Guauuuu, tú sí que dejas huella... ¿Cuidas a tu gato como a un hijo?, ¿lo arrullas como a un bebé?... El jugador Toché, el presentador Gayoso, la actriz Nerea Barros y el escritor Manel Loureiro
11 abr 2015 . Actualizado a las 05:20 h.No serán los reyes de la casa, pero muchos viven como reyes en el corazón de un hogar, vuelan, viajan de hotel y arrasan en Instagram. Ahí tenéis a Choupette, la gata de Karl Lagerfeld, que araña la siamesa tres millones al año por su vis publicitaria. O al perro de aguas de los Obama, convertido en mascota indie de manual. Ya en el recuerdo, el loro de Flaubert o el malogrado cerdo vietnamita de George Clooney. Este regalo que el actor hizo a una de sus novias lo acompañó 18 años, después de que Clooney lograse su custodia tras la ruptura sentimental.
De los galgos se ha llegado a decir que se parecen a las patatas fritas... en eso de que con una nunca es suficiente. Hay informes que sostienen que ?dar besos a un perro es bueno para la salud?, y jugar 20 minutos diarios con un gato, un estímulo que refuerza vínculos, alivia el estrés y aumenta la hormona del bienestar. ¿Pero qué hace tan especial ese vínculo? Veamos. Caso por caso.
Coco lleva siete años acompañando al delantero del Deportivo José Verdú Nicolás Toché allá donde su carrera le obliga a mudarse. Este grifón de Bruselas de apenas 5 kilos es un ejemplo. «Se porta muy bien, apenas ladra y es muy obediente. Pero también muy miedica. Cuando viajamos en avión, va con nosotros en cabina y ni se nota que está ahí», relata Toché.
«Esto que voy a decir, probablemente, solo lo entendamos los que tenemos animales: es uno más de la familia. No contemplo viajar o mudarme a una ciudad sin él. De hecho, ha estado conmigo en Atenas cuando jugué para el Panathinaikós. Y la posibilidad de llevarlo conmigo es uno de los factores que valoro a la hora de decidir mi fichaje por un equipo», explica. «Sé que hay lugares a los que no puede venir, pero no me hago a la idea de estar seis meses sin poder verlo, de la misma manera que ocurre con un hijo». Toché recuerda cuando Coco estuvo enfermo. «Notas que sufre, pero no se puede quejar. Nunca antes había tenido una mascota, y no era muy receptivo al principio, pero ahora es impensable estar sin él», añade. «Tener perro crea una afinidad con otros dueños de canes. Cuando lo saco a pasear, él juega con otros animales y uno siempre se pone a hablar de algo con el dueño de ese perro», reconoce.
LOS GATOS DE NEREA
Hay perros de campeonato y gatos de Goya, como los que conviven con el cabezón de cine en casa de Nerea Barros. Tinta y Parrulo son los «gatoperros» que ella lleva a todas partes. Los llama así porque es de las que les pone correa y los pasea por la calle. «Vienen con Juan, mi novio, y conmigo siempre, incluso han actuado en el teatro en Santiago a mi lado». Nerea siempre fue de perros hasta que rescató a Tinta con ayuda de unos vecinos de una altura de 20 metros en una casa abandonada. A Parrulo se lo puso su padre en las manos cuando apenas pesaba 200 gramos y estaba a punto de morir. «Son mis gatos tullidos, a uno le falta el rabo y a otro una patita. Estamos equivocados con los gatos, hay que saber tratarlos porque no son independientes, son muy cariñosos y hay que achucharlos mucho. Yo a estos los trato como a mis hijos, les hablo, les grito, y me obedecen».
EL WESTY DE GAYOSO
Es pequeño, blanco y peludo. ¿Platero? No, se llama Fermín y tiene tres botoncitos por ojos y nariz. «Non será o rei da casa ?dice riendo su dueño?, pero non vive mal...». Muy vivo y «cascabel», el westy que suele acompañar al presentador Xosé Ramón Gayoso en sus paseos por el barrio coruñés en el que vive fue un regalo por las bodas de plata. Por sus 25 años de casado, la voz de su mujer lo recibió en casa con un: «Vai ao patio de luces». «Fun cara ao patio... ¡E alí estaba Fermín!», cuenta. Así le pusieron en honor al santo de los toros. Este escocés, nacido un 7 de julio, tiene con su dueño una complicidad especial. «Será esa tenrura na ollada...». Hay quienes los tratan como hijos: «Non, non, eu non chego a iso, tampouco fixen de momento ningunha heroicidade por el... Hai quen di que o can é o mellor amigo dun home. A min gústanme os cans dende sempre, pero o meu mellor amigo non é un can [risas]. Iso si ¡o meu can é o mellor de todos!», afirma. Fermín «é gamberro, e ten un punto de rebeldía... pero ao final baixa a cabeza e vai para a cuna». En Fermín el hombre «ordinario» que presenta Luar, como él se define, ve parte de su infancia: «Os cans recórdanme os veráns que pasaba na aldea, cando acompañaba ao meu tío ao río con Lulú, Lis e Lobero, tres palleiros... que ¡ollo! hoxe o palleiro é raza oficial».
EL RUSO DE LOUREIRO
Hay dos tipos de personas en este mundo, según el escritor Manel Loureiro, los que son poseídos por un gato y los que no. Roncho iba a llamarse Charlín, porque fue regalo de una mujer que vive entre Vilagarcía y Cambados, pero tras quedarse ronco la primera noche que pasó en casa se ganó el apodo. Es un ruso azul de 5 años y ocho kilos que se atreve a pasear con su «figura antiatlética» por el tejado de casa de los padres de Manel en plena noche. También a lanzarse desde una estantería a la cabeza de un amigo del joven con el que charlaba animosamente, ajeno a la desgracia que el pontevedrés evitó cazando a Roncho en pleno vuelo. Lo más embarazoso llega antes de cada viaje, al «drogarlo». «Lo ves acercarse confiado, como un niño, sabiendo que le vas a dar algo que lo va a dejar grogui y va a parecer medio borracho», confiesa el autor de Apocalipse Z.