La vida bajo techos de plástico

Monica Torres
mónica torres TUI / LA VOZ

TUI

Óscar Vázquez

Las casas de varias familias afectadas por la explosión de Tui llevan 15 días cubiertas con lonas

07 jun 2018 . Actualizado a las 13:14 h.

El tiempo no discurre a la misma velocidad dentro y fuera de Paramos, la parroquia de Tui que destrozó la explosión de un almacén clandestino de pirotecnia hace quince días. «Las noches son eternas, en vigilia, y los días no pasan porque aquí todo sigue igual. Estamos aún peor que entonces, porque los primeros días venía mucha gente pero ahora vas viendo todo y nadie viene a nada». El relato de Antonio Martínez frente a la casa en la que nació hace 67 años, cubierta ahora por plásticos, es sobrecogedor. Tanto él como su mujer, Carmen Campo, son conscientes de que pudieron haber muerto el 23 de mayo porque la bomba estalló a solo cien metros de su casa, una de las contadas del barrio de A Torre que no saltó por los aires ese día. Sus vecinos corrieron peor suerte y casi todas las viviendas del entorno desaparecieron o están sentenciadas. Pero la tragedia le ha pasado una factura extraordinaria a Antonio y Carmen, que sobreviven al amparo de su hijo y su mujer, que residen con sus nietos a escasos metros.

«Si llega a pasar de noche nos habríamos muerto todos, incluidos los niños, porque las ventanas salieron despedidas con marcos y todo sobre las camas», nos habrían aplastado, recuerda Carmen. La balanza entre lo que fue y lo que pudo haber sido les obliga a hablar de futuro. También cuando recuerdan que habitualmente sus nietos juegan por las tardes en el jardín ahora cubierto por los hierros y materiales que arrojó la onda expansiva.

«Lo único que recuerdo de la posguerra es que lo pasamos muy mal y con doce años ya estaba trabajando, y ahora, al final de la vida, volvemos otra vez a la guerra», lamenta Antonio. Siete días después de la explosión pudieron entrar por primera vez en su casa. «Por mucho que imaginaras lo que podía haber dentro, nada te prepara para ese dolor de corazón», recuerda Carmen. «Nos echaron de casa el día 23 sin deber nada y ahora nos dejan con una mano delante y otra detrás. No tienes ánimo de hacer nada, estamos tirados», explican.

Han vuelto a cocinar y pueden comer en la planta baja de su casa. Pero nada más porque el único tejado que los cubre es de plástico y con él protegen todo lo que les queda. «Sin plásticos esto sería una balsa de agua, no tenemos tejado ni ventanas», señala Antonio. Ya han dado parte a la aseguradora y pedido presupuestos para el arreglo, pero la desesperación ha llegado tras las esperas. «Al principio estás en shock, no puedes asimilarlo, luego te derrumbas, tenías una casa pagada y ahora una de plástico», dicen impotentes. El tiempo que las administraciones, las aseguradoras y la Justicia usan para los trámites mantienen a los afectados atados de pies y manos. «Estás con una ansiedad continua, es increíble venir a casa y ver cómo llueve dentro», explican. Tienen claras las prioridades. «Lo importante es que no perdimos la vida pero sí la seguridad de estar tranquilos en nuestra casa. El susto fue muy grande, no se marcha, hay que aprender a vivir con ello», dicen unidos.

Piden cementerios para religiones minoritarias

Miembros de la comunidad islámica -las dos víctimas de la explosión eran musulmanas- se reunieron ayer con representantes de la Xunta y la Fegamp para tratar de la creación de cementerios adaptados a religiones minoritarias en Galicia. Los musulmanes pidieron uno en el norte y otro en el sur. La petición fue recibida de buen grado y se reunirán la próxima semana.