La Mirilla
14 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Los creadores del festival de cine más rural del mundo, el de Cans (ojo, no confundir con su homónimo más vulgar a la par que francés, Cannes), ya han empezado la cuenta atrás. Según cuenta Alfonso Pato, una de las cabezas visibles del invento, están currando a toda máquina. En concreto andan enfrascados en el visionado de cortos, contactando actores, hablando con posibles miembros del jurado y, sobre todo, buscando pasta. Es lo malo que tiene triunfar a la primera, que el público, como la canción, espera más y más, pero mucho más. La participación fue tan alta y el divertimento tan sonado, que estaría por asegurar que no les van a faltar padrinos. Ante la repercusión que tuvo la primera edición del certamen, tanto administraciones como firmas comerciales tendrían que estar dándose empujones para salir en la foto, pero nunca se sabe. De momento, aún hay tiempo para apuntarse en la ventanilla de los euros, ya que la cita no será hasta mayo. Si todo sale de acuerdo con lo previsto, es posible que haya novedades. Como por ejemplo un ciclo paralelo, en este caso de películas en las que hayan trabajado vecinos de Cans. Que las hay, y alguna muy famosa. Continuará... Bueno, en realidad, de ordenanza de boda. Para ser más exactos en el Concello de Baiona. L@s que hemos sufrido de cabo a rabo más de un pleno municipal, sabemos que dan para mucho. Por farragoso o rutinario que sea el orden del día, nunca se sabe por dónde puede salir el concejal de turno, peteneras incluídas. Verán por qué les cuento ésto. La corporación de Baiona debatía el pasado jueves la posible aprobación de una ordenanza (que, dicho sea de paso, se aprobó) para fijar un precio a aquellos enlaces matrimoniales que se oficien en el consistorio. Llegado el turno de explicaciones de voto, Manuel Vilar dijo que no podía estar más que a favor de la propuesta, aunque no fuera más que por las veces que actuó como oficiante mientras estuvo al frente de la alcaldía. Puesto a recordar, recordó que se estrenó en tales lides con Luis Carlos de la Peña y Carmen Bazarra. Pues como todas las parejas le hayan salido tan duraderas como la primera, no cabe duda de que es un casamentero de calidad. Lo que no dijo Vilar es que años más tarde ordenaría el derribo de su hogar, dulce hogar. Pero esa es otra historia.