El movimiento vecinal, en la uci

La eliminación del 80 % de las actividades deja a las asociaciones de Vigo sin recursos


vigo / la voz

Grave. Es la palabra que más pronuncia el movimiento vecinal vigués a la hora de hablar de su situación. De seguir así, podría producirse una cascada de cierres en las sedes de las asociaciones. Alguno, de hecho, ya se ha iniciado. La eliminación del 80 % de las actividades que organizan ha supuesto un varapalo para sus arcas y los gastos ordinarios las están ahogando. El miedo de los usuarios, la falta de espacio para cumplir la normativa sanitaria o, simplemente, el hecho de que no compense impartir cursos en turnos tan reducidos de cinco personas (o seis a partir de ahora) son las principales causas de la eliminación de talleres y clases.

En circunstancias normales las asociaciones de vecinos de la ciudad tienen programas con un mínimo de diez actividades. En algunos casos llegan a 32, como en San Miguel de Oia. En general, la media de usuarios que habitualmente acuden a las actividades es de 350 a la semana por asociación.

Pese a ofrecer precios mucho más económicos que los establecidos por las empresas privadas, los ingresos procedentes de las actividades suponen una inyección importante para las asociaciones, de la que básicamente se nutren. Otra consecuencia de la paralización del movimiento vecinal es la situación de los monitores y autónomos que imparten las actividades y atienden las cantinas de sus sedes, unos 450, que se verán abocados al paro.

En Saiáns, por ejemplo, tuvieron que cerrar el local, algo que no habían hecho en cuarenta años, según comenta el presidente, Xurxo González. Prescindieron de un empleado y echaron el cerrojo en el albergue de peregrinos. Lo mismo hizo la asociación de O Freixo (Valadares), donde se optó por el cierre de local y albergue. Otras, como Freixeiro, trabajan a medio gas, como en la mayoría de los casos, mientras que muchas, como Coruxo, atienden por teléfono. La asociación de vecinos Casco Vello, una de las más activas de Vigo, ha dejado el programa de actividades bajo mínimos. «Hai unha chea de monitores autónomos ou empregados; todo o mundo para o paro. A ver de que vive a xente», comenta Fiz Axeitos, secretario de la entidad. En su caso disponen de treinta aulas con varios grupos y 18 monitores. En una situación habitual llegan a tener 400 personas inscritas a la semana. Ahora no llegan ni a cincuenta.

En San Miguel de Oia intentan seguir con grupos de seis «porque el local tiene más posibilidades y si no, no tenemos ingresos», advierte el presidente de la asociación, Ángel Goberna. Cuentan con una veintena de monitores y rondan las 200 personas inscritas.

Los precios de las actividades pueden ir desde los 11 euros las clases de baile tradicional gallego, canto popular, pandereta y gaita para niños, hasta 19 corte y confección o 26 pilates, en el caso del Casco Vello.

Asociaciones, como Camiño Vello, de Coia han perdido en un mes casi 900 euros por la suspensión de actividades. Por el contrario, los gastos que tiene que afrontar una asociación son numerosos. Solo en mantenimiento una entidad de Vigo suma 6.300 euros repartidos entre teléfono e Internet (766), asesoría (831) limpieza (676), cuotas (360), seguros (822), impuestos (99) y material fungible (2.574). A las anteriores se suman reparaciones, conservación, mobiliario y materiales.

Presidentes de asociaciones de vecinos se reunieron en la federación que las agrupa, Favec, para lanzar de forma conjunta un mensaje de petición de ayuda con el fin de que alguien les eche una mano antes de que sea demasiado tarde. En el manifiesto, denominado «Por uns barrios vivos e con cultura integradora» y avalado por la presidenta de la Favec, María Pérez, recuerdan lo que ha significado el movimiento vecinal tradicionalmente a la hora de reivindicar mejoras en todos los ámbitos, tanto sociales, culturales, educativos o sanitarios.

«O SOS que hoxe enviamos á cidade de Vigo é un grito desesperado ante unha siuación inédita no movemento veciñal e que obriga ás administracións públicas a no ollar a outro lado e buscar cóbado con cóbado con nós solucións», dicen. Las entidades advierten que «os nosos centros están pechados, pero seguimos pagando impostos municipais e consumos eléctricos ou de auga, en ocasións exclusivamente coas cuotas dos nosos veciños e veciñas». La presidenta insistió en que se vive un momento crítico que requiere de un esfuerzo por parte de todos.

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