Comienza a brotar un ejemplar único que quedó calcinado tras los incendios
07 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.El fuego no mató al alcornoque. Brotes verdes asoman en la copa de este ejemplar único de Baiona como un preludio de la primavera. El expresidente de la comunidad de montes de Baíña, Antonio Mijón, que lo lleva cuidando con sus nietos durante todo el invierno, observa satisfecho cómo sale adelante.
El árbol se vio envuelto en llamas aquel fatídico 15 de octubre y quedó completamente calcinado. Pero Mijón nunca perdió la esperanza y se esforzó en que sobreviviera. Cada día, al caer la tarde, subía en su todoterreno hasta lo alto del monte de A Peniza con una garrafa de 20 litros para procurarle los cuidados paliativos. Tras asesorarse con expertos, lo regó y aplicó abonos de forma continua durante los meses de sequía. Su supervivencia era una incógnita hasta que hace unos días han comenzado a salirle hojas nuevas. Del mismo modo, el paisaje de los montes comienzan a poblarse de helechos y otras plantas que van resurgiendo entre las cenizas.
Este alcornoque en verano volverá a estar frondoso y habrá recuperado su anterior aspecto, embelleciendo el paisaje forestal como lo ha hecho durante las últimas décadas. Para quienes conocen el monte, su desaparición habría sido una pérdida muy triste. Se trata de un ejemplar único. No hay ningún otro en los montes de Baiona, donde predominan los pinos y eucaliptos.
El alcornoque es lo poco que se ha salvado del monte de A Peniza. Alrededor de 16 hectáreas de monte quedaron devastadas por el fuego en la comunidad de montes de Baíña, que fue la más afectada de Baiona, donde se quemaron un total de 21 hectáreas.
Alrededor del árbol quedan decenas de pinos calcinados que nunca volverán a reverdecer. La comunidad de montes de Baíña talará próximamente toda esa biomasa quemada. Parte podrá aprovecharse para vender a alguna maderera, pero no hay previsión de recibir unos grandes ingresos porque la madera quemada pierde valor y además el mercado se encuentra ya muy saturado.
Antonio Mijón teme que el alcornoque pueda pasar desapercibido y lo talen también. Por ese motivo, piensa señalizarlo de algún modo para advertir que se trata de una especie autóctona que merece ser respetada. No solo el alcornoque, sino también lo hará con varios carballos que se encuentran en las inmediaciones y que también se están regenerando, por lo que considera que habría que protegerlos.
Comuneros de Baíña propondrá a la asamblea que aprovechen el momento para realizar una reforestación del entorno con árboles de especies autóctonas como robles, laureles o castaños. Son especies que resisten bien al fuego y no prenden con facilidad.
Pero cualquier intervención que se lleve a cabo en este lugar deberá contar con el permiso previo de la Dirección Xeral de Patrimonio.
El motivo es que en la zona aparece catalogado un castro en el planeamiento de Baiona, aunque su existencia es motivo de debate porque tras los incendios lo que se ha podido constatar es la existencia de una cantera primitiva que echaría por tierra la idea de un yacimiento prehistórico. Se cree que de este monte se sacó la piedra con la que se construyó la iglesia de Baiona y la fortaleza de Monterreal, entre otras edificaciones históricas de O Val Miñor.