Anda la gente despistada con el luto por las víctimas del dramático accidente ferroviario. Nadie quiere faltar al respeto ante un hecho tan grave y se dan casos puntuales en los que las comisiones de fiestas y otros colectivos no saben cómo actuar.
En algunos municipios como Vigo se optó por cancelar todas las fiestas financiadas con dinero público. Otra cosa, son los negocios privados. En este caso los derroteros son muy variados. Desde los cutres que no se resignan a perder los ingresos de cuatro cubatas, hasta los que han optado por cerrar la puerta a cal y canto hasta las 24 horas de mañana.
Con las fiestas populares ocurre otro tanto de lo mismo. Sorprendía el pasado domingo en Aldán escuchar música por todo lo alto y de todo tipo. Ni un rincón de la localidad se libraba de los decibelios que emanaban de unos altavoces camuflados. En el caso de la Festa do Viño Tinto de As Neves, se optó por eliminar la parte lúdica y mantener la económica. Es decir, vecinos y visitantes se limitaron a comprar los caldos de la denominación de origen Rías Baixas y, como mucho, a tomarse un chato sin cánticos ni exabruptos.
En el caso de los políticos, el despiste es mayúsculo. El mismo partido que en una ciudad decide no convocar ruedas de prensa en señal de respeto, en otra hace lo contrario y no para de darle al mirlo. Otras veces optan por no convocar a los medios, pero si estos acuden a ellos o les llaman por teléfono, responden a las cuestiones, según dicen, por respeto a los profesionales. Me pregunto si les costará tanto dejar de trabajar como mantener el pico cerrado. Más de uno confesó en cierta ocasión, tras ausentarse un par de días de la ciudad, que no podía soportar el mono de micrófono. Visto el percal, tal vez no vendría mal un centro de rehabilitación para acabar con este triste sufrimiento.
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