ÉRASE OTRA VEZ... Hay libros que no se cierran, que acaban y vuelven a empezar. Algunos siempre han vivido en casa, otros llegaron del instituto o son como amantes clandestinos. ¿Con cuál te quedas? Usemos la balanza Ohio...
21 feb 2015 . Actualizado a las 05:07 h.Hay libros que arden muy mal en la pira del olvido. Y pesan lo suyo en esa báscula Ohio que recuerda Manuel Rivas: «A que pesaba as cousas importantes, como o pan». En la máquina que a él lo devuelve a la tienda de Leonor, en el castro de Elviña, pone el autor Follas Novas, Luces de Bohemia, Pedro Páramo, Poeta en Nueva York. Obligado a elegir, la Odisea dispara la balanza: «É un libro que contén os outros. A historia do ser humano, o rescate da memoria, que como dicía Walter Benjamin, é o máis parecido á felicidade». Rivas relee la Odisea en clave actual: el Cíclope de un solo ojo es para él una representación del poder.
Esa gran Odisea ha sido injustamente desplazada por algunos a la caja de las lecturas obligadas de EGB. Todo depende de cómo se entre en la historia, porque el amor por un libro suele tener cómplices. «No instituto tiñamos un profesor, Caeiro, que te facía sentir como un neogrego. ¡Era como se na clase entrase Heráclito!», dice Rivas, para quien hay libros tan especiales que, como diría Clarice Lispector, provocan «esa cosa clandestina que es la felicidad».
El más emocional de los sentidos decanta la elección del mejor chef pastelero del mundo, Jordi Roca. El perfume, de Patrick Süskind, es el libro que más ha leído este artífice de la cocina de las emociones, que sabe cómo provocar un maravilloso efecto Proust, ¡o Ratatouille!, con un suflé de manzana inspirado en la manzana asada que hace su madre. «Releo El perfume siempre que puedo -revela-. Me hizo pensar en lo importante de los aromas y los perfumes, y en cómo aplicarlos a la cocina. Empecé a plantearme qué pasaría si convertía perfumes en postres: Eternity de Calvin Klein, Tresor de Lancome, Angel de Thierry Mugler... Para acabar haciendo un perfume inspirado en uno de mis postres: la nube de limón».
Los niños, los que fuimos y los que tenemos, también tienen su peso en la balanza del amor literario. Con niños las horas vuelan, las páginas no. Quien siempre se imaginó en una placidez crepuscular ante la obra completa de Mann se ve de pronto leyendo mil y una noches Los tres chivos chivones o El pirata Garrapata. Este título fue precisamente uno de los que más leyó de niña la productora Emma Lustres, que creció con la colección de El Barco de Vapor. «Pero la única que me quitaba el sueño era Esther. Tengo todos los cómics, y una de mis espinitas es llevarla al cine». La chica pecosa que este año cumple 40 se ha visto desplazada en la mesilla de Emma por los libros de Teo y de Berta. Desde que es madre, no ha dejado de releer cuentos, los que les dan las buenas noches a sus hijos. «El que más he leído últimamente es Teo en el parque acuático», comparte.
Leer es viajar lejos para la atleta Alessandra Aguilar. En una maratón de lectura correría con Bajo el sol de Kenia, de Barbara Wood. «Es una historia de amor muy bonita. Te lleva a la época de las colonias británicas». Así descubrió ella a Barbara Wood. Fue un flechazo, y a raíz de esta novela vinieron muchas más de la misma autora. A Sandra le gusta la novela histórica, los libros que le descubren otras culturas, otros mundos.
TRILOGÍA DE MODA
Pasa una eternidad cada día deslizándose sobre el agua de la piscina, donde sueña con vivir unos Juegos Olímpicos, pero cuando le queda un rato libre le gusta refugiarse entre las páginas de un libro. Ahora ocupa estos pequeños momentos Sinsajo, el tercer libro de la famosa trilogía de Los Juegos del Hambre, de la autora Suzanne Collins. «Tiene una historia que engancha, muy potente, y esa es una de las cosas que más aprecio en un libro», comenta la nadadora internacional María Vilas. «Pero las que realmente me apasionan son las novelas de amor», sonríe. En concreto tiene una favorita, una que se le ha quedado grabada: Perdona si te llamo amor.