«Se llama maltrato animal a cualquier cosa»

Los ganaderos de las rapas das bestas de Oia defienden la tradición frente al reportaje crítico de «The New York Times»


oia / la voz

A los ganaderos que participan en las rapas das bestas del área de Vigo no les ha hecho excesiva gracia el reportaje de The New York Times sobre el castro de A Valga. Al tiempo que alababa y recreaba la histórica fiesta, el prestigioso diario norteamericano también dejó caer la posibilidad de que en este tipo de acontecimientos se produzcan casos de maltrato animal. «El evento de Oia elude la legislación española que prohíbe el transporte y la matanza de animales sin una certificación apropiada», señalaba el artículo del periodista Rafael Minder.

Los ganaderos lo tienen claro y salen al paso. «Ahora ya se le llama maltrato a cualquier cosa», dice Cesáreo Comesaña, que participa en castros como el de Tameiga y Mougás. Su opinión es la preponderante entre los ganaderos de las rapas das bestas de Galicia, que consideran que la legislación española y el activismo animalista no sirven para proteger a los animales, sino para desgastar a fiestas históricas como el castro de Valga.

Manuel Rodríguez, que participa en varias de las rapas das bestas que se celebran en el área de Vigo, considera que «parece que se quiere acabar con esta tradición. Cada cierto tiempo aparecen noticias y opiniones que critican lo que hacemos, pero ya estamos acostumbrados», se resigna.

El curro se ha topado con las normas y la sensibilidad modernas, que desafían su práctica y amenazan su longevidad. Los ganaderos han llevado a cabo protestas en contra de las leyes españolas que obligan a los caballos a portar chips de identidad, pues dicen que son innecesarios.

El artículo de The New York Times recoge la opinión de Laura Duarte, una militante del partido animalista Pacma. «No criticamos lo que hacen, sino cómo lo hacen porque causa un terrible estrés a los animales que viven en la naturaleza y no están acostumbrados al contacto humano». Duarte compara las rapas das bestas con las corridas de toros, y asegura que el argumento para defender este tipo de eventos es el mismo: «Evocar la tradición. Cualquier tradición que lastime a los animales debe revisarse. Y hacer algo durante mucho tiempo no significa que no deba adaptarse ahora a nuestros tiempos».

Fiestas como la de Valga son toda una tradición que consisten en reunir a los caballos salvajes del monte para cortarles las crines y desparasitarlos. Son acorralados y sujetados por la cola, las patas o las orejas, para lograr cortarles las crines. Los luchadores comprueban la bravura de los ejemplares para vencer su resistencia con fuerza y habilidad, reduciendo a los caballos en el suelo, marcando la señal convenida y cortando las crines.

En su artículo, The New York Times, uno de los periódicos más importantes del mundo, vinculan la tradición de mantener los caballos salvajes en libertad en los montes de Oia con la Iglesia católica.

El curro de Valga se celebra a principios del mes de mayo y suele abrir la temporada. Durante el evento, los potros se separan de las madres y luego se deja que cada cría se acerque, con lo que va directa a su progenitora. De este modo se le puede marcar con el mismo hierro. Posteriormente, los potros que ya tienen cierto tamaño se venden a un precio medio de cincuenta euros cada uno, según señalaron los ganaderos.

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