«Es absurdo no poder comprar a 30 metros»

Vecinos de Cangas, O Porriño, Chapela o Tomiño se saltan a diario cierres perimetrales que chocan con la lógica: viven junto a supermercados que se asientan sobre terreno de concellos limítrofes


VIGO / LA VOZ

La imposición de cierres perimetrales resulta artificial en no pocas ocasiones. Muchos núcleos de población dejan situaciones absurdas, como que un vecino pueda recorrer bastantes kilómetros dentro de su propio municipio para ir a la compra y no le esté permitido (salvo que las autoridades hagan la vista gorda) avanzar unos metros para adquirir alimentos. Ocurre en varias zonas del área metropolitana de Vigo con los supermercados.

O Porriño y Mos comparten una zona comercial de referencia para ambos municipios. Las superficies del Lidl, el Gadis o el Día están en terrenos mosenses, pero sobre el arranque de la calle porriñesa de Ramiranes, por lo que la mayoría de las casas que están más próximas son de vecinos de este municipio. Están pegadas y, de hecho, los responsables del tanatorio de A Louriña, que actúa de frontera, tuvieron en su día que pedir licencia a ambos municipios porque dos de sus salas están en Mos y la tercera, en O Porriño. Así, enarbolando la lógica como salvoconducto, ni los vecinos de esta zona dejan de ir al Lidl de enfrente, ni la policía suele hacer controles.

Parece como si la línea divisoria se hubiera dibujado unos pocos metros más hacia Mos, porque las concesiones acaban donde lo hace el Lidl y el Gadis, aunque está justo a continuación suena ya lejos. «Como está en el límite es como si no saliera realmente del municipio y nadie me ha dicho nunca nada», explica la porriñesa Mari Paz tras hacer su compra en este Lidl que, curiosamente, aun siendo de Mos, acata los festivos de O Porriño. Cumplir esta delimitación obligaría a decenas de porriñeses a tener que coger un coche, del que muchos no disponen, para hacerse como mínimo 7 kilómetros para llegar a otras grandes superficies, induciendo además un nuevo flujo de movimientos más indeseado aún para el control de la pandemia que el incumplimiento de los cierres perimetrales cuando significan andar 30 metros.

Entre Cangas y Moaña se da una situación similar, al pasar la curva que separa a los dos municipios. Es también de la cadena Lidl la superficie comercial que más adictos a saltarse el cierre encuentra en O Morrazo. Los argumentos son parecidos. Entre la tienda de la parroquia moañesa de Tirán y la rotonda canguesa del Gordo, como se conoce por la escultura de Ramón Conde a este enlace de la PO-551, hay poco más de medio kilómetro. Pero la alternativa para los vecinos al este de Cangas es depender de supermercados pequeños urbanos. Y no todos están por la labor si no le salen las cuentas, ni piensan que el riesgo sanitario sea mayor que el de una multa. En el caso de Moaña, sí hay que jugársela, porque los controles de la Guardia Civil son habituales. «Muchas veces están en la propia entrada del recinto, por lo que, como el supermercado es todo acristalado, la gente se da cuenta y espera a que se vayan para salir», explicaba ayer una cliente asidua.

En las oficinas de la Policía Local de Cangas, una de las llamadas recurrentes aún hoy en día, tras semanas de cierre, es la misma: «¿Ya se puede ir al Lidl?». La respuesta es no, aunque las escapadas siguen a la orden del día. Los controles policiales disuasorios han frustrado muchos de esos viajes. «Me parece absurdo que si estás a 300 metros del supermercado tengas que desplazarte tres kilómetros para comprar lo mismo», sostiene María. Esta moañesa vive justo en el límite, sobre la curva en la que se cambia de concello. Los vecinos argumentan que aplican la lógica e incluso la responsabilidad individual a la que tanto se apela para salir juntos de la crisis. Nadie quiere dar su nombre por temor a la sanción, pero no consideran que estén obrando mal porque «es nuestra zona de interacción de siempre y evitamos desplazamientos kilométricos y por lo tanto, más arriesgados».

«Cada uno tiene que sobrevivir como puede y, con tantos negocios cerrados, no podemos gastar de más. Tenemos que conseguir ahorrar algo en la bolsa de la compra aunque eso suponga arriesgarnos a la multa», defiende otra canguesa en el aparcamiento del supermercado. Tanto ella como otra mujer de la zona reclaman que se amplíe el perímetro para que se considere a O Morrazo una almendra. «Hay muchos productos que solo los tienen determinados supermercados, el desfase de precios es significativo y no está la situación como para gastar de más», apunta una de ellas.

Las escapadas clandestinas son un secreto a voces, aunque los controles los han frenado mucho. Vivir separados obliga también a los vecinos de las parroquias más próximas a Tui a tener que renunciar al mayor centro comercial de la comarca, ya que en Areas están juntos Gadis, Día, Mercadona y Lidl. El férreo control policial por el cierre de fronteras con Portugal es infranqueable para los portugueses, pero tampoco tendrían que acudir a su centro de compras de referencia semanal los tomiñeses y otros residentes en municipios cercanos.

La continuidad urbana de Vigo hacia Chapela, que se mantiene incluso con los buses de Vitrasa pese a los cierres perimetrales, hace que vecinos de esa parroquia de Redondela mantenga también sus rutinas de compra en supermercados viguesas. Al menos, las semanales. La Voz pudo comprobar cómo hay quienes cruzan los tres kilómetros que van desde la avenida de Redondela en Chapela hasta el Lidl de A Guía o hasta el Carrefour de la Travesía de Vigo para conseguir mejores ofertas, productos específicos o, sencillamente, no perderse entre pasillos de tiendas pequeñas. En este caso es una práctica más residual. «En Chapela tenemos de todo, hay varios supermercados aquí mismo, y más en Redondela. Si queremos coger el coche no tenemos que salir del municipio porque en Cedeira hay un Mercadona», defiende Paula Salgado.

Pero ya se sabe... «De Chapela, de Redondela, de Fornelos y ayer un matrimonio de Bueu. Sí que hay quienes se saltan el cierre para comprar, sobretodo los viernes y sábados y hay quienes lo hacen dos o tres veces por semana», confirma una trabajadora de Carrefour.

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