Roedores de 25 centímetros proliferan en una céntrica finca invadida de maleza, que iba a ser centro de talasoterapia, y se cuelan en patios
18 sep 2012 . Actualizado a las 11:16 h.A algunos vecinos de Baiona les crecen los enanos. Con hocico, bigotes, grandes orejas, colas tan largas como todo su cuerpo y muy peludos. Hasta 25 centímetros llegan a medir las ratas que hay en una céntrica finca que lleva más de un año sin limpiar y que se pasean ya por las terrazas de algunos vecinos.
En octubre del año pasado una de las afectadas, que sufría este tipo de visitas nocturnas en su propia casa, solicitó la intervención del Concello. Este último domingo recogía otros dos nuevos ejemplares en la puerta de su casa. La semana pasada llegaron a matarle un pájaro y en los últimos tiempos destina hasta ocho euros por semana a los regalos envenenados que tiene que distribuir por todo el muro de la propiedad.
Sin pretenderlo, tiene ya un máster en la materia y controla desde el tiempo que tardan en aparecer los cadáveres tras consumir el veneno como sus épocas más prolíficas.
El Concello confirma que atendieron la queja desde el inicio pero que, al igual que les pasa a otros muchos gobiernos locales, los trámites administrativos y burocráticos juegan en contra. Especialmente dada la capacidad de reproducción de estos animales que crecen a la vez que los matorrales de la finca. Un recinto de unos 3.000 metros cuadrados de superficie, que da a tres calles principales de la villa: Palos de la Frontera, Laureano Salgado y Santa Fe de Granada y a los patios de al menos cinco edificios de la de Marqués de Quintanar.
Se adquirió y compró hace más de una década para promover un centro de talasoterapia con Spa. Formada parte del casino de la villa, que fue remodelado con el monto de la operación de venta. Pero entonces, sin Plan Especial del Conjunto Histórico, el entonces alcalde, Benigno Rodríguez Quintas no concedió licencia. La promotora denunció al gobierno local y judicializó el caso pero acabó en papel mojado.
Su falta de uso y mantenimiento hace que la maleza la cubra y que las principales usuarias sean las ratas que acampan a sus anchas.
Fuentes municipales explican lo difícil que ha sido ponerse en contacto con los ocho propietarios de la finca, que está cerrada. La Ley obliga a agotar todos los plazos para que la empresa acometa la limpieza antes de actuar de oficio. El pronóstico parece bueno ya que esos plazos, avanzan, están a punto de expirar. Un respiro también para los vecinos dado que, aunque las ratas pueden reproducirse a lo largo de todo el año, hay picos en primavera y otoño.
La historia se repite en muchos ayuntamientos, donde acumulan facturas a espera de localizar a dueños de fincas en situaciones similares y cobrarles lo que los gobiernos locales tuvo que ejecutar subsidiariamente.
Experta a la fuerza en la materia, la vecina que perdió un pájaro la semana pasada, explica también su temor ante el potencial problema de salubridad recordando que pueden transmitir hasta setenta enfermedades distintas.