Barrios con luz propia

Algo se mueve en las ciudades gallegas. Barrios que hasta hace unos años estaban de capa caída resurgen de sus cenizas y su destello atrae a nuevos vecinos, a nuevos negocios y nuevos modos de relacionarse. No hay gentrificación. Sí revitalización


Gentrificación: concepto anglosajón que define un proceso de sustitución de población local por otra de mayor poder adquisitivo, una formación académica superior y unos gustos culturales urbanos. Aristocratización. Aburguesamiento. ¿Gentrificación en Galicia? No. Al menos no como suele darse. Lo explica el profesor de Xeografía de la Universidade Miguel Pazos Otón. «A escala é diferente. Non podemos comparar a escala de Nova York, Londres ou Los Ángeles con Santiago ou con Vigo. Falamos das grandes cidades galegas, pero o certo é que son pequenas, a nivel mundial son miniaturas». Tampoco hay una masa crítica, una clase creativa, profesionales vinculados a las nuevas tecnologías, a profesiones ligadas al arte. «Aquí sería unha clase incipiente. Ao final é cuestión de escala». Gentrificación. No. Revitalización, sí. Puede ser espontánea. Es el caso del barrio de San Pedro, en Santiago. Los vecinos se tatuaron un amor de barrio en el pecho y devolvieron las puertas del casco histórico a la vida. Puede ser más planificado. Ha ocurrido en el Barrio Alto de Vigo, el casco vello alto. El Consorcio de la ciudad compró las viviendas. Las rehabilitó. Y luego se pusieron a la venta a precios protegidos. Eso fijó población, y con ella llegaron los nuevos negocios. Ahora, vecinos y comerciantes han recogido el testigo para «facer barrio». Otros, sin embargo, se han quedado a medias. Es el caso de A Tinería, en Lugo. La política rehabilitadora atrajo a nuevos vecinos en una zona entremurallas llamada a ser el nuevo barrio con luz propia en la ciudad. Pero la crisis, la paralización de las inversiones, dejó el proceso a la mitad. Han abierto nuevos negocios. Hay nuevos vecinos. Pero se ha ralentizado.

Miguel Pazos, coruñés de barrio, compostelano de adopción y vecino de San Pedro antes del bum, recuerda el antiguo barrio. Recuerda el ultramarinos que se transformó en una tienda de cervezas artesanas. Recuerda la pastelería que se lavó la cara y ahora vende cupcakes. A pocos pasos de Lambona, Fainotí. La mercería reinventada y centrada en tejer. Al frente, Natalia Horyaans. Natural de Vigo, enamorada de tejer y desde hace unos meses, vecina del barrio. «Tiene mucho carácter», sentencia al preguntarle por su nuevo hogar. «Pero la ubicación de la tienda la escogieron mis amigos. Un día decidí abrir la tienda y mis amigos me dijeron 'tiene que ser en San Pedro'. Lo que tenía claro es que no lo quería en el centro». Primer recuerdo del barrio: «El día que abrí, pasó medio San Pedro a saludarme y a felicitarme», y eso es un plus: «la gente te apoya». Pero todo tiene desventajas. «No nos podemos librar de los peregrinos cantando a primera hora de la mañana». San Pedro abre las puertas de la catedral. Pero también explica Miguel Pazos que San Pedro, extensión natural del casco histórico y parte del Camino Francés, también debe a ese factor turístico su primavera interminable. «A xentrificación ten un factor comercial e outro turístico. Os peregrinos son turistas e entran por aí, e a xente que está no casco histórico acaba saíndo e precisamente o Museo do Pobo Galego e o CGAC son os que fan á xente cruzar ese Rubicón que é a Virxe da Cerca», calle que delimita el casco monumental y el barrio de San Pedro. Y son, precisamente, el Camino y el CGAC los dos factores que señala Pazos como abono para la revitalización del barrio.

Es San Pedro uno de esos casos de gentrificación de baja intensidad espontánea, promovida por los vecinos. Otro de esos casos es Canido, en Ferrol. No tiene el patrimonio de los barrios históricos, ni el encanto del mar, ni grandes plazas para reunirse, ni locales de jóvenes modernillos... Pero la zona luce la autenticidad de los lugares que mantienen su esencia y también ganan vida. Ese pulso es noticia en un Ferrol en permanente estado de melancolía. El barrio alto estaba que se caía hace unos años. Y como imaginativo grito de protesta crearon los artistas Eduardo Hermida y Gustavo Sequeiro el encuentro de pintores de Las Meninas. Llamaron a rebato a amigos y conocidos para reinterpretar la obra de Velázquez en los muros de casas abandonadas. Arrasaron. Cada septiembre, Hermida repite el encuentro, ahora con fotógrafos, músicos, escultores... 

Si «Ferrol Mola», como dice el popular grafiti que asoma por varios rincones de la ciudad, Canido mola más. La reivindicación de Hermida despertó conciencias, y los cuatro millones de inversiones del Plan Urban -todavía en ejecución- humanizaron el barrio, más peatonal, más cómodo. El Cruceiro que hacía de incómoda rotonda mutó en coqueta plaza. Y ese espacio actúa ahora como kilómetro cero del barrio y punto de encuentro.

Junto al Cruceiro juegan los niños hasta tarde, se reúnen los adultos de sesión vermú los fines de semana y van surgiendo nuevos negocios. En Canido la población aún no crece, pero se va manteniendo sobre los 8.000 habitantes después de que ese empuje hiciese que se rehabilitasen casas y se levantasen también bloques de edificios, sobre todo antes del parón urbanístico. El barrio mantiene al mismo tiempo un pie en el pasado, fiel a sus fiestas de toda la vida como Os Maios, y otro en nuevas propuestas. Una de ellas, los domingos. Cuando Ferrol descansa, Canido cobra vida.

CANIDO, FERROL

Ambiente de barrio, al lado del centro

En lo alto de Ferrol se mantiene el sabor de un barrio auténtico. Hace unos años el deterioro de la zona animó al artista Eduardo Hermida a lanzar un creativo grito reivindicativo contra el abandono. Propuso que varios artistas reinterpretasen Las Meninas sobre muros y fachadas. La idea caló, ahora también convertida en un fin de semana de reafirmación de Canido, un lugar más habitable después de la humanización de plazas -en la foto, la del Cruceiro- y calles gracias a unos cuatro millones de inversión del Plan Urban. Niños y mayores recuperaron el espacio público como punto de encuentro.

 

MONTE ALTO, A CORUÑA

La mercería de Maica, punto de encuentro

«¿Me das una aguja de lana? La pregunta es típica de una mercería. Pero la mercería de Maica, nacida en Monte Alto, criada en Monte Alto y vecina de Monte Alto, es mucho más que una mercería. Es uno de los puntos de encuentro de los vecinos. Las acciones solidarias en las que participa son muchas y variadas. Entre ellas, el proyecto puesto en marcha por la asociación de vecinos y Arquitectos sen Fronteiras de Mulleres Colleiteiras para la recogida de aceite. 

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