Israel Cantos, el artista que pide ayuda para poder pintar... y comer

Begoña Rodríguez Sotelino
b. r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

Inició un mural que quiere dedicar a sus vecinos de Guixar, pero no tiene medios para acabarlo

13 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La suerte no es una de las compañeras más habituales en la vida de Israel Cantos. El albaceteño nacido en Almansa hace 47 años es vecino de Vigo desde que hace año y medio le dio cobijo un antiguo amor, una viguesa que responde al nombre de Belén, con la que ahora comparte casa en la zona de Guixar, en el barrio de Teis, «junto a nuestra perrita», añade.

Pero el encuentro con su pareja se produjo en unas circunstancias nada idílicas, tras unos años errante, después de quedarse sin trabajo, sin derecho a paro y sin cobertura social de ningún tipo. «Estaba trabajando en Cataluña, en una empresa de construcción de casa de madera y me engañaron con un contrato falso», explica. Así inició un periplo por España, de albergue en albergue, o a veces en la calle, hasta que llegó a Galicia. En uno de los refugios le dieron lápiz y papel. Dibujaba bien desde niño y se le ocurrió darles uso para algo más que para calmar la ansiedad. «Me sentaba en el suelo a pintar y cambiaba dibujos por comida. Al principio sentía mucha vergüenza y miedo», reconoce.

En esa situación estaba cuando llegó a Vigo. La visita a Belén, que había sido su pareja hacía tres años, coincidió con el inicio del confinamiento y ella le abrió las puertas de su hogar «porque ni en la calle se podía estar», manifiesta.

Israel no consigue trabajo. Le encargan cuadros que no le pagan. Lleva dos años intentando conseguir que le concedan el Ingreso Mínimo Vital, «pero cuando entrego un papel, a los 15 o 20 días me piden otro, y no termina nunca», lamenta. Mientras, sobrevive gracias a su compañera y la ayuda vecinal. «Ella tampoco está muy bien, ha tenido problemas de salud, aunque ahora está mejor», explica. Como la ingresaron en un hospital, él se quedó solo durante más de un mes y el mundo se le vino abajo. Aún más abajo. Estando en ese estado, en uno de esos días de desesperación y apatía, se le ocurrió comenzar a pintar un mural en las paredes de una casa abandonada a unos metros de su domicilio. Al verle, los vecinos comenzaron a hablar con él, a conocerle y a ayudarle dándole ropa, comida y a veces, algo de dinero. «Me dan mucho ánimo y quiero dedicárselo a ellos pero no tengo medios para continuar, por eso pido para material para seguir pintando», cuenta el hombre, que tiene en Facebook la página Lapicero Arcoíris y también se le pueden llevar ayudas al estanco Moisés.