RAPACES
23 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Gustaría ver banderas azules en todas las playas, desconfiamos de las que no la tienen porque nadie se atreve a poner en ellas un cartel de «Playa apta para el baño» en evitación de responsabilidades. Sé de alguna que merece una bandera marrón, y puede que encausar al alcalde correspondiente. Cerca de la playa Cuncheira de Baiona, tan alabada en un cartel de bronce que a su vera está, hay una cloaca. Desembucha su hediondez frente a dos edificios emblemáticos, uno ya rehabilitado y otro en proceso, cuyos dueños han tenido que esforzarse económicamente para cumplir la normativa que les impusieron. A medida que baja la marea el insufrible olor va tomando el paseo y la zona urbana aledaña; hay que taparse la nariz cuando se camina por la acera que bordea esos emblemas de antiguas arquitecturas. Nadie, excepto laboratorios independientes, puede hacerme creer que los fluidos contaminados no llegan a la Cuncheira al vaivén de las olas. Cerca de la playa Madorra de Nigrán, hay otra. Bien poco tiempo atrás hicieron un hermoso paseo en madera y acero, voladizo sobre la playa, para disfrutar de aroma a mar y vistas. El mal olor es insoportable según baja la marea. Otro problema de hedor lo resolvieron «a la española», la rellenaron de arena; así, los vertederos de líquidos malolientes que salen a pie de muro a lo largo de todo el perfil playero, quedan bajo un manto de arena; ahora no se percibe el olor a curtidero de pieles que allí había, sólo el de cloaca, pero todos los fluidos líquidos llegan hasta el mar y empapan la arena. ¿O no? Alcaldes azules y playas marrones, ¡qué combinación!