El principio básico del concepto es que nada es más importante que garantizar os procesos que permiten la vida
25 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Es de este tipo de cosas que no sabe casi nadie porque a su vez tampoco tienen eco en casi ningún sitio, pero mañana se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental. Otro de esos «días de» que pretenden que al menos un día se conceda protagonismo a algún asunto sensible. Su origen está en el seminario internacional de Belgrado, en 1975, en el que personas expertas de más de 70 países publicaron la que se llamó la Carta de Belgrado que plasmaba las metas de la Educación Ambiental: «Formar una población mundial consciente y preocupada con el medio ambiente y con los problemas asociados, y que tenga conocimiento, aptitud, actitud, motivación y compromiso para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones para los problemas existentes y para prevenir nuevos».
Sin ánimo de ponernos pesados con esto de la cosa espacio-tiempo, Belgrado recogía el guante de la primera Conferencia Mundial sobre el Medio Ambiente celebrada en Estocolmo en 1972 (empezó el 5 de Junio, por eso, en esa fecha, se celebra el día mundial del medio ambiente) y finalmente en 1977 en la conferencia de Tiblisi (Georgia) en la que se sentaron las bases de lo que serían los instrumentos sociales (comunicación, educación, concienciación y participación) como herramienta para desarrollar una corriente internacional de pensamiento y acción cuya meta es procurar cambios individuales y sociales que provoquen la mejora ambiental y un desarrollo sostenible. En realidad, es algo tan simple como conseguir entender, como decía Carl Sagan, que cualquier cosa que nos importe, interese, deseemos o amemos no sucederá si no existe un medio ambiente que lo sostenga. Nada, absolutamente nada es más importante que garantizar la continuidad de los procesos ecológicos esenciales que permitan la vida.
Este prólogo, tan innecesariamente largo como farragoso, nos llevaría a descender desde las musas al escenario, o lo que viene siendo lo mismo ¿y a efectos prácticos en qué se traduce semejante rollazo? Pues uno de los principios de esto que resumimos como educación ambiental dice: «Piensa globalmente y actúa localmente».
Vamos con algunos ejemplos a nivel local, pidiendo disculpas porque faltan muchísimos y no van necesariamente por orden de importancia.
Educación ambiental es que entendamos que nada es más importante que respirar aire puro, absolutamente nada. Entender que en Vigo no sobra ni un solo árbol, ni uno, pero faltan cada vez más, y que una política ambiental con base en el arbolado urbano debería ser una prioridad del concello. Entender que todo Vigo debe ser una zona de bajas emisiones y conseguir una movilidad sostenible priorizando caminar, bici y transporte público. Entender que tras respirar nada importa más que un agua limpia y que la depuración de las aguas residuales, incluyendo pluviales, no sea una obligación, sino una convicción y asumir que seguimos teniendo enormes deficiencias en este aspecto a pesar de que la ría es nuestro símbolo.
Que las ciudades sean vivibles, pensadas para las personas y la naturaleza para que el urbanismo sea una herramienta a su servicio, algo muy difuso en este PXOM. Y es también Educación ambiental radical (valga la redundancia) exigir algo tan revolucionario como que se cumplan las ordenanzas de medio ambiente. Y finalmente, la justicia social es parte de la educación ambiental, y que quienes defienden todo esto, individual y colectivamente, no son antivigo, sino todo lo contrario. Por eso, feliz día de la Educación ambiental, que buena falta hace, y no prioritariamente para niños y niñas, sino muy especialmente para las personas adultas.