Este Ejército es una ruina

CANGAS

Vigo entró en quiebra tras la batalla de Rande, alojando durante años a las tropas ante la psicosis de invasión

28 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

La batalla de Rande, de octubre de 1702, supuso para Vigo la ruina interminable. La villa acababa de recuperarse de la guerra con Portugal de tres décadas atrás. Pero quedó muy castigada con la manutención de las tropas que llegaron de toda Galicia en las semanas previas al desastre. Ingleses y holandeses renunciaron a atacar sus murallas, pero otras poblaciones de la ría fueron saqueadas, como Cangas, donde se llevaron los tesoros de su colegiata, o Redondela, donde el enemigo llegó a excavar las tumbas de los cementerios, en busca de cofres de plata que hubieran podido ser ocultados.

Cuando, semanas después de la victoria, zarpan los últimos buques rivales, parece que Vigo pueda resultar aliviada. Pero nada más lejos de la realidad. Lo cuenta Héctor Lago Almeida, de la Universidad de Santiago, en una interesante monografía titulada «La actividad militar y el impacto de la guerra en la Galicia suboccidental». Lago Almeida ha sido premiado por su investigación de este período. Y el caso de los alojamientos, entre otros, lo encontramos también en Castilla Soto, Artaza o en un ?paper? apasionante, junto a Fernando Suárez Golán, sobre la amenaza solapada (más bien amago) del Reino de Galicia de fusionarse con Portugal para combatir juntos a los Borbones, en los años que siguieron al desastre de Rande. Una historia que incluye al arzobispo compostelano de la época, convertido en un diplomático continental con tintes de príncipe maquiavélico. Todo muy interesante. Pero volvamos al tema...

Cuando se va la flota combinada de Rooke y Almond, la psicosis se apodera de la ría de Vigo. Chalupas de aviso se encargan de patrullar la ría, para alertar de velas enemigas. Todos creen que llegará una gran invasión. Así que se decide destacar entre Tui, Vigo y Pontevedra a las tropas disponibles.

«Desde el momento en que la sensación de inseguridad generada por la proximidad de las armadas aliadas se cernió en mayor medida sobre la villa de Vigo y sus proximidades y la convirtió en puerta de entrada al reino ante una posible invasión, esta se consolidó como eje central de la defensa de Galicia hasta el desastre», escribe Lago Almeida. El resultado fue la ruina, porque «se tradujo para sus habitantes en una dura carga, al tener que alojar y abastecer a las fuerzas militares que durante meses se establecieron en Vigo y sus proximidades».

Pese a no haber sufrido un ataque directo, Vigo tuvo que enfrentarse a las consecuencias de tener que dar alojo a milicianos y soldados, de la insuficiencia de abastos y de los graves costes originados por las fortificaciones», narra el historiador.

Portugal ha entrado en guerra, alineándose con Inglaterra, tras comprobar el rey Pedro que la batalla de Rande confirma la superioridad naval británica y holandesa sobre las fuerzas de quien fuese también su aliado, el Rey Sol. Vigo sostiene a buena parte de la retaguardia del frente portugués con un total cinco tercios, o en su defecto partes de ellos en forma de compañías, y un número aproximado de 800 milicianos, en especial a lo largo de 1706 y 1707.

«En los momentos de mayor agobio el gobierno vigués llegó a manifestar una resistencia abierta a la entrada de nuevos oficiales y a dar cobertura a parte de las tropas que estaban guarnecidas en la villa», escribe Lago Almeida.

Algunos mandos del ejército llegan a quejarse del mal trato recibido. El Duque de Híjar, capitán general, redacta este informe: «hallándose de guarnición en la plaza de Vigo, padecen gravísima descomodidad por causa de haberles no dado la justicia de aquella villa el acostumbrado alojamiento que en todas partes se ha dado».

Vigo también se queja. Porque su población huye a otros municipios, incapaz de pagar el alojamiento y la manutención de las tropas. Al tiempo que sigue pagando impuestos. Mientras, sobreviene una carestía de cereal que coloca a la población al borde de la hambruna. Para colmo, a los ciudadanos de cualquier edad se les exige hacer guardia diaria, como si fuesen soldados. Un informe del archivo municipal vigués lamenta que se vean obligados a hacer «guardias y centinelas alternando con la infantería, de manera que estos vecinos están sirviendo a su Majestad, y al mismo tiempo a los soldados alojados en sus casas y pagando y contribuyendo con los repartos de la causa de provincia». El resultado, según el documento municipal, es que muchos huyen de Vigo «por hallarse tan oprimidos se salen de la villa y se van a vecindar a otras partes quedando este lugar despoblado».

Se confirma, por tanto, que las desgracias nunca vienen solas. El desastre de Rande en 1702 supuso un gran varapalo para la economía de Vigo. Pero los años que siguieron, con el alojamiento de un ejército, fueron un castigo todavía peor.