemas de alimentación, como los celíacos o los que muestran intolerancia a la lactosa», explica.

Pecados no se acaba en la puerta. Desde hace años lleva a todo tipo de eventos un carrito que hace las delicias de los invitados. Encajan en cualquier cita. «Bodas, banquetes y comuniones por supuesto, la BBC, pero también vamos a congresos y todo tipo de fiestas, y la demanda crece. ¡El boca a boca funciona!». Tanto que Varela ya ha preparado su firma para empezar a franquiciarla por otras ciudades.

Placer adulto en Lugo

Una prueba de que las golosinas no son solo cosa de niños se da también en Lugo, donde existe una tienda llamada DulceMenta en la que «el cliente tipo no es el chavalito que viene con la paga de la semana a comprarse unas chuches», como destaca su propietaria, Cristina Iglesia. Gominolas dulces y ácidas, sin azúcar, regalices naturales, frutos secos seleccionados bañados con canela o caramelos y chocolates artesanos son algunos de los dulces «un poco diferentes» que encuentran quienes entran en este establecimiento situado en el centro histórico, en la calle Armanyá. Muchos son treintañeros que comieron desde la infancia chucherías recubiertas de azúcar, y que ahora, ya creciditos, siguen sin poder resistirse a la tentación. Eso sí, reconociendo que los años pasan y toca cuidarse un poco más. «Viene gente que nos dice que quiere cuidar la línea y la salud, y que se atreve a probar cosas nuevas, que tiene inquietudes», explica Iglesia. De ahí que sus estanterías ofrezcan un amplio y variado surtido de productos elaborados sin azúcar o con gelatinas de frutas naturales que también hacen las delicias, por ejemplo, de los niños que tienen diabetes. «A veces viene la madre o el padre con el niño para que compre algo sin azúcar y no tenga caries, y acaban picando los mayores», bromea la emprendedora. Aunque también ofrece gominolas convencionales, subraya que muchos de los productos saludables proceden de proveedores suecos o alemanes. «Suecia es el mayor consumidor de golosinas del mundo», comenta.  

A granel

Uno de los atractivos que ofrece la tienda es que el consumidor puede elegir el producto y la cantidad, no necesita comprar bolsas enteras. «Percibo que la gente disfruta más con la idea de ir comprando a granel, cogiendo algo de aquí, algo de allá y metiéndolo en la bolsa».