El cangués, palista internacional y estudiante de Ingeniería Mecánica, pasó del podio del Europeo a un examen en dos días, reflejo de la dificultad de compaginar
25 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Pablo Graña ganó una medalla de plata en el Europeo de piragüismo en el C1 200 metros un sábado y el lunes tuvo que afrontar un examen porque el profesor de turno no accedió a un cambio de fechas al que tenía derecho por ser deportista de élite. El dato, que no tiene mayor recorrido que un asumido suspenso, trae al primer plano la dificultad para compaginar el deporte al más alto nivel y sacar una carrera adelante. Porque conciliar es casi imposible, ya que el deporte lo acaba absorbiendo todo. Los libros van en la maleta, pero apenas se abren.
El cangués, candidato a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en el C2 500 metros, con cinco medallas mundiales y otras tantas continentales, cursa tercero y cuarto de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Vigo y dos días después de colgarse la plata en Portugal, tuvo que afrontar un examen de elasticidad (resistencia de los materiales) que el profesor se negó a variarle la fecha. «En principio, te lo tienen que cambiar por ley si te coincide con una competición, y a mí no me cuadraba directamente, pero era un lunes, acabé el sábado después de estar toda la semana allí y, al final, no te da tiempo a prepararlo y llegas cansado», explica el palista.
La argumentación de profesor indicaba que le parecía injusto para sus compañeros, «pero a ellos les da igual, le importa su examen, no el mío». No obstante, Graña también precisa que «normalmente no suele haber problemas». «Mando las fechas, demuestro que soy deportista de alto nivel y no tienen problema en cambiarlo, aunque alguna vez hay alguno que se pone quisquilloso», apunta. Sabe que podía reclamar y conseguir el aplazamiento, pero no cree que fuera la solución, añade. En cuanto al examen, reconoce que no salió «demasiado bien, para qué engañar». No obstante, hasta la fecha, y con mucho trabajo, el palista ha ido sacando adelante su carrera y su idea es acabar cuarto y hacer el TFG el próximo curso académico.
Graña reconoce que a partir del primer cuatrimestre, compaginar se hace casi imposible. «En el primero me da más para ir a clase porque entre que no tienes esa presión de tener competición tan cerca y son entrenos como más largos pero menos intensos y tienes un poco más de aire. Luego, en el segundo, ya no voy nada a clase, en alguna asignatura tengo que renunciar a evolución continua. Los exámenes del segundo cuatrimestre y las recuperaciones del primero me cuadran con Copas del Mundo, el Europeo... todas en el medio. Aunque lo intente llevar al día, es casi imposible. Estás más al deporte y dejas un poco de lado los estudios y todo es un poco lioso», comenta.
Con la misma sinceridad, admite que los libros viajan a los campeonatos, pero cuesta abrirlos: «Antes, los llevaba e iban de viaje; ahora consigo abrirlos un poco, pero como estás a otras cosas, hay menos tiempo y no consigues ni concentrarte ni estar mucho tiempo ahí». Por el momento, lo apuesta todo al apartado deportivo para intentar cumplir el sueño olímpico, pero también tiene claro que de lo que va a vivir y lo importante es la formación: «Sé que el deporte dura hasta donde dura e intento alargar un poco esa etapa dentro de lo posible. Sé que en un futuro los estudios son lo que me va a dar de comer».
«Este año conseguí dar un paso adelante en el 500», la vía para el sueño olímpico
Al margen del examen, Pablo Graña ha confirmado que es una referencia mundial en el mundo de la canoa. Su plata el Portugal, con la fotofinish decidiendo en el último instante, dejó al cangués «muy contento». «Veníamos de mucha competición, desde selectivos en marzo,a otro en abril, luego Copas del Mundo... No tuvimos mucho tiempo para parar y decidimos pegar un bajón entre las Copas del Mundo y este europeo; entonces, tampoco sabíamos muy bien si íbamos a llegar en plenas condiciones, porque tanto de cuerpo como de cabeza te resientes un poco». Además, tuvo que superar problemas en el cuello que le limitaban a la hora de entrenar.
En su análisis de la regata considera: «Lo único que podría mejorar fue la salida, las primeras paladas no fueron las mejores, pero después, fue un ritmo medio muy bueno. El final siempre me cuesta y a mis rivales les cuesta un pelín menos, plantean de distinta manera la regata».
La próxima cita de Graña será una Copa del Mundo en el mes de julio en Canadá, un evento donde debe sumar puntos para ayudar a la clasificación del barco español. Después, le tocará el Mundial, a finales de agosto en Polonia, la prueba más importante, donde más se reparten puntos. No obstante, la opción olímpica de Graña pasa por armar un buen barco en el C2 500 metros. «Este año conseguí dar un paso adelante en el 500 y ahora lo que tengo es que seguir trabajando y montar un C2 para intentarlo». Será el entrenador quien decida la pareja, viendo cómo pueden ir acoplados y el nivel individual de cada uno, detalla el cangués.