Manolo, que jugó y entrenó al equipo, transmitió a sus hijos y sobrinos su pasión por el balonmano
04 oct 2018 . Actualizado a las 05:00 h.En un campo de cemento al lado de su casa comienza la historia balonmanística de la familia Armán. Recuerda Manolo (O Rosal, 1957), que fue allí, en Novás, donde se enganchó a su vicio. «Montaron un campo, xuntámonos catro amigos, fomos buscar xente e púxose en marcha». Así resume el que fue extremo y entrenador los orígenes del Atlético Novás, el club rosaleiro que forma parte de su vida y de la de su familia. Porque fue Manolo el pionero, pero no el único. Enganchó a sus sobrinos y más tarde a sus hijos, movió a su familia por las gradas de media Galicia y escribió una página notable en la historia del balonmano gallego.
«Lembro que eu era pequeniño e ía por aí con meu pai e todo o mundo o coñecía, sabía das súas fazañas no balonmán. Eu non coñecía a ninguén pero pensaba: eu tamén quero ser así». El que habla, henchido de orgullo, es César Armán (O Rosal, 1991), el pequeño de los hijos de Manolo. Junto a su hermano Víctor (O Rosal, 1985) y sus primos Óscar (O Rosal, 1980) y Fran Pombal (O Rosal, 1975), completa una saga balonmanística de las que hay pocas, y cuyo germen está en Manuel.
«A culpa toda tena meu tío», sentencia entre risas Fran, «de pequeniño eu ía con miña avoa por todos os campos de Vigo e Pontevedra sábado tras sábado, e el era o culpable. Estabamos toda a familia mobilizada», recuerda feliz. Ahí fue entendiendo lo de pasarse el balón con la mano y cuando pusieron en marcha las escuelas deportivas en O Rosal, se enroló. Ese día lo guarda en la retina su hermano Óscar, cinco años más pequeño. «Avisaron a meu irmán par ir ás escolas, e eu, que era moi pequeno, fun porque quería mirar o que era aquilo. Levaba posto un pantalón vaqueiro e por debaixo unha pantaloneta, por se acaso podía facer algo. Cando cheguei Chelito, que estaba alí, díxome que me puxera a xogar, ¡quitei os vaqueiros e púxenme en marcha! Era un mocoso», narra divertido.
Cuando César hace memoria para recordar su primer contacto con la pista, describe cómo eran las tardes de su padre. «Meu pai saía de traballar ás seis e ás seis e media marchaba para o pavillón. Empezaba a adestrar aos equipos de base e ás nove xa empataba co sénior. Eu tería cinco anos cando comecei a ir con el. Estaba co balón detrás da portería tentando imitar aos xogadores, facer o que eles facían». Seguía, a pies juntillas, los pasos dados por su hermano Víctor unos años antes. «Eu comecei con seis anos, ía con meu pai para o pavillón, non era nin alevín, pero como estaba alí, metíame a facer algo con eles, a adestrar daquela maneira. Foime gustando, e aquí sigo».
«Supoño que lles ía no sangue», se ríe Manolo cuando repasa la historia balonmanística de sus hijos y sus sobrinos. Porque, tal fue el enganche de los pequeños de la familia con el deporte, que acabaron desarrollando en O Rosal prácticamente toda su vida deportiva, retirándose cuando ya las lesiones o la edad ganaron la batalla, y cambiando incluso la pista por el banquillo en el caso de los hermanos Armán. Justo el camino que décadas antes había trazado su padre.
Entrenador en la familia
Cuando Óscar habla de su tío Manolo, recuerda con afecto lo que se decía de él. «Coñecíano por toda Galicia, era un extremo dereito do melloriño que había. Contan que cando xogaba na pista de cemento, tirábase igual, era un fenómeno». Tanto, que cuando poco después de los treinta le tocó colgar las botas, siguió vinculado al Novás, su club, como entrenador. Trabajó en todas las categorías base y allí dirigió a sus hijos. «As broncas máis grandes normalmente lévanas os fillos», dice Víctor entre risas al tiempo que coincide con su hermano y su primo en la genialidad de Manolo al frente del vestuario.
«Foi o primeiro adestrador que ascendeu ao Novás a División de Honor B. Inculcounos os valores deste deporte, deste xeito de vida», le describe César, «sempre quixemos ser coma el». Ese equipo que a principios de milenio consiguió llevar O Rosal a la división de plata tenía el sello Armán en todas parte. En el banquillo, porque Manolo era su entrenador, y en la pista porque Óscar, Fran y Víctor, que por entonces todavía estaba en edad juvenil, aunque ya se codeaba con los mayores, formaban parte de la plantilla. «Pero non xogabamos por enchufe, diso nada. Como o Novás sempre estaba nos postos de arriba da competición, se non valías non te poñían, iso estaba claro», dice Fran.
«É realmente bonito, é difícil atopar un caso dunha familia que coincida así», dice orgulloso Óscar. Claro que dejar el deporte solo de puertas para dentro del pabellón es tarea imposible, por lo que los cuatro primos coinciden en que «había balonmán nas comidas, nas ceas, ¡todo o día balonmán!».
Y no era para menos. Cuando Fran y Óscar dejaron el deporte, pasaron a la grada, donde también está ahora Manolo, pero César y Víctor estaban demasiado enganchados como para apartarlo de su vida, y ahora viven el balonmano desde la banqueta de entrenador. Tras pasar por varios equipos de la base, este verano ofrecieron a Víctor la dirección del segundo equipo, en el que tiene a su hermano César como ayudante, mientras que César es el primer técnico de los juveniles, con Víctor como segundo.
Ellos mantienen viva la herencia balonmanística de Manolo Armán, el extremo que defendió el dorsal 11 que sus sobrinos y sus hijos heredaron sobre la pista. Un número que el Novás, cuando el pequeño de los Armán dejó la pista, retiró. El homenaje merecido a un hombre de balonmano.