Un vecino de Nigrán diabético crea el «recuncho do amor»

Juan Alves quería hacer ejercicio durante el confinamiento y acabó limpiando de maleza 5.000 metros cuadrados. Ha creado un parque con columpios y bancos en la Presa da Regueira


nigrán

El confinamiento obligó a todos a buscar alternativas de ocio y tiempo libre, pero lo ocurrido aún depara sorpresas. «Yo cambié la bicicleta por la desbrozadora», explica Juan Alves. Otros muchos aprovecharon para limpiar la finca o iniciarse en los cultivos, pero la obra de este vecino de Nigrán ha ido mucho más allá. De hecho, aún no ha soltado la desbrozadora porque ha limpiado los 5.000 metros cuadrados de la Presa da Regueira, impracticables desde hace medio siglo por la maleza.

Lo que empezó como un ejercicio para compensar la falta del habitual, encaminado a mantener a raya su diabetes, con la idea inicial de abrir una pista más amplia para poder continuar con sus paseos ciclistas diarios, se ha transformado en un parque a pie de río del que disfrutan decenas de vecinos.

El proyecto fue creciendo y reformulándose según se adentraba en la zona. Desbrozadora en mano sorprendió a una pareja que disfrutaba de su intimidad encima de una manta sobre el suelo. Recuerda el momento con nitidez y, posiblemente, con más humor que la pareja que precipitadamente abandonó el lugar. Sin embargo, siempre tendrán un lugar al que volver. El escenario de aquel encuentro mantiene el espíritu bucólico pastoril, pero es bastante más cómodo. «Yo pensaba hacer allí un banco pero, tras este encontronazo, decidí crear ‘El recuncho del amor’», explica Alves justo debajo del cartel que lo identifica, presidido por una cama fabricada en palés en honor al amor libre.

Introducirse en el inhóspito lugar le permitió llenar cualquier depósito de objetos perdidos. «En la Baixada da Regueira, sacó 50 pares de zapatos enterrados en el fango, más de 40 tractores de madera y todo tipo de escombros escondidos en lo que antes era un zarzal», explica sorprendido Amador, presidente de la peña Jorge Otero tras descubrir el parque que levantó Juan solo. «Antes de visitar el lugar, lo apreciaba, pero ahora siento auténtica admiración. Esto debería rebautizarse como ‘El paraíso de Alves’», afirma.

No faltan los columpios, tan de moda hoy en día para usuarios de todas las edades, pero también hay puentes y bancos diseñados, construidos y colocados por él con materiales reciclados. Un amigo le ayudó algunos días, pero «aún queda mucho por hacer», explica Juan dejando caer que cualquier apoyo es bienvenido. Comparte su parque con decenas de vecinos y, en el verano más atípico, los selfis de balancín también triunfan en Nigrán.

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