El Kiriko, un campamento de verano al estilo granjero

La granja escuela está situada en el municipio de Fornelos de Montes


vigo / la voz

¿Qué tienen en común una cabra enana, un taller de cocina y un rocódromo? Pues que seguro que a más de un niño se le abren los ojos si los ven a todos juntos como plan de verano. Y si, además, se suman una piscina, talleres, una tirolina, piraguas, burros y otros animales, ya tenemos todos los ingredientes de los campamentos y actividades que ofrecen desde la granja escuela El Kiriko.

Situada en Fornelos de Montes, detrás de esta iniciativa está la veterniaria viguesa Lucrecia García Fernandez, que lidera un equipo que se multiplica en temporada alta. Si bien en desde octubre a marzo solo queda disponible personal de administración y el que cuida de los animales, en cuanto empiezan las visitas de escolares en primavera el trasiego aumenta. Estas excursiones y los campamentos de verano suponen el 90 % de la facturación de la firma, que también ofrece espacio para cumpleaños, comuniones y días de visita en familia en invierno bajo demanda.

La granja, ubicada en las cercanías del embalse de Eiras, es todo un sueño para los más pequeños: un edificio principal con espacio para que 110 menores pasen la noche y salas para talleres y ludotecas, una piscina, parque infantil, rocódromo, tirolina y las opciones de piragüismo y padel surf en las aguas de Eiras como complemento. También tiro con arco, juegos en la naturaleza en la zona de bosque cercana y, sobre todo, animales, muchos animales. Y es que esto es, por encima de todo, una granja escuela: los principales habitantes del Kiriko son unas 30 o 40 ovejas, otras tantas cabras, tres burros, dos cerdos, dos vacas, un par de docenas de gallinas, muchos conejos y también ejemplares de faisanes, pavos, perros, cabras enanas y gatos. «Los animales de granja y el rocódromo son las estrellas de los campamentos. A los niños les encanta el contacto con los animales, sobre todo en el caso de pequeños con necesidades especiales o niños con autismo. Intentamos que todas nuestras actividades sean inclusivas y tenemos monitores especializados que les ayudan en lo que necesiten en el caso de los campamentos», expica Marly Freire.

A las instalaciones acuden niños de todos los rincones de Galicia o de fuera. De su bienestar se encargan los trabajadores, que se multiplican en temporada alta: un monitor por cada diez niños, personal de oficina, de comedor y limpieza, la directora y de mantenimiento de la granja y los animales.

Como a todos, el coronavirus les ha golpeado y han tenido que readaptarse para poder trabajar este verano. Su aforo habitual de hasta 110 niños durmiendo allí se reducirá al 50 %. Así, se mantendran las distancias en los dormitorios igual que en el comedor, donde el personal del centro se encargará de servir toda la comida y se evitarán elementos comunes como jarras o bandejas. «Los padres tampoco podrán entrar en las instalaciones, solo hasta la entrada para dejar a los niños. Además, firmarán un documento de responsabilidad conforme los menores no tienen síntomas ni han estado en contacto con ningún posible caso de coronavirus», explican desde El Kiriko. Las limpiezas y desinfecciones se extremarán, además de colocar indicadores e hidrogel en diferentes zonas.

Primarán las actividades al aire libre y reducirán los grupos para talleres y actividades. Si alguna de ellas tiene que ser en interior, se usarán mascarillas y guantes. Pese a todas estas novedades, apuntan a que se mantienen los precios de otros años, con opciones de campamentos de cuatro días por 180 euros o de 14 jornadas por unos 800-900. Hay rebajas por hermanos o por haber estado ya en El Kiriko.

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