El diezmo era la base del poderío económico de los párrocos

Santa Cristina de Lavadores era el curato más rico y mejor dotado de las poblaciones del entorno de Vigo


En la muy lejana Edad Media, los teólogos concebían este mundo como reflejo de la Ciudad Celestial, y dividían la sociedad en tres ordenes: bellatores o guerreros (nobles), oratores, que rezan (clérigos) y laboratores o trabajadores (campesinos). Con la aparición de las ciudades, el esquema se complicó, pero en el rural no hubo otros cambios que el abandono de las armas de los primeros. Más tarde, el magno Concilio de Trento, determinó que los eclesiásticos debían de vivir con la dignidad debida, muy por encima de sus feligreses, y los ingresos se basaron en el diezmo y otros derechos económicos.

¿Cuanto representaba el diezmo? En teoría, como dice la palabra, era el 10 por ciento de la cosecha campesina de frutos y ganado, aunque en realidad era un 7/8 por ciento. Pero lo cierto es que solo un tercio de los párrocos de la comarca lo recibían completo. El resto lo compartía, generalmente por mitad, sobre todo con el obispo y canónigos (el maestrescuela) de la catedral de Tui, también la de Santiago, el monasterio de Melón y algunas sincuras (sin obligación de decir misa) de particulares, como en la década de 1750 Pedro de la Higura, de Valencia, Pablo Ortega y Francisco Lobón. La parroquia de Coia no dejaba nada, pues se lo repartían el obispo y el cura de Navia. La más compleja era Oia, donde tenían parte el abad, cabildo y maestrescuela de Tui y Lobón.

Había fragmentos del territorio parroquial, también propios de otros: el lugar de Moledo (Beade) correspondía a la encomienda de la orden de los monjes-caballeros de S. Juan de Beade (O Riveiro), con parte de Sárdoma, y la cuarta parte de As Brañas de Liñares (Oia) al rico presbítero de Coruxo, Pedro Rodríguez.

El diezmo suponía cantidades muy variables, siempre generosas, de cereales panificables: trigo, mijo, cebada, centeno y lo principal: el maíz, como en Matamá, Cabral o Sárdoma, y por supuesto el vino, producto comercializable de gran valor que se daba con mucha generosidad en el valle de Lagares, Chapela y Coia, donde eran muy codiciados. Se completaba el elenco con muy pequeñas cantidades por los diezmos minutos y por las crías de ganado. No pocos preferían el dinero en mano de su parte de diezmo o de la ración (los sincuras, el obispo) y las arrendaban por cantidades que iban de los 1.300 a los 7.400 reales. El conjunto de la décima podía cuadriplicar ese monto, mientras que un jornalero ganaba 3 reales por día trabajado.

Entre los curatos (parroquias) más apetecibles estaba, con gran diferencia, Lavadores, seguido de Coruxo, Bembrive, Oia, Freixeiro y Cabral, quedando en la cola Navia, Coia y Teis. Sin embargo, las más pesadas para los labradores, donde más se contribuía al párroco, eran Lavadores, Freixeiro, Coruxo y Alcabre. Junto al anterior estaba también el derecho de ración y primicias u oblata, que a veces también era en parte o todo propio de persona o catedral distinto al cura de almas (marqués de Valladares en Alcabre y Comesaña). Se justificaba en base al reconocimiento de dominio sobre la tierra. De regular cuantía, era una carga seria a sumarle.

Se beneficiaban también los párrocos con disponer de casa rectoral casi siempre (no en Freixeiro, Candeán, Beade) y un iglesario anexo para atender la casa, además del derecho de fábrica para obras en la iglesia. Eran ingresos relativamente pequeños, pero que había que sumar al diezmo, tratándose de las mismas especies. Además, los campesinos también estaban cargados con el denominado Voto de Santiago, que debía pagarse al cabildo de la catedral de Santiago. Representaba bastante menos que el diezmo, aún así era una carga que no dejaba de ser onerosa para las gentes del rural. En la ración y el voto acostumbraban a pagar la mitad (dinero, pollo) los pobres, viudos/as y solteras. Era como se concebía la caridad por entonces.

Todas estas cargas eclesiásticas que iban contra la libertad de las tierras fueron suprimidas en 1836 por el ministro liberal-conservador Istúriz. Hidalgos (pequeños nobles) y párrocos, un 1/2 por ciento de la población, eran los estamentos sociales privilegiados. En esta época tener un hijo cura era una bendición.

Historiador y miembro fundador del Instituto de Estudios Vigueses

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