«Calceté mi primer vestido hace 78 años con dos radios de bici»

Monica López Torres
Mónica Torres BAIONA / LA VOZ

BAIONA

Mónica Torres

Tilducha es la «profesora» veterana del centro sociocomunitario de Baiona. Solo deja las agujas «para ir a Balaídos»

09 jun 2023 . Actualizado a las 10:02 h.

Cuando se calcetó su primer vestido, ni siquiera había aún agujas. Casi 78 años después sigue dedicándole a la labor «un mínimo de once horas y media al día, o más». Matilde Montaña Miranda es la veterana del centro sociocomunitario de Baiona. El 1 de septiembre cumple los 90 y lleva más de tres décadas enseñando y compartiendo su arte con decenas de personas. Todos la conocen por el nombre de Tilducha. «Me hice mi primer vestido con doce años e iba con él tiesa y feliz por Baiona. La lana me la habían echado los Reyes y mi hermano me hizo las agujas afilando las puntas de unos radios de una bicicleta», recuerda esta mujer con un contagioso entusiasmo.

«En el colegio siempre estaba castigada por no estudiar, pero siempre sacaba matrícula de honor en mis labores», explica. Su afición por la calceta fue siempre tal que, hasta cuando viajaba, «lo primero que metía en la maleta era la calceta». Durante varios años acompañaba a su marido una vez al mes a Algeciras porque allí tenían barcos. «En cada viaje me hacía un jersey de ida y otro de vuelta», dice, porque realmente no solo ha hecho todo tipo de prendas y regalos para su familia sino que sería difícil encontrar en el pueblo hijo o nieto de amiga o alumna que no haya lucido alguna de sus creaciones.

Con 20 años montó en A Ramallosa Mimonti, una academia de corte y confección en la que hacía hasta vestidos de novia. Dos años antes se convirtió en la primera mujer motorizada de toda la comarca de O Val Miñor, «y ya usaba en pantalones para ir en la Vespa». Tanto entonces como ahora sus pasiones siguen siendo «la calceta y el deporte, especialmente el fútbol», confiesa esta mujer que durante mucho tiempo fue socia del Celta. Asegura que el único momento en el que deja las agujas es para ir a Balaídos. «A diario calceto de nueve a doce y después, en el centro sociocomunitario, de tres a siete; y al acabar de cenar, de nuevo, desde las nueve a las dos de la madrugada viendo siempre fútbol, tenis o baloncesto», indica Tilducha. Durante los meses de verano que cierra el centro sociocomunitario, el grupo se traslada a la cafetería Monterrey.

«Si me dan un céntimo por cada punto que llevo sacado ya estaba multimillonaria», bromea Tilducha mientras calceta y repasa la labor de otras dos compañeras sin ponerse siquiera las gafas. «El día que una no puede ir a la clase solo tienes que llamarla al móvil y preguntarle. Ella se acuerda de las labores de todas y por teléfono te explica lo que hay que hacer», indica Marisa Bordallo.

Tilducha y su marido, José Luis Pazo, llegaron a tener hasta seis tiendas entre Baiona y Panxón. Todas se llamaban Telemar menos la Boutique Tilducha, en el paseo de Elduayen, «donde se vendía más lo que calcetaba que lo que venía de fuera». Durante esa temporada pasó incluso noches calcetando «porque venían extranjeros del Parador a los que les gustaba lo que estabas calcetando y ya tenías que rematárselo para que se lo pudieran llevar», recuerda.