Los seis años del Vigo rebelde

De 1840 a 1846, la ciudad se alzó a favor del liberalismo y logró recuperar la capitalidad


En la historia de Vigo, hay varios períodos auténticamente revolucionarios. Y entre ellos destaca una década en el siglo XIX en la que se vivieron grandes convulsiones en la ciudad. El 10 de septiembre de 1840, la guarnición militar del Castro se subleva con el apoyo de los vecinos. «¡Viva la Constitución!». «¡Viva la libertad», gritan los vigueses en apoyo del cambio de gobierno que promete el general Espartero, quien quiere finalizar con la política conservadora de la Regencia de María Cristina.

En la memoria ciudadana están los sucesos de 1823, cuando Vigo pierde su condición de capital de provincia, aplastada por la reacción absolutista comandada por Fernando VII y el apoyo de Los Cien Mil Hijos de San Luis. Pablo Morillo, que había sido considerado héroe de la Reconquista de 1809, regresa a la ciudad para entrar a sangre y fuego y terminar con el Trienio Liberal.

Años más tarde, los vigueses vuelven a las armas. Constituyen una junta revolucionaria y vuelven a armar la Milicia Nacional de Vigo, el ejército voluntario que ya había luchado durante el Trienio Liberal, de 1820 a 1823, frente a las partidas absolutistas que arrasaban Galicia. El comandante general de la provincia, el brigadier Medinilla, sale de Pontevedra para sofocar la rebelión viguesa. Sus tropas acampan en el Areal e instan a Vigo a rendirse. Pero pronto comprende que está en inferioridad y huye a Portugal. El 4 de octubre, la ciudad toma la iniciativa y marcha sobre Pontevedra. Buques artilleros salen del Berbés para bombardear la capital desde el Lérez. Por la noche, las columnas de voluntarios encuentran en Ponte Sampaio a unidades pontevedresas, que son puestas en fuga tras sufrir muchas bajas.

El 5 de octubre, los vigueses sitian Pontevedra y comienzan a hacer fuego de cañón sobre la ciudad, intentando volar la Peregrina. Tras unas horas de refriega, los pontevedreses se rinden. Completada la ocupación, la Milicia Nacional de Vigo regresa a casa el 8 de octubre. Tras hacer noche en Redondela, son recibidos en la ciudad al día siguiente como héroes. Vigo recupera así la capital de la provincia. El 21 de octubre se vuelve a publicar el Boletín Oficial de la Provincia de Vigo. La Junta Revolucionaria asume las funciones de la Diputación y Jefatura Política. Pero la ilusión va a durar poco. El 6 de noviembre de 1840, un decreto de Espartero afirma que, mientras no se resuelva el conflicto de la capitalidad, esta se mantendrá en Pontevedra.

A pesar del desencanto, los vigueses siguen fieles al liberalismo. Y, de nuevo en 1843, la ciudad se levanta por la caída del regente. Pero su rebelión, en esta ocasión, es aplastada.

En una década convulsa, de nuevo en 1846 se vuelve a sublevar Vigo. Ahora la Milicia Nacional marcha sobre Santiago con una columna de 800 hombres y piezas de artillería. El objetivo es extender la rebelión liberal, lo cual consiguen. En Compostela, se constituye la Xunta de Galicia. El lema es: «Isabel II, libre y constitucional. Abajo el sistema tributario. Libertad e independencia nacional. Cortes Constituyentes». Pero los conservadores contraatacan. Días más tarde llega a la ría de Vigo una escuadra de guerra para bloquear la ciudad. Pero, de los tres barcos que llegan, dos izan la bandera revolucionaria. Quedan en Vigo el bergantín Nervión, junto al guardacostas Astuto. Las tripulaciones son recibidas con alegría. Vuelve a Ferrol el Bidasoa, que se mantiene fiel al gobierno.

Pero la alegría tampoco ahora es duradera. El ejército gubernamental del general Concha vence a los revolucionarios. Llega el fusilamiento de los mártires de Carral. Y los conservadores aplastan la rebelión. Los mandos liberales vigueses se ven obligados a huir en barco a Gibraltar, perseguidos por una flota que llega de Ferrol. Las fuerzas del Gobierno entran en la ciudad e imponen la ley marcial.

José de Santiago, en Historia de Vigo y su comarca, resume así aquellos seis años convulsos: «Con el pronunciamiento fracasado de 1846 se cerró en la historia de Vigo el ciclo de los movimientos insurreccionales cuya iniciativa tomaba esta liberal ciudad, pues fueron dolorosas las enseñanzas que habían sacado sus habitantes». Finaliza así la enésima sublevación de esta época convulsa. Los sueños de libertad, con los de capitalidad, quedaban de nuevo destrozados tras seis años rebeldes.

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