«Aquí nos echan bajo un puente»

Daniel Portela Otero VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M.Moralejo

Los feriantes en Vigo no cuentan con recursos básicos, a diferencia de otros sitios

06 jul 2022 . Actualizado a las 17:12 h.

Los feriantes de Coia estacionan debajo del puente de la VG-20, entre Navia y San Andrés de Comesaña. Sin facilidades para el acceso al agua y la electricidad y sin depósitos fecales en condiciones, decenas de familias viven allí en sus caravanas durante una semana o medio mes, en los casos en los que alargan su estancia hasta las fiestas de Bouzas. Esto sucede en un clima familiar, de apoyo y tradición, donde el enganche de agua está localizado en una fuente lejana al campamento, mangueras de tres kilómetros corren hasta una toma de luz y ya han sido multados por los residuos de los desagües improvisados.

«Cada atracción lleva una familia detrás. Llevamos niños pequeños, gente mayor enferma… Entonces necesitamos un sitio adecuado para cada vivienda», sostiene María, de 48 años. Ella es de León y está acostumbrada a otras condiciones: «Normalmente ya existe un sitio acondicionado. Aquí no, aquí siempre nos echan debajo de un puente y gracias, porque tampoco nos querían». Dice que «no les querían» porque hasta el último momento no tuvieron sitio para instalarse. Acudir allí es ya una costumbre.

«En invierno cuando vamos para casa, nos llegan las denuncias», apunta José Luis Montes, ourensano de 62 años, dueño de un puesto de palomitas, algodón de azúcar y almendras garrapiñadas junto a su mujer, que prefiere no dar su nombre por ser natural de Coia. Su sobrino, Jesús Pérez, y su primo, Claudio Sirvent, aseguran que este año es el primero que aparcan con permiso. «El resto de años aparcamos aquí igual y nos multaban», afirma el segundo. «El otro día aún nos vinieron a multar por los desagües. Ya ni preguntan. Sacan una foto a la matrícula y, al llegar a casa, recibimos la multa», añade Pérez, la más joven de las personas entrevistadas, con 28 años. Antes, depositaban sus necesidades en una bolsa que después tiraban en un contenedor.

En Pontevedra, Redondela, Sanxenxo y Portonovo sí cuentan con recintos acondicionados para su asentamiento; en otros municipios donde esto tampoco sucede, sin embargo, sí les proporcionan tomas de agua o electricidad. «En Redondela tienes cada cinco metros una toma para el desagüe y una toma de agua y, justo en el centro, ponen un cuadro grande de electricidad y todos enganchan ahí. Yo tengo dos niños pequeños y no puedo dejar que corran por ahí porque está todo tirado. No es el primer año que nos roban todas las mangueras», explica Jesús Pérez sobre la situación de inhabitabilidad. «Todo es para el año y para el año nunca llega», señala la originaria de Coia.

Este año los gastos han aumentado en consecuencia de la subida del precio de la gasolina. También lo ha hecho el dinero que les exigen por las casetas. «Pagaba 120 euros y ahora nos meten el machete de 150», se queja el veterano de Ourense. Con todo, prevén una bajada general de los ingresos tras la finalización de las fiestas.

«Llevamos dos años parados. Llegamos a las fiestas y nos piden más dinero que nunca», denuncia Pérez. Para sus puestos tampoco les proporcionan electricidad, por lo que tienen que utilizar generadores eléctricos. «Aquí [en el campamento] no podemos echar un generador todo el día encendido, además al precio que está el gasoil», explica Montes. Comparte uno con otros dos compañeros y asegura que, en los cuatro días trabajados, el gasto ronda los 300 euros.

Tradición familiar

Las que trabajan aquí son terceras o cuartas generaciones, según Claudio Sirvent: «Son gente de siempre». Sus bisabuelos eran los mismos que los de José Luis Montes, por eso se dicen «primos», aunque su parentesco sea más lejano. Uno de los números que una compañía de Lalín hacen de guiñol era uno de los que sus antepasados representaban. «Nos pidieron permiso, y lo hacen con el nombre de Barriga Verde», relata Sirvent. «Es nuestra vida. Lo único que contemplamos José Luis y yo es cobrar la jubilación», añade entre risas.