La catedral de Tui es una joya de la transición del románico al gótico, pero con presencia de otros estilos
28 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El pasado 30 de noviembre se inauguraba el Año Jubilar con el que la diócesis está celebrando el 800 aniversario de la consagración de la catedral de Tui, dedicada a Santa María de la Asunción. Con anterioridad, la sede episcopal estuvo en otros emplazamientos. El más conocido es la iglesia de San Bartolomeu de Rebordáns, aunque hay indicios anteriores de una basílica paleocristiana. En cualquier caso, es un momento adecuado para recorrer este templo que presenta un aspecto a medio camino entre un templo y una fortaleza, y que guarda numerosos tesoros patrimoniales.
Mañana comienza el nuevo horario de primavera-verano para poder visitar este singular monumento. De lunes a sábado está abierto el circuito de visitas entre las 10:45 y las 14:00, y de 16:00 a 20:00 horas; y los domingos, de 9:00 a 12:30, y de 16:00 a 20:00 horas. El visitante recibe el apoyo de unas audioguías, accesibles desde el teléfono móvil, que le ayudarán a contextualizar el recorrido.
La parte más antigua de su fachada se sitúa en el lado norte, el más próximo a la casa consistorial. Está marcada por una portada románica con una estructura de tres arquivoltas de medio punto y un tímpano liso. Sobre ese conjunto se sitúa una escultura de un obispo. No toda esa fachada está fijada en el románico, porque su parte superior ya se adentra en el gótico. Pero, sin duda, el mayor esplendor de este último estilo artístico se centra en su fachada principal, un conjunto cronológicamente situado en los primeros momentos del gótico peninsular. Sus distintas partes son una sucesión de piezas escultóricas abrumadoras para el espectador.
Museo catedralicio
Tras pasar por la recepción, la ruta comienza por el museo catedralicio, situado en la capilla de Santa Catalina, donde se pueden apreciar distintas piezas escultóricas, elementos litúrgicos y varios retablos de un enorme valor artístico. Destaca la custodia de asiento realizada por el orfebre Juan de Nápoles Mudarra en 1602, y una imagen en madera policromada de la Virgen con el Niño que data de finales del siglo XIV o principios del XV.
Una vez concluida esta parte, el visitante puede contemplar la estructura arquitectónica del interior del templo. Tiene una planta de cruz latina con tres naves en las que se entremezclan el románico y el gótico. Es aconsejable pararse ante las esculturas que embellecen los capiteles de las columnas. Pero, sin duda, lo que más llama la atención en la nave central es la presencia del apabullante órgano o, mejor dicho, de dos órganos enfrentados. Fueron construidos a comienzos del siglo XVIII y son un alarde de virtuosismo barroco, otro de los estilos artísticos presentes en el templo. El de la derecha está coronado por una figura de Santiago en su iconografía ecuestre.
Y debajo de ambos se sitúa la sillería realizada por el maestro Castro Canseco a finales del XVII, en la que se representan, en relieves tallados sobre madera, distintas figuras de santos y escenas de la Virgen María. El virtuosismo en la talla de madera continúa en el altar mayor con el coro catedralicio.
De obligada parada es la contemplación del retablo de la Expectación; es decir, el dedicado a la Virgen en estado. Con anterioridad al actual, hubo otro de comienzos del siglo XVII realizado por un escultor portugués. El actual es obra del redondelano Antonio del Villar y fue realizado a comienzos de la tercera década del siglo XVIII. Es una explosión de barroco que merece una mirada atenta a todos los elementos.
A pocos metros de este retablo se abre, junto al altar mayor, la capilla de las Reliquias. Aquí aparece otro estilo arquitectónico: el renacentista. Una hermosa cúpula, sujeta por pechinas, aporta una luz natural que acentúa el dorado retablo donde se custodian reliquias de santos. La parte renacentista fue mandada construir por el obispo Diego de Torquemada, a quien no se debe confundir con el inquisidor general Tomás de Torquemada.
Recientemente, el obispado afrontó la restauración del retablo de Santiago, una joya de finales del siglo XVII atribuida al escultor tudense José Domínguez Bugarín. El siguiente objetivo es la restauración del retablo de San Pedro.
El claustro más antiguo
De los primeros momentos de la fábrica de la catedral data el claustro. De hecho, es el más antiguo de cuantos existen en Galicia. Es un espacio de tránsito hacia distintas dependencias, pero también es el pulmón del conjunto. Está influenciado por las aportaciones arquitectónicas impulsadas por el Císter. El tránsito está cubierto por grandes arcos apuntados que descansan en delgadas columnas rematadas en capiteles florales dobles.
Aunque está actualmente en proceso de rehabilitación, la sala capitular, donde se reunía el cabildo catedralicio, es un vestigio de la etapa románica del edificio. Tiene en su acceso dos figuras de leones. Justo al lado, se puede acceder a un mirador sobre el río Miño.
Más adelante, ya en el retorno hacia la catedral, se pueden contemplar distintas piezas heráldicas y una colección epigráfica. Hay también algunos sarcófagos de época visigótica.
Hace ya dos décadas, un equipo de arqueólogos confirmó la presencia de una de las necrópolis altomedievales más grandes de Galicia bajo el jardín del claustro. Los investigadores dataron los restos hallados en la franja cronológica que va desde el siglo VI al XIII.
La visita al conjunto catedralicio se completa con un paseo por las cubiertas del edificio y la torre de Soutomaior, aunque no todos los días puede realizarse debido a las condiciones meteorológicas.